Crónicas Urgentes
Por Lenin Torres Antonio
25 de julio de 2016

El agotamiento del modelo global en que paulatinamente se había venido organizando la vida pública es evidente, los grande bloques políticos y culturales se erosionan ante los nacionalismos, y el fracaso económico que ha permitido la desigualdad y el deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población, las riquezas que genera el mundo se concentran en unas cuantas manos imposibilitando la justicia social, y la perspectiva de un mejor futuro de las nuevas generaciones, permitiendo ominosamente que varias generaciones de humanos que aun sin nacer, sean condenados a la pobreza y la mendicidad. El marco simbólico mínimo que contenía las pulsiones y el narcisismo del hombre se está desquebrajando, el “acto violento” lo ha sustituido, y el mayor índice de violencia e intolerancia constituyen los comportamientos habituales de los seres humanos. No hay más que echar una mirada a los medios de comunicación para darnos cuenta que estamos en guerra, las convenciones y el contrato social suscrito por el hombre es sustituido por la fuerza y el poder de unas cuantas naciones y particularmente de unas cuentos grupos de humanos, ya sea personificados por grandes monopolios, familias reales, asociaciones civiles, gobiernos, e incluso líderes religiosos.

La consecución de formas refinadas de organizar la vida pública, y permitir la socialización, y un vínculo humano sano resulta en una ficción que se colapsa por los apetitos egoístas y ambiciosos de la ciega clase política y económica, que deja en el deterioro conceptual y pragmático al Estado democrático. Este deja de ser la forma más refinada de organizar el poder ciudadano y obtener una dirección con certeza de futuro, y viabilidad a la vida en sociedad.

El agotamiento de esa espiral global que pareciera que era hacia donde se debía dirigir los esfuerzos humanos de comunidad, es decir el pasaje de la aldea primaria y particular a la <aldea luminoso global> moderna, que de una u otra forma desfiguró los rostros y la identidad de los mismos grupos, y de cada una de los humanos que las han habitado, imposibilitados de sentirse reflejados en ese espejo de la globalidad. Esa  incapacidad de establecerse una relación armoniosa entre las partes y el todo convirtió al <ser ahí> en un <ser centrifugo> que se esparció en la virtualidad, y el ser humano dejó de reconocerse ante el espejo más que como un otro extraño, y con un profundo malestar dentro de la cultura global. Ya no hay letra que alimente la tolerancia, y el lazo social pende de un hilo, respiramos dificultosamente las creencias que sostenían los vínculos humanos. A veces el encuentro con el otro resulta explosivo e imposible. Ya ni siquiera la sexualidad sirve de sostén de nuestro marco simbólico, ni <la razón práctica> nos sirve para detener el proceso de autodestrucción.

El clamor que demanda unos nuevos Diálogos de Platón, se topa con la ausencia de referentes de genios y teorías que apunten hacia esas letras ausentes sobre la condición humana, no hemos ido más allá de concebirnos como seres privilegiado dotados de razón y sentido de comunidad, aunque esa visión e imagen se sustituya continuamente por el de <seres de la muerte> sumergidos en un proceso de entropía que tarde que temprano lo llevará a la extinción. Si desde esos diálogos hemos continuado abrevando es justo decir que hemos desgastado el mundo de las ideas, y nuestra pobre entelequia para encontrar las respuestas en nosotros mismos no nos puede responder a qué somos ni cómo llegamos a ser eso que somos, más que con un saber fatal e insatisfactorio pensando que podríamos ser algo más de lo que somos, la vanagloria del hombre racional nos avergüenza ante las escenas de perversidad y locura.

Este proceso de desfiguración nos llevo a pensar que los Estados Supranacionales eran la alternativa de la condición gregaria, y que la centralidad global podía vérselas con la ayuda de un proceso de adoctrinamiento con lo pulsional del ser humano, y con el vinculo identificatorio que construye la consciencia de cada uno de los seres humanos de lo que somos y queremos ser, si bien es cierto esto venía funcionando con el sistema de consumo, los ideales eran transformados en ideales locales: el buen ejemplo fue el deporte que continuó conservando esas particulares raciales que se filtraba por los poros he enchinaban la piel al escuchar los himnos nacionales ante la victoria perpetrada. El fracaso se consuma al intentar construir a un <Hombre Universal> con una sola fisonomía y una sola mente; y ese hombre universal occidental es una ficción, lo real es la diversidad y la multiculturalidad, la singularidad cognitiva y el solipsismo existencial, el hombre singular dotado de solidaridad para la contención y el reconocimiento del otro en su condición de semejante.

