CAMALEÓN
Por Alfredo Bielma
09 de septiembre de 2016

Según sus biógrafos, sin importar el sol del mediodía, Diógenes “El Cínico” transitaba entre la gente exclamando: “Busco un hombre, busco un hombre honrado que ni con el candil encendido puedo encontrarlo”. Diógenes vivió del 412 A.C al 323 A.C., de allá para acá ha corrido mucha agua bajo el puente, tanta que mueve a reflexionar y acaso concluir que eso de la honradez no es consustancial a la naturaleza humana sino prenda cultural de cada quien, y que no es necesario ocuparse en el servicio público para negarlo o para ratificarlo.

Pero, al menos en México, en donde estamos despertando de la larga modorra que nos ha caracterizado como pueblo para darnos cuenta a ciencia cierta que la corrupción ha sido un mal social incubado a partir de la conquista, incentivado en la Colonia y proseguido con mexicana alegría durante las centurias de la Independencia; es decir, son casi 500 años conviviendo con esa tara social que de tanto practicarla ya forma parte de nuestra genética cultural, nos guste o no.

Ni López Portillo con su lema de “La Solución Somos Todos” transfigurado por el pueblo en “La Corrupción Somos Todos”, ni Miguel de la Madrid con su “Renovación Moral” dimensionaron bien a bien el monstruo al que intentaron tímidamente hacer frente, simplemente fracasaron; en mucho debido a la simulación que campea entre los “servidores” públicos, considerada ya una de las facetas con las que se encubre la corrupción. Se simula que se hace lo que no se hace, y esto lo quiso expresar en su retórica estridente Luis Echeverría en uno de sus primeros discursos como precandidato a la presidencia de la república: “estoy inconforme con los que dicen trabajar, y no trabajan, estoy inconforme con los que dicen enseñar, y no enseñan…”.

Acá en la aldea veracruzana tenemos casos que transparentan la fea manera en que el político encubre sus fracasos, sus deficiencias o ineptitud, algunos han sido reconocidos por la sabiduría popular como ingeniosos: “gobierno cercano a la gente”, “gobierno itinerante” para citar los más recientes Del nunca completamente mal ponderado, fabuloso, desgobierno fidelista. Ya ni hablar del “vamos bien y viene lo mejor” que con ansiedad nos quedamos esperando, o del “Veracruz ya cambió”, que hasta ahora nadie reconoce como un aserto con bases reales.

Pero también existen casos que provocan ternura por su inocencia: lo ejemplifica uno de los muchos Secretarios de Comunicaciones del actual gobierno estatal, Guillermo Herrera Mendoza, quien en febrero de 2011 para justificar el retraso en los trabajos del túnel bajo el río Coatzacoalcos, lo atribuyó  a la lentitud al Instituto de Antropología e Historia que trabajaba en el rescate de vestigios arqueológicos encontrados en la zona de esa obra, pero el Instituto negó la culpa. Ese retraso provocó que no se aprovechara el tiempo de la “ventana meteorológica”, que se ocupó de definir: “El atraso que fue casi de dos años se debe a lo siguiente, se entiende por ventana meteorológica el período del año en el que el caudal del río Coatzacoalcos permite la navegación y colocación de los elementos del túnel, que generalmente es entre los meses de febrero y mayo”, sin palabras, porque con ventana o sin ventana la obra prosigue inconclusa.

Qué decir del sucesor de Herrera en Comunicaciones, Raúl Zarrabal, quien en noviembre de 2012 ante los diputados adelantó un extraordinario programa de obras, reservadas ya a la nostalgia de los tiempos. Aseguró a los legisladores de la Comisión de Comunicaciones que el gobierno estatal sentaba las bases para “los próximos ejes carreteros” que impulsarían el desarrollo económico de Veracruz, y tal vez los durmió al referirles que la longitud carretera de Veracruz es de 26 mil 245 kilómetros, “equivalentes a recorrer en línea recta 8.7 veces la distancia entre Mérida y Tijuana o darle la vuelta dos veces al perímetro de la república mexicana…”. Pero el cuento prosiguió:

 “Hoy hemos dado cuenta de los avances que presentan los proyectos, estudios y gestiones para liberar el derecho de vía, con los cuales se podrá iniciar el próximo año, además de la célebre autopista Tuxpan- Tampico, la construcción de las autopistas Córdoba-Xalapa; el periférico sur de Xalapa; la autopista de Los Tuxtlas y la modernización del aeropuerto de Xalapa” (alcalorpolitico.com). La autopista Córdoba-Xalapa, cuyas especificaciones serían tipo A2, de 71 kilómetros, con 5 entronques, 66 pasos inferiores vehiculares, 27 puentes viaducto y un paso superior de ferrocarril”. También se construiría la autopista a Los Tuxtlas, una carretera tipo A2 de 57 kilómetros de longitud, con 4 entronques, 25 pasos inferiores vehiculares y 6 puentes… Al aeropuerto de “El Lencero” se modificaría su pista de aterrizaje de dos mil 300 metros de longitud, calles de rodaje, plataformas, torre de control, sistema de extinción de incendios y edificio terminal de pasajeros. A Xalapa se le construiría el periférico sur, que sería una autopista tipo A2 de 19.5 kilómetros de longitud, con 3 entronques, 12 pasos inferiores vehiculares, 2 puentes viaducto y un paso superior de ferrocarril.  También las carretera Sihuapan-Salto de Eyipantla y la de Alto Lucero-Plan de las Hayas. Por supuesto, se construiría el libramiento de Tlacotalpan, así como el Túnel Sumergido de Coatzacoalcos.

Y así fueron pasando los años, no tantos como de Diógenes ahora, pero todo quedó igual o peor que cuando empezamos.

alfredobielmav@nullhotmail.com

8- septiembre 2016.