Por si acaso

Por Carlos Jesús Rodríguez

23 de septiembre de 2016

*Javier ¿dispuesto a hablar?
*David y Goliat: una utopía

AL INTERIOR del Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN) no dudan ni por un instante que en los días por venir pudiera desatarse una campaña que buscaría desacreditar a instancias Federales –entre otras, la Presidencia de la República-, la cual estaría orquestada por un desesperado Javier Duarte de Ochoa que amenaza hablar y revelar apoyos subrepticios aportados a la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, y acaso por ello -en un dejo de soberbia- argumentaba hasta hace poco que el titular del Ejecutivo Federal es su amigo. Era como, veladamente, advertirle: -entre amigos no se traiciona-, pues cuando eso ocurre suele pasarse de la amistad al odio.

TAL VEZ, por esa “amenaza velada” ya filtrada al Gobierno Federal, es el porqué Fernando Elías Calles, presidente de la Comisión Partidista del PRI Nacional está convocando para el lunes 26 a todos los integrantes de la misma para discutir “de urgencia” la petición de expulsión de Javier Duarte de Ochoa del “tricolor” y de 10 funcionarios y ex funcionarios de su gabinete, lo que sería un golpe contundente para obligarlo a renunciar de inmediato. Curiosamente, ese día, el presidente Enrique Peña Nieto viajará a Colombia como testigo de honor de la firma de paz entre ese Gobierno y la guerrilla: Fuerzas Armadas Revolucionarias de ese País, en un deslinde total con el ejecutivo veracruzano.

DICEN LOS expertos que cuando alguien traiciona nos sentimos violentados en nuestros sentimientos y devaluados en la confianza y lealtad, ya que esos dos valores: la confianza y la lealtad, son emociones elevadas que todos tenemos derecho de dar y recibir en igual cantidad de quienes llamamos “amigos”, aunque bien vale la pena recordar la frase del escritor español, narrador, ensayista y periodista, Rafael Ángel Jorge Julián Barrett y Álvarez de Toledo, mejor conocido como Rafael Barrett, quien solía decir que “en política no hay amigos sino cómplices”, y eso lo sabe Javier Duarte de Ochoa que desde su arribo a la gubernatura –sí, arribo no triunfo- dejó el camino sembrado de traiciones violentas, por decir lo menos, y acaso el tiempo le esté cobrando semejante ingratitud.

PERO DUARTE, dice una fuente al interior del CISEN, no está dispuesto a rendirse y por ello buscará causar daño a quienes supone que no lo apoyan cuando, según él, merecería ser protegido por todas las fechorías cometidas, esto debido a que en su momento –aseguran que contaría- aportó fuertes sumas a la campaña presidencial, y acaso por ello aquel triunfalismo que al inicio de su Gobierno le avizoraba un final feliz en el gabinete de Peña Nieto.

AÚN SE recuerda cuando el 20 de noviembre de 2012, tras presidir el desfile alusivo a un aniversario más del inicio de la Revolución Mexicana, Duarte clamaría ufano que ya tenía una invitación del, entonces, presidente Electo, Enrique Peña Nieto, para incorporarse a trabajar en la administración federal…¡en enero de 2017!!!.

“SE LOS digo ya puntualmente, recibí una invitación de parte del presidente Electo, Enrique Peña Nieto para participar en su administración, sólo que la invitación es para enero de 2017. A partir del primer día estaré yo integrado en el Gobierno Federal” diría trastornado de felicidad y agregaría que mientras llegaba ese momento seguiría participando con “gran emoción” y “orgullo” en los cuatro años que le restaban como mandatario de los veracruzanos, “cargo –indicaría- que trato de honrar todos los días”.

Y ESO lo vociferó no obstante que para entonces se vislumbraban severas crisis por los excesos que ya cometía, los contratos que ofrecía a sus cercanos, la deuda que ya alcanzaba los 30 mil millones de pesos producto del saqueo y los muertos que se acumulaban, pero Duarte, que quiso superar a Fidel Herrera en aquello de “echarle rollo a la gente”, terminó “engañado” por el propio Presidente que, asegura, le ofreció trabajo y que, ahora, ha ordenado a la Procuraduría General de la República lo investigue por diversos delitos como peculado, enriquecimiento ilícito e incumplimiento de un deber, y no se descarta que se convierta en la carta de presentación para validar el Sistema Nacional Anticorrupción de Peña Nieto, tan urgido de credibilidad.

POR ELLO, con dos cartas bajo la manga, Duarte –dicen los expertos investigadores políticos- buscará jugarse el todo por el todo, y en ese sentido dejará sentir que tiene “acorralado” al presidente Peña Nieto, quien habría recibido dinero del Gobierno veracruzano para fortalecer su campaña política, lo que podría significarle una reacción de la Federación que, seguramente, no se acabará, pues de los dineros defraudados a los veracruzanos podría extenderse la investigación a los crímenes contra periodistas, ya que en el ámbito de los reclusorios Federales se encuentran detenidos infinidad de ex jefes de grupos fuera de la ley que estarían dispuestos a hablar en caso necesario y por así convenir a una mejor estancia en reclusión.

LO PEOR es que, de concretarse las sospechas, se evidenciaría, tal vez, aquel pasaje ocurrido el 27 de enero de 2012, cuando en plena campaña presidencial de Peña Nieto, dos empleados del Gobierno de Veracruz fueron detenidos en el aeropuerto de Toluca, Estado de México –la tierra del Ejecutivo Federal- por transportar en un avión de la administración duartista dos maletas con 25 millones de pesos en efectivo. Miguel Morales Robles, trabajador de la administración veracruzana, fue retenido al descender de la aeronave matrícula XC-CTL, llevando dos petacas en las que se encontró el dinero en efectivo. Y aunque mostró un oficio firmado por el subdirector de Operación Financiera de la Tesorería Estatal, Vicente Benítez –ahora, también, investigado por la PGR- para justificar la presencia del dinero mas no su origen ni destino, el funcionario menor fue trasladado a las oficinas de la Policía Federal, en Toluca, hasta donde llegó Saíd Sandoval Zepeda que se identificó como miembro del equipo de seguridad del gobernador Javier Duarte para exigir que le entregaran a Morales por instrucciones de su jefe, pero también fue detenido y se inició la averiguación previa PGR/MEX/TOL-VI/310A/2012.

SIN DUDA, a Javier Duarte le convendría renunciar en las horas por venir y que se nombre a un interino que termine el atropellado mandato, y de paso permita cierta tersura a la entrega-recepción. De no hacerlo, pasaría muchos años en la cárcel, y peor aún si pretendiera “lavar la ropa sucia fuera de casa”, pues debe entender que en política no hay amigos, solo intereses, y los que se mueven en el altiplano son muy superiores, y ahí están los casos de Andrés Granier (de Tabasco) y Mario Villanueva Marín (de Quintana Roo) que de la comodidad excesiva pasaron a heladas celdas en Reclusorios de Alta Seguridad, lo que confirma que la Historia de David y Goliat es solo una fantasía. OPINA carjesus30@nullhotmail.com