El fuerte diferendo entre el gobernador en funciones y el gobernador electo debido a temas de trascendencia estatal ha relegado en la conciencia colectiva, o al menos en los medios de comunicación, el ingente problema de inseguridad pública que padece la población veracruzana. Aunque también pudiera deberse a que ya nos acostumbramos a esa patología y nuestra capacidad de asombro ha desaparecido, pues no pasa un día en que no haya noticias sobre el descubrimiento de cadáveres en plena vía pública de las ciudades u ocultos en sembradíos, de levantones y de secuestros que forman parte del escenario cotidiano. Hasta el tema de las empresas fantasmas que tantas cosquillas produce se ha difuminado por la frenética actividad legislativa de estos días.