En los albores del siglo XX, cuando la entrevista Diaz- Creelman había alborotado a la clase política de ese entonces, las pasiones por la ambición del poder se desataron presagiando lo que después se ha conocido como la Revolución Mexicana. Un agudo observador de su entorno, don Luis Cabrera, escribió: “La amistad o la enemistad es una cuestión de afectos, de sentimientos, no de ideas. La sola diversidad de propósitos, de ideas o de creencias, no basta para decir que hay enemistad, sino que para esto es necesario comprobar que existen ciertos pensamientos personales de aversión, de antipatía de una persona hacia otra. Dos personas pueden no concordar en sus ideas, en sus creencias, en su modo de ver las cosas, y sin embargo no sentir la repulsión, la antipatía que da nacimiento a la enemistad.”