A propósito
Por Lenin Torres Antonio
15 de julio de 2016

Después del “encarnizado” proceso electoral que vivimos tanto para renovar elCongreso de los Diputados así como al Gobernador del Estado, se percibe una atmosfera de cambios tanto en las formas como en los contenidos de hacer política, y los ciudadanos deben legítimamente preguntarse, ¿si en efecto hubo una alternancia el 5 de julio y si podemos hablar que efectivamente están las condiciones para hablar de formas y modelos diferentes de hacer política en Veracruz? Mi posición al respecto es pesimista, puesto que no vi en el proceso electoral diferencias discursivas y propuestas originales de una idea de Estado y sociedad que se defendiera. Creo que todos los candidatos apostaron por una guerra sucia, y a un diagnostico pobre del estado que guarda nuestros pueblos, basado en síntomas evidentes que todos reconocemos y sabemos que describen los tiempos que vivimos: inseguridad, pobreza, corrupción, entre otros males que aquejan a la sociedad veracruzana. Y que este limitado diagnóstico nunca estuvo acompañado de respuestas inteligentes de solución. Se hizo más fácil descalificar al adversario que apostar por una campaña política de propuestas y acercamiento. En ese sentido podríamos decir que una verdadera transición hacia la democracia está en un tiempo por venir.

El proceso electoral no arrojó una auténtica transición en el sentido de un cambio de hacer política, principalmente en el de presentar una idea original de un modelos de sociedad y reglas que permitan dar certeza de futuro a los veracruzanos, ni mucho menos en basar la aceptación electoral en la decencia, coherencia y el buen ejemplo. Haber elegido al menos malo no es para sentirnos orgullosos, puesto que refleja la pobreza de la democracia que ejercemos, y evidencia un voto emotivo más que racional. Se ha apostado a re-escenificar el banquete totémico en lugar del ágora de la luz de la razón.Los veracruzanos están ávidos de sacrificios y morbo en lugar de justicia y solidaridad. Este sacrificio es la punta del iceberg. Abajo está la clase política dominante tratando de contener a la muchedumbre para que no tome la Bastilla y ponga fin al Antiguo Régimen, y sea el punto inicial de la Verdadera Revolución Mexicana; y no ver caer sus cabezas, y que el sacrificio en el banquete totémico sea tumultuario.

Hacerse incluso con el discurso racional y moderno no implica quedar exento del proceso de alienación, hay que ir a la eliminación de ese discurso científico y racional dominante que esa clase política se ha apropiado para justificar la pobreza y nuestra condición sumisa, como bien dice en la carta de Bukowski contra el Trabajo, “a los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar”, la política reproduce esa realidad.

Para emerger con otras letras necesitamos reconstruir nuestra percepción y nuestro pensamiento, la condición alienada nos lleva a emerger como sujetos esclavizados, no hay nada tras esa retórica más que nuestra fe puesta en ella, hay que agotar el discurso dominante, los dominadores caerán por sí solos, los símbolo son los esclavizantes, ¡desenmascarar a la perversa letra! Ahí debe estar la nueva retórica política, ahí se encuentra la liberación, y el sentido de la protesta que hasta ahora se ha hecho a ciegas y más que con la cabeza con el corazón y el rencor.

Reproduzcamos la reciente escena electoral y política, una campaña de descalificaciones y emotiva, sugerida por la perversa mercadotecnia vulgar, un marco de legitimación arcaico que permite llegar a gobernar con el alrededor de 17.5% del padrón electoral de Veracruz, un Sistema Electoral que permite alianzas de partidos desnaturalizadas y a conveniencias, una ciudadanía presa de su ignorancia y asustada incapaz de tener tiempo para pensar en la legitimidad y la legalidad, unos candidatos dóciles y a modo para reproducir los dictados del centro de los poderes facticos, los peones del tablero de ajedrez, candidatos surgidos del crecimiento espontaneo, y una disputa soterrada por el poder donde no hay tiempo para  ética y los valores.

Claro que construir verdaderos parteaguas históricos que posibiliten transiciones exitosas sin violencia, vienen a constituir actos heroicos de contención y templanza, actos de sabiduría, donde no se escatima el sacrificio y el valor basados en convicciones profundas y en el amor a la humanidad.

