POR SI ACASO…
Por Carlos Jesús Rodríguez Rodríguez
20 de septiembre de 2016

*Asesinan a dos prelados
*Entre perdón y protestas

EN MEDIO de las denuncias que integrantes del PRI han interpuesto contra miembros de la Iglesia católica por, presuntamente, haber intervenido en la elección de Gobernador el pasado cinco de junio, y ante un escenario adverso para esa grey tras los ataques vertidos contra grupos de la comunidad lésbico-gay a quienes el presidente Enrique Peña Nieto busca darles certeza jurídica mediante una iniciativa que pretende legalizar los matrimonios del mismo sexo y su derecho a la adopción, en Poza Rica han sido ejecutados dos sacerdotes de la Parroquia de “Nuestra Señora de Fátima”, quienes la madrugada de este mismo día fueron sustraídos de ese templo –junto con un auxiliar que, por fortuna salvó la vida-.

SE TRATA de los presbíteros Alejo Nabor Jiménez Juárez y Alfredo Suárez de la Cruz, y el hecho ha causado conmoción en la diócesis de Papantla –a la que pertenecían-, pues al ser ministros de culto religioso nadie imagina motivos para un atentado que les costara la vida, aunque a decir verdad, no existen motivaciones suficientes para que un ser humano arrebate la existencia a otro de su misma especie, pero sucede en este País, y en la zona de Papantla-Poza Rica las ejecuciones, secuestros, asaltos, extorsiones o “levantones”, se han acentuado en los meses recientes, a tal grado que, en muchos casos, cuando los familiares de la víctima no pagan el rescate, los delincuentes asesinan al plagiado a las puertas de su hogar.

NO ES común, sin embargo, que se ejecute a sacerdotes, y el caso más reciente ocurrido en el Estado data de noviembre de 2013, cuando en el interior del curato de Ixhuatlán de Madero el clérigo, Hipólito Villalobos Lima y el vicario, Nicolás De la Cruz Martínez, fueron encontrados muertos, lo que provocó fuerte indignación en la Diócesis de Tuxpan a la que pertenece Ixhuatlán. Los religiosos habrían sido asesinados, pero la Fiscalía Estatal jamás reveló mayores detalles, y la Iglesia católica, a diferencia de sus protestas contra la comunidad Lésbico-Gay, guardó silencio cómplice.

EL, ENTONCES, procurador de Justicia, Felipe Amadeo Flores Espinosa, solo dio a conocer que iniciaron investigaciones; que había cuatro personas detenidas vinculadas con ese doble crimen, pero de ahí nada pasó aun cuando se dijo que la dependencia había integrado un grupo especial de agentes investigadores para el esclarecimiento total de los brutales acontecimientos. Pero por aquellos hechos nadie protestó, ni católicos ni sacerdotes, acaso porque así convenía a los intereses de los jerarcas –como ha ocurrido tantas veces-, y por los muertos lloraron acaso familiares y algunos conocidos. Hoy nadie se acuerda de ese episodio, y todos parecieran contentos con la ineficacia de una policía que no aclara crímenes y un Clero que cuando le llegan al precio, prefiere el silencio encubridor.

HOY, NUEVAMENTE, han sido ejecutados dos sacerdotes, ahora de la Diócesis de Papantla, y nadie dice nada. La marcha del próximo sábado del Frente Nacional por la Familia será para protestar contra la iniciativa presidencial que busca legalizar los matrimonios del mismo sexo y su derecho a adoptar, pero el crimen de los prelados pasará a segundo término –y ni siquiera serán mártires de su Iglesia-.

LO QUE sería lamentable, sin embargo, es que aprovechando la coyuntura y “buenas relaciones” del Clero católico con el Gobierno de Javier Duarte –luego de que éste ordenara a priistas y aliados en el Congreso aprobar la iniciativa de “Vida Desde la Concepción”-, se buscara culpables de ese crimen entre las comunidades lésbico-gay y se desatara una persecución contra esos grupos, y aunque la posibilidad es remota, todo puede suceder en este Veracruz de simulación.

MÉXICO ES una de las naciones donde más sacerdotes son asesinados, pues de acuerdo a la Unidad de Investigación del Centro Católico Multimedial (CCM), durante 2015 el crimen organizado dio muerte a tres prelados, aumentando a 50 las personas vinculadas a la Iglesia católica ejecutadas en los últimos 25 años. Tan solo en los dos primeros años del gobierno del presidente Enrique Peña Nieto se suscitaron seis casos confirmados de homicidio de sacerdotes, además de tres presbíteros desaparecidos, y lo peor es que en los años siguientes se ha registrado un repunte de agresiones contra religiosos, lo que convierte al País en un riesgo para quienes ofician la fe católica pero, sobre todo, para aquellos que en confesión revelan secretos que acaso las bandas rivales busquen conocer.

LO CIERTO es que otros hechos de violencia contra el Clero están relacionados con motivos pasionales, esto es, sacerdotes que sostienen relaciones con mujeres casadas o, en el peor de los casos, con jóvenes –que son víctimas de fanatismo o chantaje- o sujetos que, finalmente, al no recibir la paga a la que estaban acostumbrados, terminan por asesinarlos, aunque se da, también, el contexto del abuso a niños cuyos progenitores deciden no perdonar.

TAL VEZ por lo disímbolo de las motivaciones que originan esos crímenes, es el por qué la Iglesia Católica guarda silencio ante los mismos, en tanto protesta contra la comunidades lésbico-gay que solo demandan se respete su derecho a decidir con quién desean compartir su vida, y ojalá este nuevo asesinato de dos sacerdotes –sacados violentamente de una parroquia mientras dormían-, no engendre o aliente esa guerra que ya sostienen contra los homosexuales, soslayando que el libre albedrío o libre elección es la creencia de aquellas doctrinas filosóficas que sostienen que las personas tienen el poder de elegir y tomar sus propias decisiones.

OJALÁ ESTA vez los curas decidan protestar contra la ineficacia del Gobierno de Javier Duarte de Ochoa en materia de seguridad, o acaso decidan callar, como lo han hecho tantas veces cuando asesinan o agreden a un sacerdote católico, conscientes de que sacan más haciendo caso omiso que levantando la voz contra las injusticias de un Gobierno que ya no tiene remedio. Así de simple…

OPINA

carjesus30@nullhotmail.com