Por David Quitano
12 de julio de 2016

Un estudioso del Derecho no puede ser repetidor de conceptos: recitando no se resuelven los problemas.

Edgar Baquerio Rojas

Día tras día, las noticias irrumpen con fatídicos estelares de prensa, en los cuales gravita un flagrante hermetismo sobre el futuro estatal y nacional, y una polarización política como nunca, ante ése marco de acción acude en buen tiempo el festejo del Día del Abogado, y lo que dicha profesión representa.

Sobre todo, cuando el derecho va acorde a la calidad de la persona que lo ejerza, puede ser las más noble de las profesiones o el más vil de los oficios (dice el refrán).

Hoy que la evidencia de la falta de un pleno ejercicio del Estado de Derecho, es la constante en un alto número de eventos cotidianos que trastocan nuestras libertades y laceran la democracia, requerimos que aquellos que están en constante apego a las leyes, no olviden la importancia del cumplimiento de las mismas, no sólo por un deber moral, sino material.

Porque al final, la democracia es un régimen de derechos, donde justamente estos constituyen la columna vertebral de la democracia, y la arquitectura institucional de ésta debe estar al servicio de ellos, puesto que, si todas las personas tienen capacidad para acceder a los beneficios de la libertad, se vive mejor.

El anterior planteamiento surge a partir de que, si bien la complejidad del mundo actual y la constante incertidumbre que experimentamos nos llevan a buscar espacios de reflexión, sin los cuales resultaría prácticamente imposible establecer las estrategias que permitan insistir sobre la importancia y relevancia del respeto a la ley.

Utilizo éste espacio, para recordar, que el bien superior de todo pueblo es la positividad de su normatividad, sumado a sus vínculos personales, así como la tolerancia ante las naturales diferencias con las que contamos como sociedad.

La ciencia del Derecho y los principios éticos y filosóficos que en ella recaen, constituyen el único camino para alcanzar un mejor desenvolvimiento en las relaciones entre los individuos, y representa uno de los pocos signos positivos de nuestra época.

De tal suerte, que el ejercicio de las leyes bajo los principios axiológicos, toma su papel preponderante como elemento para salir al paso, dentro de ésta hecatombe de debilitamiento institucional y de ruptura del tejido social.

El Derecho en su aplicación práctica, refleja, de un modo más cercano, el sentimiento de la población; es el regulador y a la vez el catalizador de los conflictos y de las aspiraciones de los núcleos familiares y sociales.

En este sentido Stammler atinadamente confirma que: “El concepto y la idea del Derecho se interpreta ahora como dictados de la razón, a la cual deben sujetarse en sus manifestaciones positivas”.

Para ello, todos aquellos que aspiramos a conquistar mejores escenarios para nuestros hijos, y para la sociedad en su conjunto, debemos ser unos promotores voraces de la legalidad, porque en ella vive la paz y florece el desarrollo.

Así que pido, a todos quienes alcancen a leer estas líneas, que siempre apostemos a la ley, y al sentido común como fuente de la razón. A fin de dejar de repetir frases huecas y volvamos a lo simple, siempre buscar lo correcto, porque lo recto se acerca mucho a lo derecho. De no acudir al llamado, ya sabemos la historia, basta con caminar un poco y sentirla de cerca vista.

Recordado:

  • Feliz día del abogado
  • Aplicar la ley, evitará saqueos inhóspitos