Opinión
Por David Quitano
27 de septiembre de 2016

La confianza del déspota cuelga de la propensión al autoengaño

Jesús Silva-Herzog Márquez

El muro más famoso que divide a México no está en Tijuana o Mexicali, sino es el que existe en el día a día, dentro del territorio nacional, es esa barrera imaginaria la que limita las posibilidades de colaboración, esa que no tiende puentes, ni amplia la visión de un México incluyente.

Nuestra jurisdicción doméstica, efectúa el alcance de barreras que cuestan derribar, porque el individuo actúa solo, en donde la conjunción del planteamiento es un politeísmo de valores en el cual actuar de forma más pasional, que racional se presenta como la constante.

Muestra de ello, es que el fenómeno político inunda los encabezados, y se posiciona por encima, cual pretor por la vida. La decadencia viva, es un laberinto donde hay entrada, pero sin hilo de Ariadna para hallar la salida.  

Como muestra de lo anterior se nos exhibe, la contracción de los indicadores económicos, los cuales, simplemente son un reflejo de la realidad social. Misma que tiene como base el estado crítico en el que se encuentran un cúmulo de gobernadores y el propio presidente Enrique Peña, con datos duros, la gestión del presidente tiene desaprobación del 74% de los ciudadanos que perciben un aumento en la pobreza y la violencia en el país.

Si bien, un Estado en cualquier parte del mundo depende de la funcionalidad de las instituciones que los componen, el caso mexicano halla un espejismo simplificador donde el éxito individual depende necesariamente de la funcionalidad gubernamental.

Sin embargo, como ha mencionado la prestigiada investigadora, Soledad Loeza “en política no todo son instituciones, también hay procesos, creencias, ideas, personas y contingencias que dan al traste con los proyectos originales”. El potencial de desestabilización de las instituciones democráticas que representa la prominencia que ha adquirido el ejército y los cuerpos policiales locales en la solución del grave problema de seguridad interna que enfrenta el país, representa un costo muy elevado para la democracia.

Siguiendo la idea principal del escrito, solo el individuo fortalecido será capaz de participar en una conversación y, por lo tanto, en un progreso social; no la suma de individuos débiles y suprimidos por el sufrimiento y la ausencia de voz.

Al respecto, la realidad latinoamericana nos muestra que, cuando se agota la confianza en las instituciones y los partidos no hacen clic con la ciudadanía, el populismo termina desplazando y acabando con todo. México aún está a tiempo de recobrar la razón de Estado.

Para ello, es necesario trabajar en la legitimidad pública, a partir de que en las relaciones de poder se identifiquen en un doble proceso de legitimación o una “legitimidad de doble vía”.

Por un lado, las instituciones públicas que inciten, promuevan o difundan los diferentes mecanismos de participación ciudadana, ganaran legitimidad al apoyar el fortalecimiento institucional, pues no podría haber legitimidad más que en la medida en que los ciudadanos participen efectivamente en los asuntos que les atañen de forma directa. Y por otro en su ética de responsabilidad.

Dicho vinculo, rompería el circulo ramplón de querer solucionar todo con una ley o un acuerdo, a partir de que ya la sociedad mexicana está harta de que la quieran seguir engañando con cambios ilusorios. Exacerbada por el hambre, el desánimo y la crisis de valores de identidad nacional, sumado a la trama en todas las aristas sociales deben dar respuesta a las vaguedades que conocemos e identificamos como problemas.

Dichos problemas, ahí están, son el muro doméstico, son la loza que cargamos los ciudadanos, que contrae las posibilidades de apalancamiento para el desarrollo y que limita la plenitud en su estricto sentido.   

Recordando:

  • Ya ningún político tiene sangre azul, y en tiempos de crisis todo gobernador feudal puede servir de hidratante al Leviatán.
  • El peso es la moneda más ganadora después del debate entre los candidatos a Presidente de Estados Unidos.