Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
13 de julio de 2016

Su solidez política permitiría fuera el factótum en la transición ante el irreconciliable diferendo Duarte/Yunes Linares 

Francisco Berlín Valenzuela no necesita construirse una imagen, ya la tiene.

Tampoco anda en búsqueda de un empleo porque también ya lo tiene. Ni a la caza de cargos de relevancia –que los ha tenido- a menos que ante la crisis política que está derrumbando a Javier Duarte, el centro decida ungirlo y lo imponga como gobernador interino.

Ello ya que la prolífica vida de Berlín Valenzuela, ha sido consecuencia de una conducta caracterizada por la honestidad y la congruencia. 

Berlín, justo decirlo, cual muro de respeto a lo largo de su vida solo ha tenido dos objetivos, servir a Veracruz y la república. 

Y lo que son las cosas. 

En mil y una charlas que hemos tenido a lo largo de 30 años, su evocación más importante ha sido por la tierra que lo vio nacer.

Este fausto martes 12 justo cuando recibe la “Medalla al Mérito Jurídico, Julio Patiño” de parte del Ayuntamiento de la ciudad capital, la primera evocación de este connotado veracruzano es por su barrio.

“Antes de venir hacia acá, pensé que el centro de mi ciudad natal ha sido pródigo en vivencias a lo largo de diferentes etapas de mi vida”. 

“Recordaba que precisamente, allá enfrente, en el edificio Grayeb -hoy convertido en la biblioteca Carlos Fuentes-, en el corazón de Xalapa, experimenté las inquietudes propias de un estudiante de secundaria y de un preparatoriano”. 

“Rentaba un pequeño cuarto y convivía con jóvenes que el tiempo convertiría en destacados personajes. Me refiero a mis compañeros: Roberto Bravo Garzón; Froylán Flores Cancela; Enrique Florescano Mayet, entre otros entrañables amigos con los que conversaba sobre los problemas de la época y con quienes recorría las avenidas del parque Juárez para repasar nuestras lecciones y preparar nuestros exámenes”.

Hoy, transportado en el tiempo y más que sumarse a la estridencia política que por estos días vive Veracruz, Francisco Berlín Valenzuela decide refugiarse en lo que más recuerda como adolescente:

“Mi primer barrio fue el de la calle de Zamora -a una cuadra del Palacio Federal-,  entre mis amigos de la  infancia conocí a un vecino que con los años se convertiría en un prestigiado jurista y que además destacaría como notable funcionario, siendo el orgullo de sus queridos padres Don Julio y Doña Evita”. 

“Me refiero al licenciado Julio Patiño Rodríguez cuyo nombre designa la presea que desde hace un año otorga el Ayuntamiento de nuestra ciudad capital”.

Esa medalla denominada al “Mérito Jurídico” este martes le ha sido impuesta a este notable.

“En la prepa Juárez tuve la oportunidad y el orgullo de formar parte de la mesa directiva. Aquella época estuvo enmarcada con la privilegiada presencia de Librado Basilio, celebridad a la que nadie diputa su figura señera como extraordinario maestro y director del plantel”.

Esas son sus evocaciones de Francisco Berlín, en el marco de la ceremonia del edificio del ayuntamiento que hacia el frente del lado izquierdo contempla como se incendia el Palacio de Gobierno, producto de la desastrosa gestión del gobernador Javier Duarte.

“Es en este entorno urbano –evoca Berlín- en el que conocí lo que significa la presión y el infortunio político”.

Hoy el homenajeado está más allá del infierno de lo cotidiano. 

Recién, con la cortesía que no caracteriza, declina ser el Fiscal Anticorrupción a invitación directa del gobernador Duarte quien le dijo: “no le acepto un no por respuesta”, pero Berlín le dijo que no de manera amable ya que el cargo “no responde a mi perfil”.

La realidad era que el constitucionalista, secretario de gobierno a los 28 años, avizoraba la embestida del centro, así como la marca destructiva que le dejaría el Duartismo de aceptar esa responsabilidad.

Días después los acontecimientos le darían la razón al inconformarse el gobierno de Peña Nieto con un recurso de inconstitucionalidad interpuesto por la PGR en contra de un pretendido blindaje de Duarte.

La determinación de Berlín no es nueva, ni producto de un posicionamiento mediático. El, al igual que otro distinguido veracruzano, Fernando Gutiérrez Barrios- siempre ha sido congruente con el decir y el hacer:

Recuerda que a finales de los años sesenta “por los avatares de la política mexicana, cuando regresé del Distrito Federal fui despedido en virtud de que nuestra promoción estudiantil  se consideró contraría a la línea política del entonces titular del poder ejecutivo estatal”. 

“Se me condicionó la permanencia en el empleo a la renuncia del padrinazgo ya conseguido (el ex presidente Miguel Alemán sería el presidente de la generación)… Así, que con todo el apremio que significaba quedarme sin “chamba” no acepte la presión y como consecuencia sobrevino una de las paradojas que a menudo traen aparejadas los aparentes infortunios. De no haberme ido -gracias al despido-, jamás habría tenido la fortuna de regresar a mi amado estado, ocho años después, como Secretario General de Gobierno con el Licenciado Don Rafael Murillo Vidal”.

Remata:

“Años después, la anécdota estudiantil cobró nuevas y más agresivas formas. En cuando menos tres ocasiones, a lo largo de mi carrera profesional, he tenido que abandonar algún cargo –o no aceptarlo-, para no participar de alguna situación indebida o por no estar de acuerdo con lo que como  gobierno se hace”.

“A veces las apariencias parecen recomendar la sumisión o la abdicación. Pero quiero que sepan algo: lo que viene conviene. Sobre todo cuando con su actuar salven una conducta honesta o cuando con su proceder eviten alejarse de sus principios y convicciones”.

Esas son pues, las enseñanzas de Berlín quien alerta:  

“No pierdan de vista que a menudo la adversidad trae buenas sorpresas. Nadie sabe de qué están hechas las circunstancias”.

Francisco Berlín Valenzuela es pues, un hombre sabio que visiona el futuro y que cuenta con el respeto de una clase política que le reconoce y homenajea como es el caso del ayuntamiento de Xalapa que encabeza Américo Zúñiga quien al entregarle la presea le adelanta que…

“La filosofía de vida de un hombre como él, no admite deslealtades ni traiciones, siempre ha sido frontal, siempre ha sido congruente, sabe aplicar la ley porque es defensor de ella; sabe conciliar, porque en la argumentación y el diálogo se encuentra el fundamento del razonamiento”.

Antes evoca su trayectoria:

“Abogado, académico, estudioso del parlamentarismo, legislador, líder político, servidor público eficiente, constructor de instituciones, hombre de familia ejemplar y un ser humano intachable, don Francisco Berlín Valenzuela, encarna lo que el espíritu xalapeño es: universo de capacidades, dispuesto al servicio social”.

Luego ese por demás adelanto de Américo Zúñiga:

“Alguien como el doctor Berlín Valenzuela siempre es bienvenido y oportuno en todo momento que requiera de solventar coyunturas y acercar definiciones coherentes”.

Ese es justamente el Veracruz que siempre va un paso adelante. Un Veracruz que no se atora en su quehacer y que hoy que la transición es un hecho requiere de la sabiduría y prudencia de Francisco Berlín Valenzuela.

Honor a quien honor merece.

Tiempo al tiempo.

 

*Premio Nacional de Periodismo