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Informe Rojo
Por Mussio Cárdenas
21 de julio de 2016

 

* Pedro Tamayo, ultimado en Tierra Blanca  * Amenazado, huyó de Veracruz  * Regresó a morir  * 19 periodistas caídos  * Listo, dictamen del fideicomiso duartista  * Exime de sanciones MAYL a quienes no paguen impuesto  * Bermúdez y Pelegrín, denunciados  * El ego de Rocío Nahle  * July quiere celebrar  * Congreso no es antro

Amenazado, temeroso, Pedro Tamayo Rosas huyó de Veracruz, se refugió en Oaxaca y regresó sólo para morir violentamente, acribillado por las balas de un sicario, o varios, víctima del odio infinito, de la venganza brutal, de la violencia que crece. Es el periodista número 19 en caer durante el duartismo.

Fue por él un matón. Llegó hasta su hogar, a eso de las 23 horas, la noche del miércoles 20, en Tierra Blanca, lugar donde la policía y el crimen organizado se hablan de tú, levantan gente y se la llevan para nunca volver.

Llegó al domicilio del periodista, en la calle 5 de Mayo, entre Matamoros y Morelos, en el centro de Tierra Blanca, y descargó su arma, inerme el comunicador.

Once impactos recibió el periodista, colaborador de El Piñero de la Cuenca, editado en Tuxtepec, Oaxaca, reportero de medios veracruzanos, autor de “En la Línea de Fuego”, una columna de combate, de crítica por la violencia, escrita con pseudónimo.

Descargada el arma mortal, el asesinó huyó del lugar. Nadie supo más de él. Nadie alcanzó a saber qué rumbo tomó.

Otra versión, difundida por el portal Al Calor Político, refiere que no era uno sino varios sujetos, que viajaban a bordo de un vehículo. Descendieron de la unidad, allanaron el domicilio, perpetraron el ataque y se marcharon a toda velocidad.

Pedro Tamayo alcanzó notoriedad en enero, tras el levantón de cinco jóvenes —cuatro varones, una chica—, el 2 de enero de 2016, que procedentes de Veracruz se dirigían a su lugar de origen, Playa Vicente.

Fueron interceptados por elementos de la Policía Estatal, conminados a explicar qué hacían, a dónde se dirigían, que actividad realizaban. No los dejaron ir.

Se sabría luego que la policía veracruzana los entregó al crimen organizado, suponiendo que eran miembros de un cártel, por el vehículo en que viajaban, un automóvil Jetta, muy común entre la banda de Los Zetas, y por su complexión física, la barba de algunos de ellos y simplemente la sospecha.

Semanas después, aprehendidos los policías involucrados en el levantón, en prisión también su jefe, el comandante Marcos Conde, con un historial de plagios y secuestros, el terror por donde iba, pero solapado por el “general” Arturo Bermúdez Zurita, secretario de Seguridad de Veracruz, surgió la hipótesis de que la autoría del hecho —el plagio y posible asesinato de los jóvenes— correspondía al Cártel Jalisco Nueva Generación.

Y llega “Culín”, el célebre Luis Ángel Bravo Contreras, más actor y guionista de fantasiosas historias que fiscal, que no resuelve nada y sí fabrica culpables.

Fue aprehendido el empresario Francisco Navarrete Serna, su hijo y un empleado, acusados que en su rancho se realizó la tortura y muerte de los cinco jóvenes, sus cuerpos “cocinados” con ácido para no dejar huella.

Entonces Pedro Tamayo huyó de Veracruz. Se fue en silencio, sin confidencias ni secretos, sin explicar el por qué.

Su esposa denunció su desaparición, pues ni a ella le comunicó el periodista la razón. Y se alertó el gremio, suponiendo que era otro levantón. Y se alertó el gobierno de Veracruz que no deseaba otro comunicador en su rosario de crímenes.

Lo hallaron en Oaxaca, aterrado, suponiendo que el gobierno iría tras él, y si no, el crimen organizado.

Pedro Tamayo había sido convocado por la esposa de Navarrete Serna para reabrir el periódico La Voz de Tierra Blanca, ella como empresaria, él en la parte periodística.

Pero el proyecto se frustró.

Algo percibió el 24 de enero. A su hogar llegaron tipos de apariencia extraña. Vestían playeras con el logo de la empresa Telmex y botas tipo policíaca. Decían atender un reporte de daño y mal servicio, que nadie había reportado.

Esa fue la señal. Pedro Tamayo les negó la entrada al domicilio. Se percató, sin embargo, que los tipos permanecían ahí, y así se mantuvieron durante un tiempo.

