Política
Por Mario Mijares
26 de septiembre de 2016

1.- En tanto, periodistas locales y extranjeros y repetidores de noticias, sin hacer  un diagnóstico y análisis serio, se han dedicado a denostar a Donald Trump, sólo lo imputan de violento, xenófobo, racista entre otras lindezas más. Con todo ello, él ya se encuentra a un paso de ganar las elecciones para la presidencia de los Estados Unidos. Pero que es aquello que han perdido de vista los que únicamente observan un paraje del todo.  

La oligarquía que representa el actual candidato en cuestión, según el trasfondo del discurso utilizado por Trump y sus seguidores, es sin duda, el gran temor a que las mayorías latinas y orientales se impongan, -esto sería una calamidad para los Estados Unidos-. Tal recelo, en 1835, Alexis de Tocqueville, en su visita a ese país para realizar una investigación sobre el modelo carcelario. Él ya se los había advertido, en su texto, De la Democracia en América, al señalar que: “Las sociedades que cuentan con una masa de ignorantes, son un ejemplo de la servidumbre voluntaria de sus pobladores, la cual es correlativa al nuevo despotismo” […] “Cuando los ricos solos gobiernan, el interés de los pobre están siempre en peligro: pero cuando los pobres se imponen los ricos corren grandes contingencias”. Edit. Porrúa, p. 243.

El autor de igual forma, basado en su investigación y vivencias dentro de esta nación, no tuvo dificultades en vaticinar un hecho inimaginable, y es que ochenta años después, y a la vista de todas las anexiones territoriales realizadas por dicha oligarquía, vislumbró el advenimiento del gran imperio posmoderno, los Estados Unidos. Tocqueville registró sobre el peligro que podía correr esta gran nación, si permitían que las mayorías inmigrantes tuvieran la posibilidad de manifestarse o decidir vía mayoría, modificaciones en el devenir de América.

2.- El Dr. Patricio Marcos, en su Diccionario de la Democracia, Edit. Porrúa, nos muestra los dos principios; el oligarca y el democrático: “La pretensión democrática sostiene que lo justo consiste en tratar iguales a iguales y a desiguales. La forma oligarca a este respecto, “sostiene lo opuesto, que lo justo es tratar desigualmente a iguales y a desiguales”. Sin duda, ambas caen en lo perverso, sin embargo, el gobierno de los EUA, precisamente utiliza, la esencia oligarca como fondo y su corteza o velo es democrático.

Es un hecho que la gran faena que realizó Tocqueville, fue el advertir a la plutocracia Norteamérica,  el peligro que resulta el darle libertad a las mayorías, esto lleva como riesgo caer en la democracia. Y escribió; “Los propietarios no piden al trabajador sino su faena, y éste no espera de aquél más que el salario […] La oligarquía que funda el negocio, jamás se consolida en medio de una población industrial que dirige, pues su objetivo no es gobernarla, sólo servirse de ella.” Y es que la oligarquía, no sabe querer ni odiar, su interés es la ganancia.

3.-  Los Estado Unidos jamás han sufrido una transición política, derivado de ello, su Carta Magna, tampoco ha sido manchada por reformas. La clase opulenta, siempre ha poseído el poder, eso es desde que su madre oligarca Inglaterra los encamino por ese rumbo. La idea de igualdad en ese país, fue y es esgrimida de manera demagógica, y para ello, han utilizado el “proceso electoral”, con éste, les manejan que en este país hay “igualdad”. Ya que  todos por igual pueden participar en las votaciones. –El voto del millonario vale igual que el del barrendero el del académico que el del barrendero- Es decir, existe una “igualdad” política-electoral, pero jamás económica ni social. Sin embargo, el crecimiento y avance de las mayorías latinas y orientales. Pero en este momento, ya lo detectaron los oligarcas, y Donald Trump, es el caballo negro de esta batalla.

4.- A pesar de que el diario prestigiado del The New York Time,  no comulga con Donald. En su edición del pasado domingo 24 de septiembre, en primera plana, señala: “[…] Sin embargo, él ha atraído a multitudes de estadounidenses que atribuyen propósito superior a él de lo que se ha demostrado en una campaña de rueda libre marcado por estallidos de acusaciones falsas e indignantes, insultos personales, el nacionalismo xenófobo, el sexismo sin complejos y posiciones que cambian de acuerdo a su audiencia y sus caprichos. […]”

[…] “Los votantes atraídos por la fuerza de la personalidad Trump deben hacer una pausa y tomar nota de las cualidades precisas que exuda como un político audaz diferente: bravatas, burla salvaje de los que le desafían, degradando los comentarios acerca de las mujeres, la mentira, crudas generalizaciones sobre las naciones y religiones. Nuestros presidentes son modelos para las generaciones de nuestros hijos. ¿Es este el ejemplo que queremos para ellos?”

Este es el tipo de show macabro que realizan los angloamericanos en cada elección, son distractores que duran meses, y por desgracia es el mismo esquema que han impuesto a países tiranizados como México, en donde hoy día se hace este tipo de espectáculos pero de pésima calidad y con gasto al presupuesto.