Pulso crítico
Por J. Enrique Olivera Arce
22 de septiembre de 2016

Si en “la Viña del Señor”  hay de todo, cuantimás en una sociedad plural, heterogénea, con profunda desigualdad y diversos niveles tanto de pobreza como de acumulación de riqueza, en la que, como la mítica “Torre de Babel”, cada quien piensa,  habla y actúa conforme le va en la feria.
De ahí que tanto en lo político como en lo social, unidad y homogeneidad sean tan utópicas como el pretender alcanzar la igualdad absoluta en torno a un pensamiento único. Derivándose de esta realidad inobjetable la conformación de diversas fuerzas políticas que, actuando en consonancia con intereses concretos,  determinan el rumbo de la vida económica, política y social en el quehacer cotidiano individual y colectivo, dando lugar a un permanente conflicto entre unas y otras, así como al interior de cada una de estas fuerzas.
En el cómo se conforme, exprese, se relacione e interactúe, pese e influya en el colectivo social cada una de estas manifestaciones, deviene lo que conocemos coloquialmente y sin mayor análisis como correlación de fuerzas, imponiéndose unas y subordinándose otras, siempre dentro del marco de una lucha de clases que, por cierto ni está muerta ni andaba de parranda, está viva y actuante en el conflicto permanente entre las clases dominantes y las subordinadas.
En este contexto descrito de manera simple, a mi juicio, siempre a mi juicio, la elección del gobernador de dos años para Veracruz permitió observar una modificación relevante en la correlación de fuerzas en el terreno electoral, imponiéndose aquella corriente partidista que mejor supiera capitalizar el descontento y hartazgo de una sociedad agraviada, más no así necesariamente en cuanto al peso, determinación y toma de conciencia de la necesidad de cambio y transformación que la entidad exige con urgencia.
Descontento y hartazgo son manifestaciones sentidas coyunturales que no necesariamente reflejan peso e influencia de una corriente dada en la correlación de fuerzas en el horizonte de mediano y largo plazo; ni responden a criterios de homogeneidad ni el aparente consenso que inclinara la balanza electoral a favor de una cuestionada alianza partidista, se corresponde con las necesidades reales de un cambio estructural de fondo que modifique la marcha general de un Veracruz postrado, sin rumbo cierto ni brújula que le oriente.
El descontento y hartazgo expresado en las urnas responde a intereses y motivaciones diferentes. No es lo mismo el que lo exprese un empresariado ramplón frustrado ante la ausencia de inversión pública que “salpique”, que la manifestación del jubilado privado de su fuente de ingresos, o la de amplias capas de las clases medias empobrecidas, obreros y campesinos privados de sus fuentes de empleo o sujetos a raquíticos ingresos.
Lo cual hace de  estas manifestaciones algo tan insubstancial y efímero en la correlación de corrientes político electorales  como el que coyunturalmente con la “alternancia”, resultaren beneficiados o perjudicados aquellos que buenamente sufragaran a favor de la alianza PAN-PRD. Lo cual no modifica en lo sustantivo el peso específico, influencia y determinación de rumbo y destino de aquella fuerza que en su relación con las demás es la económica, social, política y cultural dominante.
Siendo por ello más que obvio el que las subordinadas, conformadas por la mayoría de los veracruzanos, contemplen la posibilidad de cambio de arriba hacia abajo y no a la inversa, como podría esperarse en una sociedad democrática en la que teóricamente el pueblo se gobernaría a sí mismo y no por interpósitos intereses cupulares.
Luego hartazgo y descontento no haciendo verano, lejos están de una toma de conciencia real que haga de las mayorías empobrecidas y lastimadas, sujetos de transformación y cambio y no simples convidados de piedra en una democracia tan secuestrada como simulada que se recicla día con día; lo que pone a éstas en desventaja en tanto fuerza política beligerante.
De ahí la importancia de trascender un estado de ánimo negativo impulsado por la sed de venganza social y anidado en el imaginario colectivo, dando cuerpo a un espíritu renovado de participación, resistencia, solidaridad y organización consecuente en torno a un programa mínimo común para la acción que, como fuerza política,  permita a las mayorías empobrecidas pesar e influir en la toma de aquellas decisiones que su condición de clases subordinadas reclama. Sin este paso adelante, solo quedan lamentos y resignación estéril ante un más de lo mismo ahora renovado y sustentado en una falsa esperanza.
Cierto que la sociedad en su conjunto está despertando, pero aún el peso específico de sueños frustrados vive latente como un freno al pleno despertar de las mayorías veracruzanas, necesitándose más de un sacudón para enfrentar la realidad agobiante de un presente sin futuro.
Hojas que se lleva el viento
El senador priísta José Yunes Zorrilla continúa en campaña haciendo caravanas con sombrero ajeno. Valiéndose de recursos de los contribuyentes  para refrendar con acciones asistencialistas su adhesión a las reformas estructurales del denostado gobierno de Peña Nieto y minimizando los efectos negativos para Veracruz contemplados en el paquete económico 2017. En tanto que el ex diputado federal perredista, Uriel Flores Aguayo, por el mismo trillado sendero no canta mal las rancheras, en su aspiración a la candidatura de la alianza PAN-PRD para la contienda electoral por la alcaldía de la capital veracruzana.-
Xalapa, Ver., septiembre 22 de 2016.
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