CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma Villanueva
16 de julio de 2016

Para quienes abrevan conceptos de Ciencia Política podrían reafirmar su conocimiento directamente de la realidad veracruzana, de cuanto está aconteciendo en esta entidad: Estado de Derecho, Crisis de Poder, División de Poderes, ingobernabilidad, quiebra financiera, gestión fallida, corrupción, impunidad, etcétera, son componentes de este acontecer, y si se pudieran aplicar o no a nuestra realidad es asunto que está a debate.

De cualquier manera, lo que ahora acontece en Veracruz es inédito al menos para la sociedad contemporánea que no había presenciado tan de cerca la crisis de poder de la que ahora somos testigos, cuando concluye un gobierno cuya gestión es calificada por los estrechos márgenes de satisfactores conseguidos. Sucesos inéditos dan la pauta: a solo cuatro meses del finiquito se produce una inusitada fiebre de disposiciones legislativas y administrativas por las que se pretendía crear la Fiscalía anticorrupción y designar a su titular, así como a los magistrados de la misma; se intentaba donar inmuebles indiscriminadamente seleccionados a un Instituto de Pensiones que yace en la inopia y carece de la estructura para administrarlos con solvencia; se basifica a miles de empleados del gobierno sin previo análisis del soporte presupuestal e impacto en el gasto corriente; se nombra a 22 notarios públicos, medida que un juez suspende por amparo de un particular inconforme; se pretende pagar deuda con el recurso obtenido por un impuesto implementado para crear infraestructura, pero los empresarios se inconforman y advierten suspensión de pagos.

La motivación de estas medidas radica en el abierto enfrentamiento entre el gobernador que se va con el gobernador que llega, pero es obvio que su propósito no radica en el bien común, pues al pretender obstaculizarle el paso al sucesor al final los veracruzanos pagaremos las consecuencias, como en el caso de la inexplicable basificación pues ni en el Ejecutivo, ni los legisladores se detuvieron a reflexionar sobre las graves complicaciones que acarreara al Instituto de Pensiones del Estado cuando llegue el momento de las jubilaciones.

En política la virtud de la lealtad es una verdadera joya por su rareza, y debe reconocerse a quien la privilegia; sin embargo, cuando el ejercicio de esa virtud se antepone al interés general con consecuencias que trascienden para mal social, se convierte en vulgar complicidad; tal como se está apreciando en la obsecuente actitud de legisladores priistas ante el gobernador.

En este contexto la ciudadanía veracruzana acude al llamado a la cordura entre las partes, a serenar la contienda, porque en el medio nos encontramos más de ocho millones de veracruzanos, los que casi tres millones y medio expresamos nuestra voluntad en las urnas en la elección del 5 de junio pasado, y de los votantes más de dos millones expresaron su rechazo al status quo, y ese gesto de la Voluntad General se traduce en un mandato que debiera ser respetado en el ámbito del Estado de Derecho.

En otro expediente, se difunde una carta al presidente de la república, suscrita por 128 alcaldes priistas que manifiestan su adhesión al gobernador reconociendo su labor “que se ha reflejado no solo en obras y acciones de beneficio colectivo, sino también en la paz social que hoy disfrutan los habitantes de nuestros municipios”; ya algunos alcaldes han expresado su sorpresa al verse incluidos en lun misiva cuyo texto desconocían. Entre quienes “suscriben la carta al presidente y a Osorio Chong figuran los alcaldes de Acultzingo y el de Carrillo Puerto, en cuyos territorios se encontraron fosas con cadáveres y campamentos de entrenamiento clandestinos; también los de Agua Dulce, Cosamaloapan, Coatzacoalcos, Playa Vicente, Orizaba, Tierra Blanca, entre muchos otros a quienes sus gobernados seguramente reprocharán por aquello de “la paz social”, tan virtual como invisible. Por supuesto, es vano el intento por convencer al Secretario de Gobernación de esa ficción social.

En última instancia, un enfrentamiento entre políticos con propuestas encontradas no sorprende absolutamente a nadie, aunque al bisoño estudioso extrañará la incongruencia, porque política es negociación, arreglo, convivencia entre contrarios, la unidad en la diversidad porque el fin es el bien público. Solo que en la academia no enseñan a bajar la cabeza, ni a inclinar la espalda, y sí a preferir el bien común sobre el individual, cuando sucede lo contrario nacen las complicidades obscenas, y cuando se escucha decir desde un pódium que el Poder Legislativo es autónomo y respetable es posible constatar que no existe paralelismo entre el discurso con la verdad que realidad demuestra.  En suma, lo que en teoría es cierto, la realidad se encarga de ponerlo en tela de duda, y la condición humana, su derivado, aporta lo suyo sustantivo.

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