CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma V.
29 de abril de 2016

¿Ya habremos tocado fondo en Veracruz?, ¿quién pudiera saberlo? Pero es profundo el hartazgo social sobre cuánto está ocurriendo en la entidad veracruzana; vivimos una situación lamentable porque se trata de un estado cuyo territorio es pleno de recursos naturales y humanos, desperdiciados por administraciones de gobierno que no han sabido utilizarlos con eficiencia y eficacia y sí, por el contrario, han depredado el erario sin miramiento alguno. Por si no bastara ese panorama, hemos llegado al término de una administración a la que sucederá otra por un periodo de sólo dos años, gracias a la voluntad gubernativa de quien así lo dispuso, y obviamente el perjudicado es el conglomerado social compuesto por ocho millones de personas.

Nuestro régimen democrático establece renovaciones de gobierno por la vía electoral, y en ese trance nos encontramos en Veracruz; siete ciudadanos buscan el gobierno del estado, participan once partidos y decenas de políticos quieren convertirse en legisladores, en un escenario nada alentador si nos atenemos a cuanto se escucha en el discurso y lo que se advierte en las listas de candidatos a diputados, pues pareciera que todo está acondicionado para desalentar el voto por la ausencia de propuestas viables y candidaturas a diputados que empobrecen la visión del futuro.

Está visto que esta competencia electoral es de tres pares y un llanero solitario: dos que realmente son competitivos para obtener el triunfo: el PRI y cuatro partidos más, y el PAN-PRD; dos que están configurando sus circunstancias para competir con probabilidades de ganar en 2018: MORENA y Movimiento Ciudadano; dos más que trabajan a destajo para desquitar el jugoso contrato que consiguieron: PT y PES; y un llanero solitario que tampoco escapa a la suspicacia de una actuación con fines muy presumibles. Por otro lado, en la lista de candidatos a diputados encontramos nombres cuyo desprestigio desalienta al más participativo de los ciudadanos a decidir no votar, ¿es esto último la verdadera intención?

Mientras los candidatos al gobierno de Veracruz se ocupan en prometer castigo contra quienes hayan incurrido en corrupción, sus partidos postulan a verdaderas fichitas cuya presencia en el Congreso serviría precisamente para desvanecer todo intento por depurar la administración pública veracruzana. Ni Basilio Picaso, ni Regina Vázquez ni Gladys Merlín, tampoco Buganza, menos Del Castillo y Benítez, mucho menos Sergio Rodríguez, para sólo citar unos cuantos, garantizan la formulación de leyes que ayuden a Veracruz para abandonar la crisis en que se debate, ni la aprobación de normas de combate a la corrupción, que en este caso se convertirían en verdaderos boomerang.

“Una sociedad bien informada elige buenos gobernantes”, “una sociedad participativa evita gobiernos corruptos”, son frases que pertenecen al inventario de ideas que procuran explicar la existencia de gobiernos verdaderamente avocados a la procuración de avances y mejoras colectivas en las sociedades del primer mundo, que no son muchas por cierto. Pero, no por pertenecer al ala tercermundista del planeta, en Veracruz tenemos que permanecer con los brazos cruzados y la mente obnubilada; en el caso que nos ocupa la participación ciudadana es imprescindible si deseamos un verdadero cambio. Aun recordamos que en 2010 esperábamos, aunque con mucho recelo, un verdadero cambio porque concluía una administración caracterizada por el desorden, la mentira y el engaño, pero obviamente el deseo se incumplió; en aquel año clamábamos por un auténtico paso hacia adelante, ya habíamos perdido lastimosamente seis años por un mal gobierno; pero nuestra indolencia ciudadana propicio lo que pudiéramos calificar como un docenato ¿acaso lo merecemos?

La interrogante es capciosa porque ninguna respuesta nos rescatará del bache en que nos encontramos. En todo caso, la pregunta con réplica que intriga es ¿quién será el gobernador de Veracruz para el periodo 2016-2018? Si bien más arriba establecimos la tesis de dos punteros, apenas entraremos a la segunda mitad del periodo de campaña y lo que ha venido aconteciendo en ese universo pudiera revertir o reducir ventajas y hasta generar las condiciones que propicien la figura del “caballo que alcanza”. Nada es imposible en un universo social con acentuado enojo ciudadano, por la pobreza y rezagos sociales aunados a los desaciertos de gobierno; por ello no es descartable la hipótesis que pregona “si en la elección participa el 45 o 49 por ciento de los ciudadanos inscritos en el padrón electoral”, sin duda el vencedor sería el PRI; esta hipótesis se robustece si la competencia se establece entre tres; aunque “si la ciudadanía acude a votar en copiosa participación”, entonces el candidato del PAN-PRD llevaría la ventaja y competiría con MORENA arrimando a su favor las voluntades nacidas del descontento social.

No toda especulación es vana, mucho menos cuando está en juego el destino inmediato de un sistema político que acusa arterioesclerosis múltiple y se resiste al cambio. Está en poder de los ciudadanos empujar para establecer las condiciones que eviten la repetición de ineptitudes en el gobierno. En los debates entre los candidatos, al margen de las patéticas embestidas entre ellos, tres son los temas más socorridos: corrupción, pobreza e inseguridad, quien obtenga el triunfo deberá adoptar inmediatas medidas para combatirlos. Pero, ¡oh pesimismo! la pobreza del erario, la muy inmediata campaña para la elección municipal de 2017 y la ingente necesidad de organizar el desbarajuste financiero- administrativo que heredará el actual gobierno no permitirán el despegue deseado. Aquí se comprueba, una vez más, el desacierto de haber impulsado una “homologación” normativa que implica un gobierno de dos años con elección municipal de por medio. Pero el daño ya está hecho.

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