Astrolabio Político
 Por Luis Ramírez Baqueiro

“Quien nada arriesga, nada tiene derecho a esperar.” – Friedrich von Schiller.

Un viejo mal de la sociedad comienza a dar muestras de un nuevo resurgimiento, a pesar de los graves daños que provocó esta corriente filosófica-política a finales del Siglo XIX y principios y mediados del XX, pareciera que en el mundo, la humanidad carece de una memoria histórica que le permita no repetir los graves errores, que provocaron las peores guerras de las que se tenga memoria.

El resurgimiento del discurso nacionalista esta nuevamente expresado en muchos de los últimos actos que en paralelo surgen en diferentes regiones del orbe.

Recientemente el BREXIT en la Gran Bretaña fue muestra de este manejo de un discurso nacionalista, que ha dejado a Inglaterra fuera de la Comunidad Europea, el rechazo a la migración masiva de regiones del orbe a zonas como Europa, Estados Unidos, comienza a fundarse en ese discurso perverso y peligroso.

Más recientemente en México, han comenzado a surgir voces que comienzan a endurecer este discurso, en un afán enfermizo por cobrar venganza de afrentas políticas, o de graves actos de incapacidad para el ejercicio del poder.

Los llamados a derrocar de manera pacífica, no violenta al actual presidente de México, llevan una altísima carga de este discurso, aferrado al nacionalismo, que no nos separa de fundar sus dichos del mismo que empleará Adolfo Hitler en la Alemania de principios del siglo XX.

Dice el resabio popular que, “solo los hombres, estamos condenados a repetir los mismos errores, por no tener presente en la memoria los hechos ocurridos en el pasado”.

Otro ejemplo de que esta tendencia, comienza a trastocar todas las condiciones sociales y todos los eventos de la vida pública, se exhibe y muestra, en la radicalización de posturas, el no respeto entre ciudadanos, es también, un sesgo de esa problemática, observar confrontaciones entre Liberales y Conservadores, respecto al respeto a la familia, o a la siempre absurda actitud de algunos grupos que defienden su derechos a vivir como quieran, y con quien quieran, olvidando que en nuestra constitución están señalados los derechos como seres libres y pensantes.

En 1990, Kenichi Ohmae, un consultor en administración, publicó un libro titulado “El mundo sin fronteras”, cuyo título captó el espíritu de la globalización. Durante los siguientes casi 26 años, la evolución de los negocios, las finanzas, la tecnología y la política pareció confirmar el declive inexorable de las fronteras y las naciones que protegían.

Ninguna conferencia de asuntos internacionales pasaba sin que alguien señalara que ya las naciones por sí solas no podían hacerles frente a los problemas más importantes. La aparición del Internet reforzó la idea de que ya no importaban las fronteras. Las preocupaciones tradicionales de las naciones – territorio, identidad y soberanía – parecían tan anacrónicas como las espadas y los escudos.

Pero parece que alguien ha olvidado decirles a los políticos y a los votantes que los estados, las fronteras y la identidad nacional ya no importan. En septiembre de 2014, el 45 por ciento de los escoceses votó a favor de la creación de una nación independiente del Reino Unido. El referéndum fue observado ansiosamente por los movimientos separatistas en Cataluña, el Tíbet, Quebec y otros lugares. Los movimientos separatistas son una faceta del resurgimiento del nacionalismo. En Europa, Asia y el Medio Oriente, los políticos nacionalistas están teniendo auge.

En Veracruz, ya comienzan a expresarse voces de ciudadanos que aseguran que siendo un estado independiente se estaría mejor que pertenecer a una Federación de Estados.

El nacionalista más peligroso de Europa lo expresó en su momento el presidente de Rusia, Vladimir Putin, quien se ha anexado Crimea, proclamando su derecho, incluso su deber, de proteger a los rusoparlantes dondequiera que vivan. Como muchos han señalado con nerviosismo, esto puede darle a Rusia una excusa para intervenir en todo el territorio de la antigua Unión Soviética.

A pesar de que la UE se ha esforzado en congregar la oposición a Putin, hay políticos nacionalistas en Europa occidental que simpatizan con él, como Marine Le Pen, líder del Frente Nacional de Francia. En Alemania, la fuerza política en ascenso es la Alternativa para Alemania, que sostiene que los intereses alemanes han sido subordinados a los de Europa. Incluso en la próspera Suecia, los Demócratas de Suecia, un partido de extrema derecha, acaban de ganar el 13 por ciento de los votos en una elección general. En Hungría, el gobierno de Fidesz tiene claras tendencias autoritarias y un gran interés en el destino de los húngaros más allá de sus fronteras.

Los tres países asiáticos más poderosos – China, Japón e India – son dirigidos por líderes nacionalistas carismáticos. Xi Jinping, presidente de China, Shinzo Abe, primer ministro de Japón y Narendra Modi, primer ministro de India utilizan una retórica de renacimiento nacional muy similar como acicate para las reformas económicas y sociales en el ámbito doméstico. A nivel internacional, sin embargo, este nacionalismo se manifiesta a través de disputas fronterizas entre China y sus dos grandes vecinos, elevando el riesgo de una guerra. Si estamos viviendo en un mundo sin fronteras, parece que alguien ha olvidado decírselo a los chinos, japoneses e indios que a veces parecen estar obsesionados con la demarcación de sus territorios.

Una respuesta es que probablemente los profetas de la globalización siempre subestimaron el poder residual del nacionalismo. Si uno pasa su tiempo en salas de aeropuertos y en conferencias internacionales, es fácil olvidar que la mayoría de las personas viven sus vidas más arraigadas a un lugar en particular. De hecho, los efectos desorientadores de la globalización probablemente animan a la gente a buscar consuelo y significado en cosas que son más locales o nacionales, ya sea un lenguaje o una historia en común. La desconfianza en la globalización y las finanzas internacionales también recibió un gran impulso después de la crisis económica de 2008.

La pobreza y la guerra están dando lugar a movimientos masivos de refugiados, especialmente hacia Europa y las zonas más seguras del Medio Oriente. No hay nada como la migración en masa, o una crisis de refugiados, para que la gente tome consciencia de la importancia imperecedera de las fronteras. La reacción en contra de la inmigración ha sido fundamental para el surgimiento de partidos nacionalistas como el Frente Nacional francés, los Demócratas de Suecia y el Partido de la Independencia del Reino Unido de Gran Bretaña.

Si esto no le da luz, solo voltee a ver como se encuentra México, un presidente Enrique Peña Nieto desgastado e impopular por las medidas reformadoras, un riesgo latente de asunción en la presidencia de los Estados, de un sujeto como Donald Trump que demuestra un alto nivel de incompetencia para el ejercicio del poder, con grandes sueños de grandeza, similar a la que llevó a un maniático a gobernar Alemania y provocó la muerte de millones.

Sería bueno, hacer un alto, reflexionar y meditar profundamente sobre el tema, pues pareciera que nuestro país está muy cerca de sufrir en carne propia, las devastadoras acciones del peligroso retorno del nacionalismo.

Al tiempo.

 

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