Camaleón
Por Alfredo Bielma
19 de julio de 2016

En la Segunda llamada se inserta el episodio posterior al trauma provocado por la derrota en 2000, pues perdida la elección, frustrada su esperanza de convertirse en presidente de la república, años más tarde, en junio de 2010 Francisco Labastida Ochoa le confió a Fidel Samaniego (+) de El Universal las peripecias de la aciaga noche de la jornada electoral: “comenzaron las llamadas telefónicas del presidente Ernesto Zedillo. La primera, como a las seis o siete de la tarde, pidiéndome que ya reconociéramos que íbamos abajo en los votos. Mi respuesta fue que todavía no se había cerrado casillas en Baja California y en otros estados, que eso no era posible. Hubo una tercera llamada del Presidente en el mismo sentido. Y luego varias más de Liébano Sáenz, su secretario particular. Insistían. Presionaban. Yo me mantuve firme en mi decisión”… “A la una de la tarde, las encuestas de salida levantadas afuera de las casillas nos daban ventaja de uno o dos puntos. Pero a las tres de la tarde se empezaron a revertir los resultados. A las tres y media hablé con Dulce María Sauri, la presidenta de mi partido. A las cuatro le di indicaciones a Jorge Alcocer de que empezara a preparar el discurso de reconocimiento de la desventaja. Pero en ningún momento dejé de pensar que lo pronunciaría hasta después de las 11 de la noche”… “fue una experiencia dolorosa, traumática. Entonces recordé lo que alguien me dijo un día, que los hombres buenos se conocen en los momentos malos”.

Se había perdido la presidencia de la república, que era una propiedad fedatada desde 1929 a nombre del PNR, que se heredó al PRM en 1938 y este legó al PRI en 1946. Era inobjetable la pérdida de ese bien,  los 13 millones 579 mil 718 de votos obtenidos por Labastida no competían contra  los 15 millones, 989 mil 636 sufragios de Fox; mientras Cuauhtémoc Cárdenas apenas alcanzó a juntar 6 millones 536 mil 780 votos.

Por esos resultados electorales adversos se esperaba la renuncia de Dulce María Sauri Riancho a la presidencia del partido pero, contrario a la frecuencia con la que se habían sucedido los presidentes del PRI en los años previos a la derrota, ella fue ratificada para “iniciar la reestructuración”, que consistía en tres fases: la reforma interna del partido, la relación de éste con el gobierno panista y la relación de los priístas con la sociedad, puntos que fueron agendados para ser ventilados en la XVIII Asamblea Nacional, que sería “fundacional” según se afirmaba.

En la XVIII Asamblea se plantearon reformas estatutarias, así como la necesidad de una nueva estructura partidista en cuanto a organización y gobierno del partido; se reconocía que no había identificación del Partido con las causas populares, que evadió y fue omiso en las crisis derivadas de la crisis económica de 1994 “los errores de diciembre”) y que el PRI había usado su mayoría parlamentaria para aprobar medidas abiertamente anti populares, como el incremento de la tasa del IVA del 10% al 15% (aquel gesto congelado de Roque Villanueva es inolvidable), sin importar que se afectaba severamente el bolsillo de quienes menos tienen, todo para proporcionarle un ligero respiro a las finanzas públicas. También permeaba el fantasma del Fobaproa y la privatización de importantes empresas paraestatales, como Ferrocarriles Nacionales y el proceso de desmantelamiento de la petroquímica nacional, causas eficientes de la derrota. (16 años después, en su renuncia Beltrones se refirió a “políticas públicas” como fuentes del descontento).

En el estado catatónico en que se encontraba el PRI, el 18 de Julio, se nombraron a título de transitorios a nuevos miembros del Consejo Político Nacional, su secretario Técnico, Jesús Murillo Karam, desalentado expresaba: “Antes ocupar un puesto en el CEN del PRI era un honor, una distinción, un privilegio. Hoy y después de la derrota, ocupar un cargo aunque sea transitoriamente, y sobre todo el de Secretario Técnico del Consejo Político Nacional, no es un premio, sino trabajo molesto. (…) Por los ataques y descalificaciones que todos los días surgen de los distintos frentes que se han abierto al interior y fuera del tricolor. Tenemos que ir contracorriente, pulsar las críticas internas y externas, evaluar adecuadamente nuestras verdaderas circunstancias y después de sopesar ambas circunstancias encontrar una solución que en verdad sirva para la construcción del nuevo partido”. (El Fin de una Era, ABV).

No faltaron voces que pedían castigos: “¡Queremos fuera a los ladrones, a los corruptos y a los traidores!”, exclamaba Gustavo Carvajal. “En lugar del cielo prometido les dimos el purgatorio”, decía Labastida quejándose también de la falta de dinero pues previo a la campaña “el partido gastó mucho en medios sobre el “Nuevo PRI”… dejamos de pasar spots en radio y televisión desde diciembre hasta parte de marzo (de 2000)… El bono sexenal para los trabajadores al servicio del Estado se entregaba antes de las elecciones, en el año 2000 se dio hasta después, se retrasó. Pedimos que se apoyara la importación de autos en la frontera, no se concedió. Pedí que se apoyara a la gente defraudada por las casas de ahorro, hubo recursos para el IPAB, pero no para ellas, para las personas defraudadas. (¿16 años después no dijo lo mismo en su renuncia Beltrones?).

Y, sin embargo, el PRI se recuperó porque había circunstancias que habilitaban su relanzamiento: gobernaba en 20 entidades federativas cuya población representaba más del 70% de la población mexicana. Pero antes tuvo que sufrir el trago amargo de ser tercero en el resultado electoral de 2006, superado nuevamente por el PAN y atrás del PRD que quedó como segunda fuerza; situación ocasionada por pugnas internas entre grupos de poder que desembocaron en traiciones de algunos gobernadores del PRI durante el proceso electoral (Madrazo no ganó en ninguna de las entidades en que el PRI gobernaba). Quedó en segundo lugar en la mayor parte de las entidades, no obstante que gobernaba en 17 (tres menos que en el 2000), mientras que el PAN lo hacía en 9 y el PRD en 5, incluida la gran ciudad de México.

Los números electorales del 2 de julio de 2006 determinaron que Roberto Madrazo no pudiera hacer realidad aquello de que “el PRI ya tenía medio cuerpo en Los Pinos”, pues 41.8 millones de ciudadanos mexicanos habían sufragado de la siguiente manera: Felipe Calderón, por el PAN, 14,916.927votos (35.89%); Andrés Manuel López Obrador, por la Coalición por el Bien de todos (PRD, PT, CV) 14,683.096 (35.31%); Roberto Madrazo, por la Alianza por México (PRI, PVEM), 9,237.000 (22.26%); Patricia Mercado por el Partido Alternativa Socialdemócrata y Campesina 1, 124,280 (2.70%) y Roberto Campa Ciprián por el Partido Nueva Alianza 397,550 (0.96%).

Roberto Madrazo Madrazo reconoció: “Yo creo que el PRI, sobre todo después de la experiencia electoral de 2006, terminó un largo ciclo. Este PRI no encaja ya en nuestra sociedad. Tiene que proceder a una transformación profunda, muy profunda, porque no está dialogando con la sociedad. El partido y la sociedad están hablando de cosas distintas, hablan lenguajes diferentes. Tendría que volver a colocarse en sintonía con la sociedad”.  (Continuará en la Tercera llamada ¿y última?).