El modelo global se fue construyendo paulatinamente a partir de englobar y administrar a las formas mínimas de asentamientos humanos, ya sea a través de la fuerza o la ideologización, fue así como llegamos a concebir una célula social representativa que es el Municipio, y más adelante el Estado y la Federación, hasta configurar las figuras supranacionales como ha sido la Comunidad Europea, y las agrupaciones económicas supranacionales inspiradas por el sistema neoliberal.

Esas partes mínimas representativas municipales, que en un principio no tenía las grandes poblaciones que tienen hoy en día, pudieron establecer cierta plausibilidad de comunicación con las Totalidades Políticas (Estado y Federación). Las partes municipales hoy en día sufren un proceso de retroalimentación inequitativo, el Estado y la Federación son interlocutores sordos, ciegos e ineficientes para reflejar el sentido de pertenencia desde lo local, y mucho menos, para traducir el sentimiento de pertenencia, y la problemática que padecen los municipios.

El modelo, occidentalmente hablando mas acabado fue el Estado Democrática, forma de organización social que tiene que ver con una centralización del poder político, económico y administrativo, y desde ahí, con una centralidad exacerbada se alimenta la estructura municipal, aunque las condiciones demográficas de los municipios sean totalmente diferentes al origen de la construcción de este modelo de organización y administración política y social.

Ante la crisis de este modelo, se necesita revertir el modelo de los pactos federales, y fundamentalmente, retomar la fortaleza del todo a partir del fortalecimiento de sus partes municipales, por lo que se hace una exigencia que ese modelo vuelva a pensarse, teniendo como vértice de ese repensar la vida política de lo público, al elemento mínimo-máximo de la organización política de nuestra sociedad que es el Municipio.

El neologismo <República Municipal> significa simple y llanamente que la cosa pública debe organizarse con y para los municipios, es decir, el modelo de organizarnos política, económica y socialmente tiene que basarse fundamentalmente en el municipio, La República o cualquier modelo global deben ser esencialmente <Los Municipios> etc.

Ante la crisis de los modelos globalizantes, totalitarios en ese sentido, se necesita revertir el centralismo de poder hacia los Municipios, esto implica no tan sólo atribuirles autonomía, sino también capacidad legislativa, judicial y ejecutiva. Es decir, que el Municipio debe ser el vértice fundamental de la construcción del nuevo escenario político y legal.

El principal problema de la actual teoría social, que tiene su máxima expresión en el Estado Democrático, ha sido que no ha podido resolver el problema de la pobreza, su vigencia como expresión máxima de la civilidad ha sido cuestionada por esta realidad, por lo que ante ese fracaso se debe pensar que lo modelos globales distan de ser la respuesta a esa deuda histórica y esa dialéctica perversa del rico-pobre, sin posibilitar un síntesis que resuelva esa contradicción. El Estado Democrático ha sucumbido a la vorágine egoísta individualista del propio hombre y se ha visto imposibilitado de contenerlo, por lo que los cuerpos de Estados Democráticos Enfermos de Pobreza pululan por doquier

Debemos vislumbrar una sociedad con una consciencia crítica capaz de repensar la viabilidad del modelo político y legal del Estado Centralista Global, que no ha podido responde a solucionar los graves problemas que padecen los pueblos del mundo, ya sea por la acumulación perversa de las riquezas en manos de unos cuantos, ya sea por la entropía que demanda el retorno al origen inanimado, o por el propio agotamiento conceptual y pragmático. La verdad es que ese modelo global ha sido incapaz de experimentar la problemática social desde la vecindad, desde la cercanía, desde el origen, desde la cotidianidad, desde la ciudadanía, y que si, y solamente si, los Estados Municipales pueden hacerlo. Hay que constituir una República Municipalista.

Una auténtica revisión de la vida pública y la efectividad de los marcos conceptuales republicanos, pasan por el fortalecimiento del municipio, y esto implica no tan sólo autonomía del Municipio, sino permitir cambiar el actual modelo de municipio carente de capacidad de decisión, solidaridad, administración de sus recursos, así como de plenitud legislativa, ejecutiva y judicial.

El mundo necesita una vida democrática <republicana municipalista> sólida y eficiente.
Se necesita poner en el tema de discusión una Política Municipalista, porque una auténtica revisión de la vida pública y la efectividad de los marcos conceptuales republicanos, pasan por el fortalecimiento del municipio, y esto implica no tan sólo autonomía del Municipio, sino permitir cambiar el actual modelo de municipio carente de capacidad de decisión, y protagonismo política en la construcción de toda agenda nacional (global).