CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma Villanueva
09 de julio de 2016

Mal andan las cosas en Veracruz cuando ciertos sectores de la sociedad se manifiestan contra medidas adoptadas por el gobierno, señal que algo no está funcionando bien porque deriva en expresiones de desacuerdos y descontentos. Guardadas las dimensiones de circunstancias, personajes, tiempo y lugar, lo que ahora ocurre en Veracruz trae a la memoria aquel enfrentamiento del presidente Echeverría con los terratenientes del norte de la república ya a fines de su mandato; también en el ocaso del suyo, José López Portillo enfrentó crisis en sus relaciones con el sector empresarial que desembocó en la “nacionalización” de la Banca, un gran paquete heredado a su sucesor, Miguel de la Madrid, quien estuvo en desacuerdo con medida tan extrema. Ahora, en esta aldea jarocha se manifiestan, cada cual a su manera y perfil, jubilados en las calles exigiendo el pago de sus derechos, los empresarios expresando sus desacuerdos en foros, y el gobernador electo advirtiendo las consecuencias de las desatinadas medidas dictadas desde el Poder Ejecutivo al Legislativo estatal.

Pareciera que la historia hace labores de Penélope, aquella dama fiel a Odiseo (Ulises) que destejía por las noches lo tejido durante el día para evitar concluir el sudario, pues una vez lo cual tendría que casarse con alguno de sus muchos pretendientes. Pero la Historia también es caprichosa y teje a discreción la vida del hombre, su materia prima; hace y deshace, repite a su entera voluntad, acaso no percibido porque la memoria colectiva es porosa, cual disco duro de escasa capacidad de almacenamiento, pronto olvida y luego entonces se expone a tropezar con la misma piedra. De allí que en la relación Historia-Hombre se insiste en que “la historia, cansada de crear se repite”, pero al final, la cruda realidad enseña que la Historia sólo se autocopia y acondiciona sus aconteceres a las nuevas circunstancias.

Lo podremos comprobar trayendo a mente aquel turbulento final de sexenio de Luis Echeverría Álvarez, cuando en su animosa vocación expropiatoria pretendía ejidizar las feraces tierras de noroeste mexicano y en esa vorágine, como moderno Cronos, devoró a uno de sus delfines favoritos, el gobernador de Sonora Carlos Armando Biebrich, a quien destituyó del cargo porque le opuso resistencia al lado de los agricultores, que al final lograron atajar parcialmente el despropósito gobiernista.

En aquel episódico enfrentamiento con el poder, los empresarios participaron activamente y convocaron a un movimiento solidario, tan fuerte que el propio presidente tomó el teléfono para “dialogar” con el presidente de la cámara de comercio de Ciudad Obregón, Carlos Sparrow, a quien Echeverría conminó: “Le invito, en nombre de los intereses de la patria, a suspender el paro comercial en que está usted empeñado, señor Sparrow.- “Le invito, señor presidente, en nombre de los intereses de México, a devolver las tierras indebidamente arrebatadas a los agricultores”. “…Sólo usted, al parecer, se empeña en desafiarme”, le dice Echeverría; “Ningún, desafió señor. Es una protesta legal y ordenada. O devuelve usted las tierras, o mañana pararemos nuestros comercios”.- “Bien, señor Sparrow, aténgase a las consecuencias.” Echeverría ya se iba y dio el picotazo postrero: el 18 de noviembre de 1976 por decreto presidencial se expropiaron 37 mil hectáreas de riego y 61 655 de agostadero en los Valles del Yaqui y del Mayo, vaya herencia que dejó al sucesor, López Portillo.

Consecuencias hubo, se reflejaron en las elecciones federales de 1979 en el Estado de Sonora donde se eligió gobernador (ganó el PRI), pero el PAN obtuvo una diputación federal, dos diputaciones locales y cuatro alcaldías; entre los vencedores por el PAN estaban los empresarios Carlos Amaya, Vicepresidente de la Confederación Nacional de Centros Patronales (diputado federal) y Adalberto Rosas López, presidente del Centro Patronal del Valle (la alcaldía de Cajeme). Vecinos de Cajeme ganaron las dos diputaciones locales: Claudio Daddoub y José Antonio Gándara. (“No se votó a favor del PAN sino en contra del PRI”, decía el analista Carlos Moncada).

Pero en el PRI-Gobierno no entienden (habrá que ver si en el PAN-Gobierno sí), pues no abrevan en la sentencia de Jesús Reyes Heroles: “Somos el partido en el gobierno, pero no somos el Gobierno. Debemos ser la vanguardia del gran pueblo mexicano” y estamos obligados a apoyarlo contra las acechanzas “ejerciendo al máximo las actividades que nos corresponden para que impere la fuerza de la política y no medre la política de la fuerza”. Esto es lo que menos ha hecho el PRI, pues se solidariza con el aun en las decisiones contrarias al interés general. ¿Qué ha dicho el PRI en el actual diferendo sociedad gobierno en Veracruz? ¿Al lado de los jubilados, campesinos, trabajadores, empresarios? No, simplemente se abstrae del problema, es omiso.

El final del gobierno de López Portillo es un testimonio vivo de lo dramático que puede ser la despedida del poder, en 1982 le escuchamos: “defenderé al peso como un perro”, (pero la moneda se devaluó); también oímos el conjuro: “ya nos saquearon, no nos volverán a saquear”; que fue sólo una premonición desafortunada, porque es iterativa, lo comprobamos en Veracruz en 2010 cuando nos percatamos de lo que había sucedido transcurridos seis años, pero confiábamos que no se repetiría la Cleptocracia, pero la historia empeñada en repetirse nos fustiga y andamos en las mismas en 2016.

alfredobielmav@nullhotmail.com

9- julio- 2016