Luis Ortiz Ramírez
INQUIETUD MAGISTERIAL

 (Primera parte)

Desde antes de nacer, el SNTE, como un huevo de serpiente que se trasluce,  ya dejaba ver su estructura y su naturaleza: la corrupción. Característica principal que le acompañaría, como marca de Caín, durante más de 70 años. Nacía lentamente, sin prisa, sin embargo, tan pronto abrió los ojos, rápidamente comenzó a alimentarse  de la ubre del sistema político mexicano.

El SNTE, nacía bien cobijado  en la cuna del PRM.  Como buen tutor, le ofreció calor, y ropaje tricolor, a cambio de un corporativismo que le redituaría fortaleza al mismo PRM. Como cuando los hijos terminan manteniendo a los padres envejecidos.

 Con el tiempo, ya crecido, esta agrupación  de maestros, y con la venia de que sería el único sindicato mayoritario, que representaría a los maestros, ante la Secretaría del Trabajo, se convertirían en  amos y señores del contrato colectivo de trabajo. Esto les permitió, llegar  a considerase como el  sindicato más poderoso de América Latina”.

Pronto, sus  miembros  descubrieron las bondades y delicias  del poder. Aprendieron a nadar de ha muertito, es decir, trabajar sin trabajar. El sistema les pagaría su salario y otras prestaciones mientras estuvieran “comisionados” y al servicio del poder.  Dice el dicho que “cuando Dios ayuda hasta los costales te presta”, en el caso del SNTE, su dios fue el sucio poder político.

Raudos y en las agonías del PRM,  y a partir del parto forzado del PRI, los dirigentes magisteriales, se sacarían la lotería. Nunca en su pobretona vida,  se imaginaron el caudal de riquezas que obtendrían, por representar a los maestros mexicanos.

 Inmediatamente se aplicaron a la venta de plazas,  a los negocios inmobiliarios, y  la renta de cafeterías escolares, que  les daría suficientes recursos para tener varias casas chicas. La adjudicación de créditos hipotecarios, venta de fraccionamientos, casas, departamentos les redituarían suficientes fondos, para financiar campañas electorales.

Desde luego que la tajada más grande, era pare el presidente del SNTE, desde Luis Chávez Orozco y  Jesús Robles Martínez, hasta el golpeador de Vanguardia Revolucionaria Carlos Jongitud Barrios. A la postre,  su pupila Elba Esther Gordillo, superaría a todos con creces.  Todos, absolutamente todos estuvieron supeditados al dedo presidencial, hasta el actual sucesor de la Maestra, Juan Díaz de la Torre.

De buenas a primeras, los autóctonos y folclóricos  líderes  cambiaron las raídas camisas de mezclilla y pana, por Guayaberas presidenciales de lino murano, los más osados, se atrevieron a entacucharse con trajes de casimir inglés. Sus zapatos  bostonianos de la “destroyer”, fueron desplazados por calzado de pieles finas y  elegantes marcas.

Con dinero y poder, muchos comenzaron a sentirse intocables, algunos comenzaron a hostigar sexualmente a las maestras con mejores atributos, a cambios de plaza o cambios de adscripción,  sus asambleas y congresos  eran absolutamente antidemocráticos.

Se daba paso a la ley del garrote, si  alguien disentía del “líder”, rápidamente recibía el poder de los puños de maestros  golpeadores, que la hacían de guaruras del sindicalismo antidemocrático. El aceite que movía el engranaje de la perfecta maquinaria del SNTE, era la complicidad y la prebenda, en otras palabras; la corrupción.

En este contexto, a finales de los años setenta, el SNTE, sin poder evitarlo, vio cómo se desprendía un importante grupo de maestros que buscaban la democratización del  sindicato. Especialmente en los estados más pobres del país, los maestros, comenzaron agruparse, primero  buscaron una identidad propia dentro del mismo sindicato, al no encontrar respuesta, ellos mismos, con unos cuantos pesos en la bolsa y con una mochila repleta de inconformidades e ideas, fundaron la agrupación que llegaría a ser la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

Estos valientes maestros, a pesar del clima de represión, exigían el respeto a sus derechos laborales, buen uso de sus cuotas sindicales y el voto universal para elegir al dirigente nacional, derecho al que actualmente no gozan los agremiados.

 El poder de estos disidentes se hizo evidente, o mejor dicho el presidente Carlos Salinas de Gortari, se valió de este, para sacar de la Jugada a Carlos Jongitud Barrios. De inmediato la represión contra la CNTE, se hizo presente con el ungimiento de la maestra Elba Esther Gordillo Morales.

 (Fin de la primera parte. Continuará).