CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma
09 de abril de 2016

Una semana de campaña y ya empieza a aturdir el ruido del discurso que maneja cada uno de los siete aspirantes a gobernar Veracruz, este fue precisamente uno de los motivos primordiales para que el legislador, a propuesta popular, redujera el tiempo dedicado al proselitismo político previo a la elección; aunque en realidad lo único que hizo fue envolver el formato con el manto de un espacio para pre campaña y otro para la campaña, es decir, resultó igual o parecido si computamos las semanas durante las cuales los partidos “eligen” a sus candidatos; pero son los gajes y costos de la democracia que sostenemos para bien de la convivencia en común y forma parte de nuestro “estilo” de hacer política.

Tiempo hubo, 1976, cuando un candidato del PRI recorrió la república buscando en soliloquio “convencer” al electorado para ganar su voto; José López Portillo no tuvo opositor y ganó la presidencia, que de cualquier manera hubiera obtenido porque en esos tiempos el PRI no enfrentaba competencia efectiva, sólo se permitía perder en uno que otro municipio del país, aunque en el horizonte histórico ya se habían producido conatos de insurrección ciudadana en Baja California en 1959, con Salvador Rosas Magallón, del PAN, y otro más en Nayarit en 1976 cuando Alejandro Gascón Mercado, del PPS, aseguraba haberle ganado al PRI el gobierno estatal; son fragmentos de la historia electoral de este país que anteceden a los avances alcanzados en esa materia hasta la fecha.

Ya superamos la etapa del monopartidismo avasallador o, mejor, de la hegemonía partidista que monopolizaba triunfos electorales; los tiempos finiseculares fueron intensos en cambios institucionales y legislativos en materia electoral, al grado que en el 2000 logramos la alternancia en el gobierno federal y ahora circulamos por una transición política que refleja no sólo cambios alternativos de partidos en el gobierno sino una apertura de los medios de comunicación que les permite incluso tomar partido en la dirección electoral que mejor les convenga, tal fenómeno se observa en varios puntos del país y Veracruz no es la excepción.

Aquí debemos hacer un paréntesis, por cuanto a que estamos a un paso de cerrar una etapa de significativo estancamiento social, político y económico, a juzgar por los magros resultados de una docena de años caracterizada por el insaciable patrimonialismo en el ejercicio del poder, que ha obligado al candidato del PRI a deslindarse y diseñar una transición atípica, reflejada en necesarios cambios de conducta y de actores políticos que aun siendo del mismo partido al que pertenece el titular del ejecutivo, conciben la política como oportunidad para servir y actuar con eficiencia para el bien colectivo.

No escapa a la observación el atípico desarrollo del actual proceso electoral, el número de partidos y de aspirantes en contienda, así como las razones de su participación. Siete candidatos no son pocos, aunque parece extraño tras del largo periodo en que participaban dos, a lo sumo tres aspirantes, pero sólo uno mantenía la seguridad de convertirse en gobernador. En Veracruz, tal como se observan las estrategias partidistas se avizora que la contienda es bipolar, es decir, sólo dos candidatos contemplan posibilidades reales: Héctor Yunes Landa, del PRI y cuatro partidos de la coalición “Para Mejorar Veracruz” y Miguel Ángel Yunes Linares, del PAN-PRD. Once partidos en campaña, de los cuales al menos siete le disputan al PAN la recolección de votos a través de una estrategia semejante a un bullying electoral, bien planeada, aunque no por ello oculta, pues se transparenta por doquier.

La longeva sucesión de procesos electorales en el país, federales, estatales y municipales, ha generado genuina competencia para ganar el favor ciudadano, y esto exige formular estrategias de campaña bien diseñadas, llámese estimular la figura de un “Gato Morris”, por ejemplo, para distraer la atención y dispersar el voto, o bien fomentando candidaturas de “oposición”, aunque afines, para menguar al adversario más competitivo restándole votos de su entorno, tal es la lógica que se observa en la participación del PES y del PT.

¿Quién pudiera ignorar que el Partido del Trabajo participa en pago por la gracia de su sobrevivencia en el diagrama partidista de México? estuvo en terapia intensiva y se le rescató, luego entonces se acomoda con una candidata cuyos antecedentes políticos más inmediatos la vinculan estrechamente con el PAN, que es su universo para absorber votos. Es caso semejante al del Partido Encuentro Social que abandera a un ex dirigente estatal panista, famoso por sus “devaneos” de lucrativas compensaciones desde el poder priista. En este esquema serían siete partidos insertos en una bien aceitada estrategia que favorecería al candidato del PRI, Héctor Yunes Landa.

Son muchas las voces que hablan de ciertos apoyos oficiales al candidato de MORENA, Cuitláhuac García, en la lógica de hacerlo crecer como una opción ganadora y presionar al candidato del PRI para “bajar” los decibeles de su discurso; pero esta hipótesis es precaria pues, en el hipotético caso de que MORENA triunfara, su actual candidato no se movería un ápice del script dictado por Andrés Manuel López Obrador, quien tendría en Veracruz una extraordinaria plataforma para 2018 y no desperdiciaría la oportunidad de demostrar los desatinos de una administración priista.

¿Quién va a ganar esta elección? es la interrogante con cuya respuesta Juan Pueblo especula. Para la respuesta tendríamos que acudir a una serie de premisas ocasionales: En las masas hay inconformidad social; si las masas salen a votar el PRI estará en problemas; pero si esto no ocurre, el PRI resultará, una vez más, vencedor. Finalmente, las elecciones se ganan con votos y quien tiene el equipo para conseguirlo es el PRI, he allí el detalle.

alfredobielmav@nullhotmail.com

9-abril-2016.