El Cofre
Por Verónica Danell
13 de septiembre de 2016

Quiero contarle que estoy sorprendida en grado mayúsculo por la forma en que se abordan temas serios, como la ampliación de derechos para algunos segmentos de la población que han sido ignorados en ciertos rubros.

Seguramente usted está enterada o enterado de las marchas a favor de la familia y de las manifestaciones a favor de los matrimonios entre personas del mismo género.

Ambas partes tienen justificaciones para hacer lo que hacen. Unos invocan la ley y otros las creencias.

Pero en la discusión y difusión del tema lo que se lee en las redes sociales, como el Facebook, son insultos, discriminación, negación de derechos al libre pensamiento, manifestación y expresión de ideas.

Usted sabe exactamente de qué se trata esta discusión? Yo tampoco.

En este país, usted lo sabe, la discriminación es pan de todos los días, siempre nos sentimos más que otros y tendemos a menospreciar a las personas porque son pobres, viejos, gays, gordas, chaparras, morenas, indígenas, sin estudios, jóvenes, etc..

En ese contexto la comunidad LGTB ha ido reclamando la ampliación de sus derechos como es el ser incluidos en la ley civil en el apartado del matrimonio. Si un hombre y una mujer se quieren y lo deciden, se casan, contraen matrimonio civil y ello les da ciertos derechos.

La comunidad gay también quiere eso, tener derecho a casarse. En el D.F ya pueden hacerlo y ha habido presiones en todos los estados a fin de que las legislaturas locales les reconozcan ese derecho. La suprema Corte ya se pronunció al respecto y estableció que SÍ tienen derecho a casarse, al igual que el resto de los ciudadanos.

Al casarse por la ley civil acceden a otros derechos como es el adoptar un menor y formar una familia.  Es aquí donde surge la desavenencia con las comunidades que profesan una religión, como la católica.

Los católicos conciben al matrimonio solo entre hombre y mujer porque es natural, el hombre y mujer están hechos para integrarse físicamente y procrear, conservar la especie. Y consideran antinatural las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo. 

El Estado está obligado a conciliar los intereses ciudadanos desde una perspectiva legal, sin religión de por medio porque gobierna para todos. El Estado mexicano es laico por definición constitucional. 

Y aquí surge el problema. Cada grupo quiere tener la razón y sus simpatizantes también y entonces en la discusión del tema lo único que aflora es la discriminacjon, la intolerancia y la negación de otros derechos.

Se acusan unos a otros, se agraden verbalmente, se descalifican y lo peor es que quienes defienden el derecho de los gays a casarse recriminan a los católicos el que salgan a la calle a manifestar sus ideas, expresarse y a pensar diferente. 

Los católicos no ceden y también insultan y descalifican. Ambas partes promueven el odio y se llega al punto del enojo. En resumen nadie respeta a nadie.

Además, se invoca la laicidad del Estado y se exige que éste no escuche a los católicos. Se reclama la imposición de la iglesia católica en el actuar del Estado y se reclama a la iglesia su intrusión en la política, algo que tiene prohibido por ley pero que en los hechos no importa porque todos los políticos la buscan para influenciar en los feligreses con un fin electoral.

Ya sabe, el juego de las simulaciones en este país y del silencio cómplice.

Así las cosas, vivimos en la intolerancia y la agresión a través de chistes, memes, comentarios y mensajes. 

Hay violencia, esa violencia que criticamos en otros ámbitos, esa discriminación que se critica en otros. Hay incongruencia al exigir que el Estado sea laico pero se esperan con ansias las vacaciones de Semana Santa, se acepta el corrimiento del inicio de clases para que los niños disfruten de los juguetes de Reyes Magos, se parte rosca, se comen tamales y se ponen altares de muertos en las escuelas y….oficinas públicas. 

Se exige laicidad y se disfrutan los adornos navideños y las vacaciones de la época y todo eso ha sido impuesto por la iglesia católica.

Rechazan a la iglesia y sus católicos pero disfrutan de sus tradiciones religiosas que permite y practica el Estado. 

Por su parte los católicos ya aceptan y respetan a los gays pero hasta ahí, porque si de criar hijos se trata se les considera un riesgo.

Así estamos. Eso somos como sociedad y cada grupo antagónico habla con su espejo si darse cuenta,…

 “…sin saber que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”, dijera Sor Juana.