Navidad

Juan E. Pardiñas
Reforma

¿Dónde pasará la Navidad Javier Duarte, ese Nerón veracruzano que incendió su estado desde el Palacio de Gobierno? ¿Será nuestro cónsul en alguna ciudad de España, como su mentor Fidel Herrera? ¿Buscará hacer una maestría en Barcelona, como su compañero de partido Humberto Moreira? ¿Se dedicará a la administración de su patrimonio familiar, como Rodrigo Medina?

¿O acaso, Duarte pasará la Noche Buena en un centro de hospedaje all inclusive, con uniforme numerado, alimentos tipo buffet y visitas conyugales espaciadas? La pregunta no es ociosa. De su respuesta depende la sustentabilidad de la democracia mexicana y la credibilidad de las incipientes normas que darán forma al Sistema Nacional Anticorrupción.

Javier Duarte no es el único gobernador marcado por escándalos de corrupción. Roberto Borge en Quintana Roo, César Duarte en Chihuahua o el ex mandatario panista de Sonora, Guillermo Padrés, también han hecho méritos para entrar a la galería de la cleptocracia mexicana. Sin embargo, el caso veracruzano es un caldo peculiar que se cuece en una olla aparte.

Como un huracán ensañado contra las instituciones, Javier Duarte devastó a su paso las estructuras que permiten el funcionamiento del gobierno y la preservación del tejido social. Una de las escenas que mejor resumen su mandato ocurrió en diciembre pasado, cuando un grupo de jubilados fue recibido a toletazos por policías estatales por exigir el pago de sus pensiones, que tenían más de tres quincenas de retraso.

En los sexenios de Herrera y Duarte, desaparecieron las reservas del fondo de jubilaciones para los empleados públicos estatales. El sistema de pensiones de Veracruz está en bancarrota. Las quincenas de los ex empleados retirados se tienen que cubrir con el presupuesto operativo del gobierno que, en teoría, se debería dedicar a educación, salud o seguridad pública.

Hay meses que el dinero disponible no alcanza. Los cheques de las pensiones salen sin fondos y los trabajadores retirados tienen que salir a protestar para garantizar su derecho a la jubilación.

Veracruz es el epicentro de los peores problemas que aquejan a México: corrupción, inseguridad y violaciones a los Derechos Humanos. La gobernabilidad criminal de Tamaulipas se expandió como anarquía hacia el sur del Golfo de México. Como un Estado fallido en el corazón de Medio Oriente que exporta inestabilidades y conflictos a las naciones vecinas, Tamaulipas y Veracruz han desparramado sus problemas sobre las geografías y las agendas de riesgo de otros estados.

El aumento de secuestros y homicidios en Tabasco en los últimos años ¿se puede explicar sin la catástrofe que impuso Javier Duarte en Veracruz?

Sólo en el año 2014, la Auditoría Superior de la Federación tiene documentado el posible daño patrimonial por 9,500 millones de pesos a las arcas públicas de Veracruz. Esta cifra representa poco más del 20% del total del presupuesto del estado que sí fiscaliza la ASF. Antes de las reformas del Sistema Nacional Anticorrupción, la ASF sólo podía vigilar alrededor de 50 centavos de cada peso gastado en el estado.

Para medir el grado de tolerancia de Enrique Peña Nieto hacia la corrupción habrá que voltear a ver el caso de Veracruz. Empresarios, integrantes de las Fuerzas Armadas, especialistas en seguridad nacional y hasta miembros del PRI, le han pedido al Presidente que el gobierno federal debe actuar frente al estado fracasado que abraza el litoral del Golfo de México.

Hasta este momento, la omisión ha sido la única respuesta. De poco servirán las nuevas leyes anticorrupción si no se aplican castigos ejemplares ante las faltas más obscenas.

@jepardinas