CRÓNICAS URGENTES
Por Lenin Torres Antonio

28 de julio de 2016

Sua Laurencia Soler Cadena

Desafortunadamente la reforma educativa ha quedado reducida a un único visible tema de discusión, ante la radicalización de las posturas en torno a ella, a la evaluación del profesorado (creación  del Servicio Profesional Docente, y elevar a rango constitucional al Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación), que ha hecho percibir que eso es lo más importante, y se ha olvidado algunos de los ejes fundamentales como es la “autonomía de gestión escolar”, que tiene que ver con la participación ciudadana de los elementos que inciden en la vida escolar de las escuelas, maestros, alumnos, padres de familia y directivos escolares para la toma de decisiones que permitan optimizar el entorno, planear la vida académica dentro de las escuelas, e incidir en la problemática social desde la optimización en la formación en excelencia académica de los alumnos, textualmente la redacción de la reforma educativa reza, “la autonomía escolar representa la posibilidad de que las escuelas puedan tomar las decisiones que correspondan a su mejor funcionamiento. Para ello deberá disponer de los recursos públicos y de los apoyos administrativos que le permitan organizarse en torno a su quehacer. La escuela pública podrá fortalecer su compromiso con los aprendizajes de los alumnos, y desempeñarse como promotora de cambio y de transformación social”.

Es pues la escuela la célula fundamental de la educación, por lo que generar las condiciones de organización, planeación, participación social, e innovación son fundamentales para generar una educación de calidad. Es imprescindible dicha reforma educativa, puesto que esa reforma tiene que ver directamente con el rezago histórico en el tema de solventar la falta de excelencia académica en la formación educativa de nuestros jóvenes, situación que no ha obstaculizado el empoderamiento de México como un país que puede generar mano de obra calificada, instituciones educativas de calidad para hacer frente a los problemas que laceran la viabilidad democrática y la coexistencia pacífica de los mexicanos, así que la pobreza, la violencia, entre otros problemas, tienen que hacerse frente con la Educación.

Teóricamente es verdad que México necesita una reforma educativa. Aunque también hay que ser sinceros y señalar que la misma adoleció de una planeación consensada, un proceso de construcción de las condiciones, y fundamentalmente de una socialización que permitiera ir incorporando a la misma ciudadanía y los actores educativos en su consenso, aprobación y concreción. Ha faltado una legitimación ciudadana democrática.

El tema de la educación irresponsablemente el Estado lo había dejado en manos de los sindicatos magisteriales corruptos y charros, que poco a poco fueron convirtiendo el sistema educativo en fuente de poder y espacios politizados de complicidades y herencias infinitas. Así podríamos ver a un líder de un sindicato de la educación ser juez y parte, traficar poder y negociar que sus huestes, principalmente familiares, y dirigir institucionalmente la educación en México. Afortunadamente al inició de esta administración federal algunos fueron consignados y metidos a la cárcel, aunque el mal ya estaba hecho.

Volvemos a señalar que la reforma educativa es ineludible, y que evoca como telón de fondo a lo dicho por la  poetisa y educadora chilena, Gabriela Mistral, “político mediocre, educadores mediocres, artesanos mediocres, esas son nuestras calamidades verdaderas”, por lo que tenemos que garantizar que quienes eduquen a las nuevas generaciones de mexicanos sean los mejores, eso es innegable, queda pendiente el tema de los políticos mediocres.

La reforma educativa, específicamente, el tema de la evaluación del profesorado se ha politizado y hay que sacarla urgentemente de ahí. No podemos dejarla en manos de los mesianismos irresponsables, ideólogos de papel moneda, o argumentos electorales. Es un tema en que todos debemos contribuir con ideas o acción para concretarla y hacerla completa. Para eso hay que tener la escucha noble e inteligente.

Resulta fácil dejarse llevar por la reminiscencia, y recordar el terror que causaba el período de examen en los diferentes niveles educativas por los que pasamos, y que aun cuando hubiéramos estudiando, no aminoraba el nervio con que enfrentábamos esas pruebas, algunos ante la falta de preparación para ser examinados, dejaban su suerte al acordeón o a la agudeza de su mirada. Es muy tentador reducir el problema que ha causado la evaluación al profesorado, puesto que podríamos ubicar con facilidad a los malos, y esto sería irresponsable, pensando que la autoridades educativas son los profesores tiranos que van aplicar esas difíciles pruebas.

Quedarnos en esas percepciones está siendo peligrosa, puesto que hemos tenido lastimados de forma violenta (tanto profesores, evaluadores, cuerpos de seguridad), y muertos, y aunque sea uno, esto no puede permitirse, ni el exceso del Estado apelando a garantizar el cumplimiento irrestricto de la ley, ni la carne de cañón de intereses políticos en que se han convertido las preocupaciones legitimas de muchos profesores, que simplemente piden “tiempos para prepararse para el examen”, y condiciones y apoyo real para actualización y preparación. El argumento de que esa reforma política obedece a intereses de la geopolítica, y que atenta con la educación pública, es una hipótesis que hay que desechar reflejando en dicha Reforma Educativa el intereses del Estado de fortalecer y ampliar la oferta de educación pública de calidad, como un servicio obligatorio del Estado que no puede derogarse constitucional.

Tan simple como saber que es necesario la profesionalización y el servicio civil de carrera, que permita que los profesores como cualquier funcionario público sean examinados y se sometan al proceso de evaluación para la promoción y la permanencia.

Ante esos histórico vicios, que llevaron al descaro de que las plazas de profesores se hayan  heredadas, y mostrarlas como logros sindicales en contubernio con Estados ciego y pobres, la actualización y preparación del profesorado no fue imprescindible y se convirtiera en una simulación como muchas cosas en nuestra surrealista realidad mexicana. Por lo que esa falta de planeación ha situado de golpe y porrazo a la evaluación como una de las principales ejes de la reforma que tendría que ejecutarse, dejando la obviedad a un lado, y no permitir un periodo previó de capacitación, actualización y preparación del profesorado, desde donde debiera haber comenzado la reforma educativa.

Queda tiempo de apelar a la rectificación y prevenciones de peores males, o la advertencia de no dejar atender la simplicidad y la obviedad para evitar que se siga politizando toda la reforma educativa, un tema que resulta vital para el futuro de nuestro país. Nunca podremos aspirar a un mejor mundo sin la organización de la inteligencia de los mexicanos. El futuro estará en nuestras manos si tenemos una sociedad educada. Incluso hace más de dos mil años Platón señaló que el mejor gobierno es el gobierno de los filósofos, parafraseándolo terminamos diciéndoles que “el mejor México, será el México de los educados.