Felicidad1.Por Frank Barrios Gómez.
19 de julio de 2016

Sólo se vive una vez y hay que encontrarle el sentido a nuestra existencia. Debemos hacer a un lado las comparaciones, porque 2 personas son completamente distintas, y aunque el parecido físico sea el de igualdad, cada quien es un universo independiente, que actúa de acuerdo a su sentir, y no siempre acepta que se le guíe, por lo que el adulto considera, el camino correcto.

Recuerdo una anécdota que nos platicaba un profesor, cuando yo era estudiante del colegio. Entre sus alumnos estaban 2 hermanos gemelos, en el mismo grupo. En un principio, batalló para identificar quién era quién. Se encontraba ante 2 gotas de agua idénticas.

Estatura, peso, ademanes, en ambos eran lo mismo. En ese entonces estaba de moda el copete, y los ídolos como Elvis Presley se caracterizaban por ello. Se les venía a la frente ese mechón de cabello, y con un soplido y ademán de cabeza volvían a poner lo en su lugar. Y ambos hermanos hacían el mismo ademán.

El profesor se encontraba en una encrucijada, por ubicar tanto a uno como al otro hermano. Ggracias a su experiencia, logró ubicarlos sin temor a equivocarse. Había una gran diferencia que fue la clave para lograr su propósito. Los sentimientos y carácter de cada uno de ellos. Uno era introvertido y el otro extrovertido. Mientras uno era bullanguero, el otro era más tranquilo.

En base a este ejemplo, nos damos cuenta que cada persona es un mundo, y cada mundo piensa y actúa en forma diferente. Y nadie puede jactarse de poder cambiar la forma de ser de una persona.

Podrá imponérsele una disciplina, y esto funcionará mientras se es hijo de familia. Y una vez que se logre tener autonomía, saldrá a florecer el verdadero carácter del individuo. Y se escuchan los lamentos de los progenitores, al quejarse amargamente argumentando que el hijo ya no les obedece.

Claro está, que el vástago dejó de aceptar imposiciones, y si estudió determinada carrera, fue por complacer a quien en esos momentos, regía sobre el destino de su vida. Y quienes no lograron romper las cadenas autoritarias de sus progenitores, y continúan en el mismo plan, hasta que los viejos fallezcan, resultando ser en la vida profesionistas mediocres, que hacen un trabajo que para nada les gusta, y el fracaso es el camino que siempre les sonríe en todo lo que ejecuten.

Hay que tener agallas en la vida para hacer lo que siempre nos ha gustado. Todo tiene un precio, y éste vendría a ser el éxito o el fracaso, felicidad o infelicidad. Y mucha gente, llega al ocaso de su existencia, pensando que hubieran sido muy felices, si sus progenitores no se hubieran encargado de deshacerles su vida.

No quiere decir esto, que al hijo hay que dejarle hacer lo que quiera. Todo esto va por etapas. Mientras el vástago está dando los primeros pasos, debe estar presente la guía de sus mayores. Desde el Kínder hasta la preparatoria, son caminos que nadie puede hacer a un lado, porque son pasos primordiales que marcarán el futuro de cada individuo.

Pero al llegar a la etapa universitaria, es ahí donde debe saberse qué es lo que se quiere hacer, por el resto de su existencia. Y vemos que los que nunca rompieron el cordón umbilical, estudian lo que los padres les imponen, porque se trata de una tradición que viene desde pasadas generaciones, y todos en la familia deben seguir la misma ruta.

Y empieza el martirio que acompaña en estos momentos a gran parte de la humanidad, que se encuentra a disgusto con lo que hace, rodeada de sinsabores porque no encuentran la llave, para disfrutar la verdadera felicidad.

Hay personas que externan que su labor es fascinante, que hasta la harían gratis, y tienen el privilegio de llevarla a cabo, y el premio es la paga que reciben. Muchas veces no es por el dinero que se recibe, sino por la satisfacción que se alcanza, al ver que la semilla que están sembrando, reditúa frutos siendo estos el mejor salario que pueden recibir.

¿Cuál es el mejor momento para alcanzar la felicidad? Por qué vemos a otras personas que siempre están con una sonrisa de flor a flor, y ante los embates de la vida, en su filosofía, aunque el momento sea desagradable, buscan siempre la enseñanza positiva que les está dejando ese momento.

Ese tipo de personas, comprenden que la vida es una sola, y es tan frágil que en un abrir y cerrar de ojos puede escapárseles, y prefieren disfrutarla porque viven el presente, el cual es una realidad.

El pasado es un hermoso recuerdo que dejó marcada una experiencia, y no se borrará jamás. Hay que aprender de él, para no cometer el mismo error, cuando vuelva a presentarse una situación similar. No debe vivirse encapsulado de los recuerdos, porque son como el polvo. No pueden ser resucitados, porque así regresemos al mismo lugar, las experiencias siempre serán diferentes a lo que se vivió

Tampoco debe estarse esperando a que llegue el futuro, ya que este es incierto. Hoy tenemos y no sabemos si mañana se amanezca con vida. Y si es así, la vida continúa porque el padre Cronos no va a detener el reloj, por esperar a alguien que está ilusionado, en que la vida le cambiará el día de mañana. El futuro es aire, y éste se siente, pero no se puede aprisionar de acuerdo a lo que se espera.

Lo que sí es una realidad es el presente, y éste es el instante que se está viviendo. Espera una persona que la felicidad le sonría cuando termine su carrera profesional. Que estará completo cuando se case, lleguen los hijos y se desempeñe en el trabajo que siempre ha querido.

Y empiezan las frustraciones al lograr el trabajo, y darse cuenta que no es lo que habían soñado. Que no existe química con el cónyuge, y que los hijos son un dolor de cabeza, que no bien han salido de un problema, cuando ya están metidos en otro.

Y continúan los sueños de felicidad, creyendo que se alcanzará cuando se viaje, se compre la casa y el automóvil que siempre se ha querido. Y al obtener todo esto, la persona se da cuenta que todo sigue igual y hasta peor. Las cosas materiales ayudan a vivir mejor, pero no otorgan la verdadera felicidad. Es feliz quien vive el disfruta el momento, y sabe valorar lo que se tiene en ese momento. Hoy se tiene y quién sabe mañana. Hoy estamos vivos, y no sabemos si mañana nuestros ojos se abran para disfrutar un nuevo día. Vivamos el momento en que nos encontramos, como si se tratase del último de nuestra existencia. Es ahí donde se encuentra la verdadera felicidad.