Por eso se fue, sin aviso alguno, sin alertar ni siquiera a su esposa, inundado por el miedo, con la reacción del que corre en sentido contrario al peligro que lo acecha.

De su huida, de sus temores, de las amenazas que sentía, el portal Plumas Libres difundió:

”El contexto de violencia contra la ciudadanía por parte de las autoridades de Veracruz ha generado un temor fundado para que los periodistas no puedan ejercer su profesión; lo que los obliga a dejar su labor y resguardarse en secreto para salvar su vida.

“Tan sólo en el 2015 cuatro periodistas se vieron obligados a dejar la entidad y se registraron 66 agresiones contra comunicadores, siendo responsables las autoridades del 65% de éstas. Del 2000 a la fecha, ARTICLE 19 ha documentado el asesinato de 18 periodistas en Veracruz; cuatro más se encuentran desaparecidos. Este contexto se ha intensificado en Tierra Blanca a raíz de que elementos de la policía estatal detuvieron a cinco jóvenes, de los cuales se desconoce su paradero, cometiendo así desaparición forzada.

“ARTICLE 19 recuerda que a finales del 2015 se emitió una alerta en Veracruz por el contexto que están viviendo las y los periodistas en dicha localidad. Sin embargo, hasta la fecha esta alerta no ha tenido impacto alguno en beneficio a la libertad de expresión.

“En este sentido es urgente que las autoridades federales contacten al periodista Tamayo Rosas y su familia, a fin de dar protección efectiva ante los constantes ataques que se reciben de autoridades y el crimen organizado”.

Pasaría a ser Pedro Tamayo el periodista número 19 en morir violentamente, asediado por el crimen organizado, quizá por la policía pues su infierno inició cuando indagaba sobre el levantón de los cinco jóvenes en Tierra Blanca, que cimbraría al gobierno de Veracruz.

Hurgaba Pedro Tamayo en territorio hostil, la relación policía-crimen organizado, la policía de Arturo Bermúdez Zurita, la de su superpolicía Marcos Conde, hoy en prisión, con las bandas que siembran muerte y dolor.

Y entonces ocurrió el asedio, la muerte tocando a su puerta, con el señuelo de Telmex, el mantenimiento por un daño a las líneas telefónicas que no existía, los tipos con playera de la empresa pero con botas tipo policíaca.

Por él fue la Fiscalía General, la de “Culín” Bravo, a Oaxaca. Lo trajeron a Veracruz, lo llevaron a Xalapa, le ofrecieron protección. Y terminó muerto, baleado en su hogar, sin vida en una clínica del IMSS.

Del crimen de Pedro Tamayo, dice El Piñero de la Cuenca:

“Tal como se recuerda, Tamayo Rosas se encontraba bajo la protección de la Secretaría de Seguridad Pública del Estado luego de que el pasado mes de enero se ausentara de su sitio de residencia por amenazas de un grupo delictivo.

“En aquella ocasión, en respuesta, la Fiscalía General del Estado indicó que investigaría su caso y le daría la protección debida.

“La indignación es nada para las exigencias de justicia que los comunicadores deseamos para este cúmulo de agresiones en territorio veracruzano”.

Cierto, la indignación es nada ante un gobierno que colecciona crímenes de periodistas, que hostiga y desdeña, que genera las condiciones de violencia, que provoca el agravio. Si insulta el gobernador a la prensa, la insulta todo el aparato de poder, incluida la policía corrupta. Si increpa Javier Duarte, increpa toda la familia política, incluida la policía que se habla de tú con el narco, que le sirve, que levanta gente, inocentes o no, y los entrega para verlos morir.

Ingresa Pedro Tamayo a la estadística fatal de Javier Duarte. Es el periodista número 19 en ser asesinado durante el gobierno del priista, rijoso con los comunicadores, tildándolos de “manzanas podridas”, sugiriéndoles “que se porten bien” porque vienen cosas peores.

Y tiene razón. Lo peor ya está aquí.

Pedro Tamayo es el número 19. Le antecedieron Noel López Olguín, Milo Vela, Misael López Solana, Yolanda Ordaz, Regina Martínez, Gabriel Huge, Guillermo Luna Varela, Irasema Becerra, Esteban Rodríguez, Víctor Manuel Báez Chino, Gregorio Jiménez de la Cruz, Moisés Sánchez Cerezo, Armando Saldaña, Juan Mendoza Delgado, Octavio Rojas Hernández, Rubén Espinoza Becerril, Anabel Flores Salazar y Manuel Torres González.

Hay tres periodistas desaparecidos: Sergio Landa Rosales, Miguel Morales Estrada y Gabriel Fonseca Hernández y Cecilio Rodríguez Domínguez.

