Sin tacto
Por Sergio González Levet
13 de abril de 2016

Y sigo con mi carta, estimada Verónica:

Hace poco le preguntaron a Barack Obama, que es el hombre más poderoso del mundo (si nos olvidamos un poquito del premier chino Li Keqiang), cómo había llegado a ser un hombre tan exitoso y confesó que su carrera se potenció a los 15 años de estar casado con Michelle, cuando se dio cuenta de que para que siempre le fuera bien, tenía que hacerle caso a su esposa en todo lo que ella le dijera.

Algo similar podría decir Héctor Yunes, pero aunque no fuera el caso, la anécdota me sirve para caer en el tema de la importancia que tiene una esposa inteligente (de la suerte del consorte, podríamos decir, al revés de Sara Sefkovich en su libro que seguramente leíste hace años). Mucho necesitará él de tu apoyo intelectual, de tu visión diferente a la suya sobre las cosas del mundo -los esposos que se aman no se contraponen, se complementan-, de que seas un roble cuando la tormenta está en su grado mayor. Ya ha pasado antes, y sucederá mucho en estos 60 intensos e inolvidables días de la campaña, e igual se presentará en los largos meses del Gobernador Electo a la espera de la toma de posesión y más todavía en los dos años que ustedes tendrán que hacer históricos porque a Veracruz le falta mucho, aunque tiene inmensos valores que deberán ser rescatados con empeño y trabajo, a golpes de sacrificio, con una gran mesura en el gasto. Vamos, lo que una buena madre sabe hacer para conducir su hogar (porque ustedes son las que mandan en casa, no nos hagamos).

Y, lo siento, debo mencionarlo, también te espera seguir pidiéndole a Héctor que entienda, que comprenda -no es lo mismo-, el sacrificio que haces por Veracruz… me refiero a Héctor Yunes de la Medina evidentemente, tu pequeño hijo, que no puede disfrutar a su padre, a su amorosa madre todo el día y todos los días, como cualquier niño ha querido siempre. A cambio, te puedo asegurar que con tu ejemplo se convertirá en un hombre sensato, productivo, ético, lo que se augura desde ahora al ver su cara de jovencito serio.

Sé que tú y Héctor hacen malabares prodigiosos con sus agendas para poder ir juntos al mercado, para pasar a recoger a su pequeño hijo a la salida de la escuela., para hacer lo que hacen las parejas comunes y… comunes, como la de ustedes.

Síganlo haciendo, si me permites el consejo (¡y prometí no darte consejos!), porque si no, el torbellino del poder, la magia incesante de la función pública, la generación espontánea de tantos y tantos problemas de la gente que hay que resolver, los absorberá para siempre. Y podrán hacer muchas cosas como autoridad, pero también tienen el derecho y la obligación de vivir una vida como la de casi todos.

Ayer me encontré en la calle con mi esposa y me dieron unas ganas inmensas de abrazarla, así que no me quedé con las ganas y nos fundimos en un (casto) y entusiasta abrazo, de forma tal que un amigo pasó y nos gritó que parecíamos novios a nuestros 32 años de casados.

No es consejo, pero sí recomendación: no olviden como pareja el amor; no permitan que el poder subyugue sus sentimientos mejores.

Si me sigues haciendo el favor de leer esta carta, tendrás que dedicarle otro tiempo mañana, porque una vez más se me acabó el espacio, y me quedan varias cosas por decirte.

Te agradezco tu atención… hasta ahora.

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