Por Uriel Flores Aguayo
07 de julio de 2016

Dejando pendiente la actualización del concepto de izquierda, con su esencia pero dinámica, es de obviedad hablar en plural de ellas; nadie debe con seriedad postularse como el portador exclusivo de esas ideas y posiciones políticas. Actualmente se debate si el PRD todavía tiene un lugar en el sistema de partidos mexicanos y sí representa una postura de izquierda. Yo soy de la idea que si tiene su espacio y que legítimamente puede ostentarse como izquierda, sin olvidar sus rezagos organizativos y de línea política; al menos en Veracruz, recuperó parte de su esencia y, ya como parte de la alternancia, puede reconstruirse y relanzarse.

Hay movimientos y partidos, el segundo supone estructura, reglas, vida orgánica y conducción colectiva; el PRD debe reafirmarse como partido político. La lucha por el poder es un proceso necesariamente gradualista, de construcción a plazos, de avances regionales y gira sobre visiones duraderas; no se repetirá el asalto al “palacio de invierno”, “al cuartel de Madera” o al “Moncada”; no hay una tierra prometida que oculte errores y justifique todos los sacrificios.

Una izquierda democrática tiene diversas voces, no explica todo con consignas y trasciende el blanco y el negro. No debe tener un pensamiento único, sin crítica y autocrítica, a riesgo de caer en simplismo y obviedad es elementales. Si va a elecciones, como partidos, debe ser profesional y claramente diferenciada de otras posiciones sobre la base de propuestas y programas. Victimizarnos teniendo jugosas prerrogativas tiene sus límites y fácilmente cae en la demagogia.

El compromiso democrático debe ser un rasgo indeleble de las izquierdas, sin ningún titubeo, con su apuesta consecuente con la legalidad y el rechazo a todo tipo de violencia; si no somos capaces de ganar en votos la voluntad popular no debemos acariciar intentonas de facto. La democracia finalmente no tiene adjetivos. El debate sobre su calidad y eficacia es de otro momento; debe preservarse lo básico. Las izquierdas partidistas no deben recrear el vetusto y nocivo clientelismo que nos hereda el PRI; el clientelismo aunque se vista de izquierda clientelismo se queda.

Las izquierdas deben distinguirse por su lucidez, por sus aportes culturales, por su sentido social, por su compromiso democrático y por la reivindicación de causas y derechos de mayorías y minorías; no se pueden dar el lujo de abrazar banderas conservadoras. Si tienen que correrse al centro político para romper controles autoritarios, como en Veracruz, adelante, son cuestiones tácticas para transitar a la democracia; bien lo vale la libertad y la justicia.

Las izquierdas son nobleza y sensibilidad por definición, se suman a causas justas y son portadoras de formas políticas sencillas; el político de izquierda no viste uniforme pero si se asemeja al ciudadano común. Hay rasgos que perduran en el tiempo, esencias, pero el compromiso con la democracia es más reciente y el más difícil de asumir plenamente. Hay quienes se benefician y forman parte del sistema pero juegan con un discurso contestatario para agradar al público, para atraer simpatizantes a partir de consignas y ocurrencias.

Los movimientos de izquierda tienen su espacio, se respeta; los partidos de izquierda están muy obligados a reflexionar sobre la coyuntura y su papel en ella, a abrir espacios de debate, a fijar posturas claras y sistemáticas sobre el contexto social y los gobiernos, a desarrollar niveles aceptables de institucionalización y conducirse con seriedad. Son colectivos por definición y los promotores democráticos de ciudadania. No sirve la simpleza, la ignorancia, la descalificación y la ocurrencia si aspiramos a una vida pública democrática. La izquierda puede ser muy útil si estudia, es incluyente, abraza causas y sostiene una línea clara respecto del poder.

Ufa.1959@nullgmail.com

Recadito: La dictadura veracruzana termina en barbarie.