En plena segunda guerra mundial un escuadrón de la SS alemana, fieles al Führer cumplían la orden de ir a desalojar a los alumnos judíos de un colegio, al llegar se encontraron con la férrea oposición de profesores alemanes que trataban de evitar el cumplimiento de la orden, puesto que sabían que significaba el exterminio de esos niños judíos. El oficial que dirigía el escuadrón, les señaló que no venían por los profesores puesto que eran alemanes, Arios, y que podían irse libremente, no obstante, ante esa tentadora oferta de salvación los profesores decidieron no abandonar a sus alumnos y acompañarlos, aun cuando sabían que sus sacrificios no cambiarían el destino de los niños. A la pregunta del oficialde por qué se sacrificaban, la respuesta fue por decencia, por convicción, por solidaridad y coherencia a los ideales de justicia, ya que para ellos era injusto lo que hacía el Führer.

La escena del proceso electoral que vivimos no nos proporciona los elementos para hablar de una auténtica transición democrática, un cambio de formas y modos de hacer política; y por lo atmosfera postelectoral que se respira, parece ser que se reproducirá el mismo modelo de lucha por el poder, constatando seguros que más que estar preocupado por las paupérrimos campos de cultivo de nuestros campesinos que no le proporcionan ni para sus alimentos diarios, el mayor número de jóvenes veracruzanos que no pueden acceder a educación pública de calidad, el fracaso de las pymes que dejan ver que en los tres primeros años las pequeñas empresas cierran por falta de competitividad y financiamiento, la creciente inseguridad en nuestras ciudades, etc., estarán preparando sus estrategias para garantizar mayores cotos de poder en los espacios de representación municipal, y si para ello hay que echar a andar la maquinaria de componendas, clientelismo, y corrupción, seguro no se dudará en hacerlo; porque lo que está en juego es el poder y el dinero, más que el progreso, y el bienestar de nuestra gente.

Quiera apostar por actos de decencia política y gobierno decentes, pero no basta con la voluntad transmitida en el discurso político, se necesita reflejar coherencia entre lo que se piensa y se hace,  se necesita un dialogo franco entre gobernantes y gobernados, se necesita la corresponsabilidad en la construcción de nuestros espacios públicas, se necesita gobernantes que manden obedeciendo los dictados de sus pueblos, se necesita transitar de la democracia electoral a la democracia ciudadanizada, se necesita sentir de igual manera a los más necesitados, a los pobres, sólo así podríamos decir que estamos transitando hacia la gran política, hacía la verdadera democracia.

Y para que volvamos a confiar y creer en la política, los políticos y los ciudadanos deben actuar como los profesores alemanes, con decencia, convicciones, coherencia y solidaridad. Por eso podré creer que este 5 de julio hubo una auténtica transición democrática si y sólo sí, el nuevo gobernador electo, los diputados, partidos políticos y los ciudadanos iniciamos una profunda transformación de la política que permita resolver los graves problemas que vive nuestra nación veracruzana, y sentamos las bases estructurales para lanzar a Veracruz como un Estado que puede garantizar progreso y paz a sus habitantes. 

Condiciones mínimas para una verdadera transición democrática del nuevo Gobernador del Estado: establecer una sana distancia de la condición de gobernador y de jefe político de su partido, esto implica que se gobierno para todas y todos, y se exima de toda tentación de heredar el poder político; fortalecer la separación de poderes; iniciar conjuntamente con el poder legislativo una profunda Reforma del Estado, y que estos dos años de gobierno sean para sentar las bases políticas, legales, sociales, económicas, y filosóficas del nuevo Veracruz que merecemos todos los que habitamos estás tierras. Queda pues en la potestad del pueblo elegir a sus gobernantes, y a los gobernantes responder a la voluntad de las mayorías.

Está en la voluntad y la conciencia del papel histórico que nos toca vivir las respuestas, así que predecir el futuro se da en una simple disyuntiva, o bien se es decente y se trasciende para el bien de la gente, o bien, reproducimos el estado de decadencia en que ha caído el quehacer político, y que ha puesto en riesgo nuestra civilidad.