Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
12 de julio de 2016

¡Se tambalea y su gobierno y lo dejan solo!

El desmantelamiento de su esfera de poder, la decisión del centro de tumbarlo a como dé lugar, el desprecio y condena de su partido, el PRI, las presiones de Miguel Angel Yunes y el desborde de las raterías, amén de las oscuras ligas con el crimen organizado y el mismo “Chapo” Guzmán, han cavado la tumba donde más temprano que tarde caerá Javier Duarte de Ochoa.

Su mandato pende de un hilo.

Por estos días el menguado y enflaquecido gobernador, está más solo que nunca.

Erick Lagos, Alberto Silva, Adolfo Mota, el gánster de Fidel Kuri y Jorge Carvallo simplemente se quedaron en la ciudad de México cobijados en el amparo que les da el fuero legislativo.

Si te vi, ni me acuerdo.

Tampoco cuenta con la diputación local priista: se levantó en armas y decidió irse por la libre. El gabinete desapareció y los colaboradores se esfumaron.

¿Dónde están Harry Grappa, Toño Nemi, Fernando Benítez, el propio secretario de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez, la de Protección Civil Yolanda Gutiérrez Carlín, el del Medio Ambiente, el del trabajo y el de Desarrollo Económico..?

¿Dónde?

En sus casas, en sus oficinas, bajo sus escritorios o quemando papeles, oficios incriminatorios, firmas comprometedoras y diciendo a sus cuates y compadres que ya no cuenten con los jugosos salarios de aviadores.

¿Dónde está la prensa de lisonja que funcionaba con el billete por delante?.. Se fue porque les quedó a deber la mitad de la talega (a “Centinela”, el honesto semanario le quedó a deber 70 millones de pesos y eso que este semanario “no se vende”).

Duarte está solo.

Totalmente solo. Ni su familia se quiere acercar. Es, para no pocos el perro del mal. Basta observar en cualquier momento las redes para constatar el tamaño del agravio ciudadano, mismo que reflejado en el ciudadano de a pie, en el de carne y hueso, se traduce en repetidas maldiciones contra quien llevó a la desgracia a pueblos y ciudades y comprometió con deuda a dos generaciones de veracruzanos.

Duarte tiene que irse. Urge.

El desgaste propio tanto a nivel federal como estatal lo obligan al indigno pero obligado retiro, a solicitar, tal como se lo demanda su propio correligionario Héctor Yunes Landa, a solicitar licencia “por dignidad”.

Deberá irse y ponerse a disposición de un juez para que revise su gestión financiera, para que rinda cuentas de cómo y por qué gestó una escalada criminal que supera los 18 mil muertos en lo que va del sexenio; para que entregue las justificantes que obligaron al sacrificio de 18 periodistas asesinados en su mandato.

Urge se presente ante el Fiscal -el de México porque el de Veracruz, Luis Angel Bravo Contreras, es su sirviente- para que explique el entramado de las empresas fantasma; dónde guardó con sus cómplices 50 mil millones de pesos, y para qué tomó la reserva de los pensionados y jubilados.

Muchas cosas más tendrá que explicar.

¿Por qué nos endeudó con 135 mil millones de pesos?

Cuál fue la moneda de cambio o factura por entregar al crimen organizado la plaza así como admitir a nuevos socios como el Cártel Nueva Generación y permitir la lucha sangrienta entre Zetas y el Cártel del Golfo en el solar veracruzano.

Acaso deberá ser careado para que detalle en que momento admitió los vínculos con Joaquín el Chapo Guzmán a través de Vicente Benítez y por qué abrió el horizonte a nuevos grupos criminales cuando Fidel sólo les dejó al cuidado de uno, los Zetas, y uno que otro malandro millonariazo como Pancho Colorado.

Deberá aclarar el tema de las medicinas, el seguro popular y los 35 mil millones que le birló a la Auditoria Superior de la Federación y por qué se atrasó con dos mil 200 millones con la Universidad Veracruzana.

¿Sabía usted señor Duarte que varios empresarios se suicidaron al quedar insolventes?, seguramente le preguntarán las autoridades ministeriales que no entienden por qué embarcó en deudas por 30 años a los municipios con la bursatilización.

¿Dónde tiene las cajas de huevo?., será una pregunta obligada.

Y como esas muchas más interrogantes arrojará su infausta gestión que todo indica que no concluirá rompiendo de nuevo el record de ser el primero en no terminar su encargo constitucional por razones criminales.

El despeñadero de Duarte habrá de producirse de manera necesaria al salir del manto presidencial que ordenar al SAT comunique a la PGR las raterías por las empresas fantasma, por instruir al PRI, al nuevo PRI, lo inadmisible que es la deshonestidad y dejar de rendir cuentas.

A Duarte se la acabo el recreo. 

Durante repetidos momentos de su mandato y estando en la tablita, se salvó, particularmente en los últimos 18 meses donde acrecentó su insania al masacrar a su pueblo y tomar decisiones atropelladas.

Producto del importamadrismo del presidente Enrique Peña Nieto y apoyado en el sometimiento de los poderes legislativo y judicial, así como una abyecta clase política, la priista, sujeta a una obediencia que raya en la esclavitud, es que pudo transitar en tamaña impunidad.

Su único límite a lo largo de su infausto sexenio fue Fidel Herrera Beltrán, a quien mantenía a cierta distancia entregándole carretadas de dinero y posiciones para todos sus amigos sin chistar.

Hoy, sin embargo, Duarte está solo.

Palacio está vacío, abandonado. Casa Veracruz desmantelada. Su casa en Córdoba deshabitada. Sus hijos fuera de México y su gestión hecha añicos. Cumplió su sueño de estar flaco, lo que no ha podido sacar de su alma es la frustración.

Duarte, se va.

Y como dice Fidel: ¡Que le vaya bien!.. Nadie podrá acompañarlo a su propio funeral porque sus colegas también ya compraron criptas.

Tiempo al tiempo.

*Premio Nacional de Periodismo