Por David Quitano Díaz

29 de julio de 2016

La política es la oportunidad de hacer el bien masivamente

José Iturriaga Sauco

De acuerdo con Luis Aguilar, la gobernabilidad puede entenderse como la situación en la que concurren un conjunto de condiciones favorables para la acción de gobierno, que se sitúan en su entorno o que son intrínsecas a éste (servicios de calidad, representación política, seguridad o arreglos institucionales con la población etc.)

Al respecto, en México dicho panorama es sombrío, la sensación referente a la gobernabilidad por parte de los diferentes órdenes de gobierno, trazan una pendiente muy intensa, a partir de que la capacidad del gobierno para contrarrestar los problemas públicos brilla por su ausencia.

Para muestra de ello, en el último mes ha aumentado el número de casos en los cuales podemos observar la ausencia de gobernabilidad, dichos ejemplos son el quehacer diario de la CNTE en Oaxaca, la cada vez más alta presunción de saqueo del erario, la tasa de 23 homicidios por cada 100 mil habitantes, etc.

Es preocupante, porque la consolidación democrática está asociada, entonces, aun factor propiamente histórico-político, ello implica la renuncia de lo mal que se venía haciendo, por algo novedoso y participativo.

De continuar así, el resquebrajamiento institucional permanecerá siendo la fuerza tectónica que abre paso para que cualquiera que diga lo contrario al Status Quo, parezca una opción como gobernante.

Lo peligroso de la ingobernabilidad, recae en que balea a la democracia, que por muy imperfecta que sea, se presenta con el distintivo de ser la mejor esperanza que tienen quienes con nada cuentan.

De esa manera, es que en la agenda nacional, estatal y local, debemos rescatar temas sensibles como la desigualdad, pobreza y seguridad, a partir de que en la medida en que resolvamos dichos factores, podremos poner en las mesas de los representantes temas “impopulares” que demandan talento, y las grandes crisis se resuelven con dicha característica, no solo con ganas.

Tal parece que nos hemos vuelto solo espectadores de una tragicomedia que tiene como primer actor a una clase gobernante que ha perdido completamente la brújula.

La crisis internacional junto a los medios de comunicación, han abierto la puerta a nuevas formas de organización y participación social, que cada vez mas no pasan por los partidos ni los gobiernos, estos últimos ante la inoperancia son recurrentemente exhibidos por sus incapacidades.

Hacer efectiva dicha tendencia en México, será un proceso largo y sinuoso, pero podemos comenzar a educar al conjunto social desde nuestros espacios, ya que en la educación está la clave para dejar atrás todas las ataduras que nos postran a la inmovilidad y el deterioro.

En ese sentido, la gobernabilidad ya no implica solamente la unilateralidad por parte del gobierno, el funcionamiento recae en el consenso y la concertación.

Recordando: Tenemos en nuestras manos el mañana, y pensar que la gobernabilidad es buena para todos es la mejor manera.