La designación de Ochoa Reza como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI trae a cuento aquel diferendo entre políticos y tecnócratas que hubo en el PRI durante la década de los noventa del siglo XX. Una concepción equivocada transmite que un tecnócrata es quien no ha ocupado un cargo de elección popular o de partido, el que ha rondado en oficinas públicas es solo un burócrata, luego entonces un “tecnócrata”. Este es un reduccionismo bastante simple, porque evade el hecho real que un individuo es político si se ocupa de la cosa pública, no solo por la vía electoral sino en la implementación de políticas públicas. Además, otorgarle categoría de “político” a un individuo solo porque logró ser alcalde o diputado es una aventura ociosa del pensamiento porque no siempre el hábito hace al monje, como cientos de casos lo demuestran fehacientemente.