El Red Room
Por Rafael Castillo Zugasti
05 de julio de 2016

Si algo hay que tomar en consideración, en los tiempos actuales, para los partidos políticos que participaron en la pasada justa electoral, es el devenir de los mismos.
Caso especial, el del Partido en el poder en la actualidad, el PRI. Este instituto político se encuentra aún en la encrucijada de sopesar qué fue lo que les paso y quiénes fueron los autores materiales e intelectuales de la grandiosa derrota que tuvo en los comicios pasados en la Entidad.

Se sabe el número de sufragios emitidos, se sabe quienes eran los candidatos y quienes, según, sus operadores; pero lo que aún se tiene en el desconocimiento es qué estrategias dejaron de implementar para tener como resultado el descalabro electoral.
Hoy por hoy, el PRI necesita ante el escenario de derrota un proceso de renovación y de nueva oxigenación que sirva para apuntalarlo como un partido con un propósito establecido, ya sea el de la democracia y la justicia social, y a la vez crítico en positivo, a la acción que pretendan realizar quienes serán gobierno a partir del próximo primero de diciembre.

Para ello, ni los actuales “dirigentes”, a quienes consideramos con menor grado de culpabilidad por la derrota, ni los ex “presidentes”, que ya bailaron y no demostraron hacerlo bien, sino estar por mera circunstancia de su deambular en la arena política estatal, deben de continuar dirigiendo y gestionando al Revolucionario Institucional.

Hoy el PRI, a partir de diciembre se convertirá en oposición al régimen que gobernará, debe tener en su dirigencia a un actor que debata y rebata en la arena de lo público con quien será y hará gobierno.
Requiere un dirigente diligente y ocupado en no ser comparsa de la administración venidera, la cual podría llegar a negociar con maleta en mano una oposición a modo. Necesita un tribuno que le diga sus cosas, como debe ser a quien pretende encausar el rumbo de la entidad, de no hacerlo por los causes de la legalidad, de la democracia y de la eficiencia gubernamental.

Del Ángel Arroyo, diputado actual, podría ser una opción por aguerrido, tenaz y porque ha sabido confrontar al Electo, para dirigir al partido tricolor en la Entidad. Siempre y cuando Marco entienda que dirigir a su partido no es un tema personal y que hay que criticar a la administración venidera en los negativos que vayan a generar; y ser una dirigencia progresista, discursiva, actuante y resolutiva de la demanda social que las huestes priistas demanden a su partido en su oportunidad; ello, debe ser entendido como una dirigencia ad hoc a la nueva etapa de gobierno que vivirá Veracruz.

Respeto llama respeto, y si Del Ángel llegase al PRI, para convertirse en el Ángel del mismo, deberá buscar los canales adecuados para convertir a su partido en una entidad pensante que critique con modelos, métodos y acciones al nuevo gobierno de acción nacional.

Repensar el pensar…

Al final José Ramón Gutiérrez de Velasco, le demostró a quien le dio la oportunidad de qué está hecho…¿dónde quedó el diputado que defendía a sol y sombra cualquier acción del gobierno actual? Sin duda alguna, el ex-alcalde que siempre será recordado por lo travieso que resultó ante la hacienda pública municipal, quiere ahora congraciarse con quien gobernará a partir de diciembre.

Mal hacen aquellos que piensan que por el “fuero” constitucional nada les pasará; sobrados están quienes no han entendido el actuar de quien llegará al gobierno, experto en provocar el afamado vómito negro, si les deja el punto tres por ciento de lo que se han agenciado, ganados se deben de dar….