Rúbrica

Por Aurelio Contreras Moreno

29 de julio de 2016

La aprobación de la reforma al artículo 4º de la Constitución del Estado de Veracruz para penalizar la práctica de abortos en la entidad, al conferirle al gobierno la obligación de garantizar la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte “natural”, fue un escandaloso compendio de doble moral e hipocresía.

En primer término, fue repugnante la manera como los diputados de la LXIII Legislatura callaron ante las amenazas, públicas y en abierto, del clero católico, que anunció un día antes que denunciaría penalmente a los legisladores por no dictaminar la enmienda constitucional. Nada que ver con la actitud bravucona de semanas antes en contra de los críticos de sus otras reformas, también lesivas para los veracruzanos, cuando exigían respeto y alto a las presiones contra el Poder Legislativo. Con la Iglesia Católica doblaron la cerviz y escondieron la cabeza en la tierra.

El comportamiento del clero católico no fue mejor. Envalentonada ante el vacío de autoridad y de poder que priva en Veracruz, la Arquidiócesis de Xalapa violó el Estado laico sin pudor ni decoro, amenazó a un poder constituido del Estado y, en un exceso para no olvidar en mucho tiempo, utilizó las mismas tácticas del gobierno de Javier Duarte de Ochoa para presionar durante la votación: acarreó religiosas -sí, mujeres, no hombres- para que llenaran las butacas del Congreso del Estado y vituperaran a las feministas que acudieron a protestar. Sólo les faltaron los porros que agarraran a golpes en los riñones a los reporteros o les lanzaran tabiques a la cabeza, como en las últimas ocasiones.

Más que falaz también fue la actitud de los diputados locales de Acción Nacional, que esta vez no dudaron en votar en consonancia con los del PRI, pero para disimularlo, afirmaron que el gobernador Javier Duarte se había “fusilado” la iniciativa antiabortista, a pesar de saber que sin el impulso del gobierno estatal, ésta jamás se hubiera aprobado, pues ni siquiera está en la agenda programática y política del PRI, ni en la del Gobierno Federal.

Ni qué decir del gobierno y de Javier Duarte, quien al término de la votación expresó vía Twitter su beneplácito y felicitó a los diputados por “decirle sí a la vida”. Vida que ha sido segada, arrancada con lujo de violencia a miles de personas en Veracruz, nacidas, durante su sexenio. Pero que con esto cree que expiará sus culpas en agua bendita.

Mientras los sectores más conservadores y la alta jerarquía católica se rasgan las vestiduras porque una mujer aborte, calla ante los excesos del propio clero en contra de esos niños cuyo nacimiento “defiende”. Para no ir muy lejos, no hay que olvidar el caso del sacerdote Rafael Muñiz López, el cibercura pornógrafo y pederasta conocido como “lobo siberiano” por su cuenta de correo electrónico, que fue protegido por la Arquidiócesis de Xalapa y que se encuentra impune. “El sacerdote Rafael Muñiz es una persona inocente. Yo incluso le dije que no sabía por qué Dios le había puesto esa prueba, pero que tenía que aguantarla”, declaró en junio de 2012 el arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios.

Y para que no quede duda de que nada ha cambiado todavía en Veracruz, mientras participaba en una rueda de prensa para oponerse a la reforma, fue allanado -con amenazas de por medio- el domicilio de la directora del Instituto Municipal de las Mujeres de Xalapa, Yadira Hidalgo González, cuya postura en contra de la penalización del aborto ha sido decidida y de mucho tiempo atrás.

Y en medio de todo esto, ninguna reforma legal impedirá a una mujer que aborte si así lo ha decidido. Sólo que las que cuentan con los recursos económicos suficientes lo harán con seguridad y hasta en el extranjero, mientras las pobres, las que son violadas en la sierra o en la ciudad, tendrán que exponer su vida y quizás perderla.

Es la doble moral de quienes se creen guardianes y salvadores de la virtud ajena, y no son más que émulos de los fariseos que entregaron a Cristo a los romanos. Hipócritas.

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