Otro, Juan Santos Carrera, había sido corresponsal de Telever, filial de Televisa. Murió acribillado en el bar La Taberna, en Orizaba, supuestamente operando para un jefe de plaza de Los Zetas, Juan Marquez Balderas, alias El Chichi, a quien la Fiscalía de “Culín” dio por muerto y meses después fue aprehendido en un retén.

Terrible final el de Pedro Tamayo Rosas. Huía de la muerte, se refugió en Oaxaca, lo halló la Fiscalía de Veracruz, la fiscalía duartista, y lo repatrió con la promesa de seguridad y paz.

Volvió a Veracruz sólo para morir violentamente.

Archivo muerto

Lacayos de Javier Duarte, los diputados cómplices ya consuman el atraco a las finanzas de Veracruz. Se filtra el dictamen suscrito por once legisladores, constituyendo el fideicomiso con el que se le pagará a los acreedores duartistas, las empresas de los amigos, empleados y socios políticos del gobernador. Es un albazo, acusa en las redes sociales y en su portal Crónica de Xalapa, exhibiendo la trastada de Javier Duarte y sus 40 ladrones. Ahí se dispone que el impuesto del 3 por ciento a la nómina sea para cubrir hasta por 10 años la deuda que hereda el gordobés, desvirtuando su origen, la obra pública, y que entraña un agravio más. Conforman la lista de acreedores las empresas duartistas, que nunca le hicieron un servicio al gobierno, que nunca cumplieron con obra alguna, los medios que son su aplauso indigno simulaban que le hacían imagen al desgobernador. Va el dictamen y lo aprobará la la mayoría priista y sus satélites, validado por la rémora Callejas, el pastor de los indignos rufianes que constituyen el Cártel del Congreso… Como es un impuesto que se lo van a robar, allá quien lo pague. De ahí que Miguel Ángel Yunes inste a los empresarios a no aportar, ofreciendo el gobernador electo que una vez en el cargo habrá de eximir de multas y recargos a quienes no lo hayan manifestado. Lo expone en video, inundadas las redes sociales, expresando que el fideicomiso urdido entre Javier Duarte y sus diputados cómplices es lesivo para las finanzas de Veracruz, saldando deuda con la runfla que robó y ayudó a robar al gobernador, con empresas fantasma y servicios inexistentes. Así que allá quien lo quiera pagar. No habrá sanción… Semana fatal la de Arturo Bermúdez Zurita. Le exhiben sus negocios de seguridad privada, en ellos sus hermanos, mamá e hijos como socios, su operador cobrando más de 71 millones de pesos a la Secretaría de Seguridad Pública, y ahora enfrenta una denuncia penal. Lo acusa el autor del sainete, Miguel Ángel Yunes Linares, el que destapó la cloaca, el que mostró la evidencia de que el falso “general” es patético como secretario de Seguridad Pública, pero exitoso como empresario de la seguridad privada, la hotelería, la operación inmobiliaria, el transporte, el pulque, la torta, la aviación y los casinos. Junto con Antonio Gómez Pelegrín, titular de Finanzas y Planeación, fue denunciado Bermúdez Zurita ante la Fiscalía General de Veracruz por tráfico de influencias, abuso de autoridad e incumplimiento de un deber legal. Uno y otro, Bermúdez y Gómez Pelegrín, incluyeron en la relación de acreedores a las empresas del Clan Bermúdez y al socio clave de los trastupijes, Roberto Esquivel Hernández, el oscuro personaje que unas veces es comisario y otras apoderado en las sociedades mercantiles. Hayan retirado o no a Roberto Esquivel de la lista de acreedores, apenas estalló el escándalo, los actos de autoridad son hechos consumados, tácitas violaciones a la ley… Ego puro el de Rocío Nahle. Invita a su informe de actividades y lo adorna con un colage de imágenes donde la estrella bajada del cielo es Rocío Nahle. Fotografías con quien sea, en la Cámara de Diputados, micrófono en mano, en la tribuna mayor, con la bandera a su espalda, en comisiones. Primero el ego, luego el ego, siempre el ego. ¿Y los resultados de su gestión? No propuestas. Resultados… A celebrar todos. Fanática de toda celebración, Judith González Sheridan —July Sheridan para los amigos— quiere fiesta una vez que el Tribunal Electoral de Veracruz desechó impugnaciones de los partidos que la contienda. July es ya diputada electa por Minatitlán y su primera reacción es celebrar. No falta quien proponga que mejor trabaje, que para eso la contratan los votantes. ¿Sabrá que el Congreso de Veracruz nada tiene que ver con un gimnasio y mucho menos con un antro, que son su pasión?…

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