Astrolabio Político
Por Luis Ramírez Baqueiro
 01 de julio de 2016

“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza

 y el único perdón.” – Jorge Luis Borges.

 

Sin tapujos, sin miramientos, el propio gobernador electo Miguel Ángel Yunes Linares lo ha diagnosticado, Javier Duarte no ejecuta acciones de gobierno dentro de un sano equilibrio mental, para muchos no hay necesidad de esperar el punto de vista de un médico, mucho menos de un psiquiatra, los últimos cinco años con 7 meses han sido suficientes para comprobar la hipótesis.

Para algunos esta declaración no fue extraña, quienes le acompañaron durante su campaña lo describen como un tipo reactivo a la primera provocación, algunos de los integrantes de su equipo recuerdan claramente una serie de incidentes al interior de su propio nicho familiar, con desplantes que convertían en bochornosa e incómoda la presencia de quienes por trabajo cubrían su campaña.

Así la serie de incidentes fueron quedando en el anecdotario para algunos, para otros, eran llamados de advertencia, uno de estos pequeños exabruptos ocurrido durante el cierre de campaña en el Estadio Xalapeño en ese distante 2010.

Una vez concluido el acto, ante la muchedumbre que le acompaño a ese faraónico cierre, vino el momento de retirarse, el equipo de ayudantía lo subió de inmediato a una suburban, una más del convoy que el candidato empleo para sus traslados, el tráfico común de Xalapa se complico por la presencia de cientos de autobuses traídos de todos los rincones del estado, estacionados sobre Cayetano Aguirre Beltrán a un costado de la puerta de acceso del entonces aun no renovado Estadio Xalapeño.

Javier Duarte, candidato, ocupa el asiento de copiloto en ese momento, la ventanilla de la unidad venía debajo para que la gente lo observará, saludaba, hasta que el trafico se detuvo, en ese momento, una señora ya de edad, se aproximo a su ventanilla, para como era ya costumbre con su antecesor acercarle un folder con una solicitud, rogándole que se la firmará para poder dirigirse a la dependencia correspondiente y continuar con su trámite.

La reacción no se hizo esperar, un iracundo Javier Duarte le gritaba a la señora a todo pulmón, “todo me piden a mí, todo”, la mujer sin entender que sucedía recogió como pudo el folder verde que le había mostrado, dejando continuar la unidad en su furtiva huida.

Quienes presenciaron ese hecho, no podrán olvidar, al verdadero Javier Duarte, al de carne y hueso, al que ya bajo el elixir que da el poder, se transformaba, era la muestra viviente de cómo habría de gobernar la entidad.

Y he querido referirle este pasaje para analizar lo ocurrido este jueves; cuando el Congreso de Veracruz, dio entrada a tres más de sus múltiples iniciativas, que pretenden por si usted no lo puede creer enajenar bienes inmuebles propiedad de todos los veracruzanos a título gratuito.

De este modo Casa Veracruz –residencia del ejecutivo- y oficinas aledañas serían transferido su dominio a favor de la Comisión Estatal de Derechos Humanos; la Comisión de Atención Integral para Víctimas del Delito y la Comisión Estatal de Atención a Periodistas. Las tres solicitudes se turnaron a la Comisión de Hacienda del Estado, que tendrá que analizar la solicitud y proponerla al pleno del Congreso en sesión posterior.

Ante ello, el diputado local panista, Julen Rementería, sostuvo que la autorización la enajenación del predio conocido como Casa Veracruz, sería como si el presidente Enrique Peña Nieto donara Los Pinos.

Al referir su negativa a dicha acción, el legislador panista fue claro, haré un exhorto a los órganos autónomos para evitar ese “juego perverso” del desmantelamiento de los bienes de los veracruzanos.

Calificó esto como una ocurrencia, –y se quedó corto- al ejemplificar que sería como si de repente el presidente Peña Nieto, tuviera la puntada de afirmar ¡ah! como no me cae bien el nuevo presidente, le dono Los Pinos a CONACULTA.

Esto sí que es una verdadera mariguanada, dirían los chamacos, por ello Rementería del Puerto cataloga esta intención como una “barbaridad”, como un “exceso más del Ejecutivo”, cuando ya se está yendo, faltando tan solo tres meses para su huida, perdón, salida, y empieza a regalar las cosas, eso habla hasta de esquizofrenia de parte del Gobernador.

 

Al tiempo.

 

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