Ruta Cultural
Por José Miguel Naranjo Ramírez
28 de septiembre de 2016

La mañana debe seguir gris

Para concluir las columnas del mes de Septiembre, les presentaré a una bella mujer originaria del Estado de Campeche, gran escritora y editora, ganadora en el año 1977 del Premio Xavier Villaurrutia por su novela: La mañana debe seguir gris, publicada ese mismo año. Esta bella mujer pertenece a una familia con fuerte trayectoria política, su padre fue Gobernador de Campeche y posteriormente Secretario de Gobernación con el entonces Presidente Miguel Alemán Valdés, no obstante, de su padre heredó la pluma y no la política, todo lo antes señalado sirve como punto de partida para presentarles a la extraordinaria escritora Silvia Molina, quien el próximo mes de octubre cumplirá setenta años de vida.

Desde una interpretación personal, (no conozco a la escritora), considero que Silvia Molina ha tenido dos perdidas muy dolorosas en su vida por las circunstancias en que se dieron, su padre Héctor Pérez Martínez murió siendo muy joven, cuando Silvia tenía sólo dos años de vida, y años después Silvia estando fuertemente enamorada, perdió a quien tal vez, haya sido el amor de su vida, al poeta tabasqueño José Carlos Becerra.

Lo antes apuntado si bien es interpretación personal, quiero puntualizar que la interpretación tiene su fundamento en la gran novela autobiográfica: La mañana debe seguir gris. En esta pequeña pero magistral obra, Silvia Molina nos contará una historia de amor que vivió recién llegada a Europa con el joven poeta José Carlos Becerra. La novela tiene una fecha de inicio: “10 de noviembre de 1969” y la fecha del fin de la historia es: “27 de mayo de 1970”.

De manera breve trataré de narrarles lo esencial de la historia autobiográfica novelada, es importante aclarar que en la obra no aparece el nombre de la joven que narra, en el presente artículo me permitiré emplear el nombre de la autora. Silvia llegó a vivir a Europa siendo una joven de 23 años, si bien su finado padre había sido Gobernador y Secretario de Gobernación, hasta donde se puede percibir en la lectura, La familia de Silvia no eran groseramente ricos, clase media, seguramente con algunos privilegios y relaciones que les permitían desarrollar proyectos como que Silvia se fuera a vivir a casa de su tía en Londres, Inglaterra.

Silvia llegó a Londres con unas amigas las cuales sólo estarían una semana de paseo y regresarían a México, un día las amigas fueron a visitar al escritor y diplomático mexicano Hugo Gutiérrez Vega quien vivía en Londres con su esposa Lucinda, eso sucedió el 10 de noviembre de 1969, ese día estaba en la casa de Hugo Gutiérrez su amigo el poeta José Carlos Becerra, Silvia y sus amigas fueron muy bien recibidas y atendidas por sus compatriotas mexicanos: “El comedor forma parte de la sala en la que estamos, hay libreros por todas partes. Me sientan enfrente a José Carlos, dos veces hace que quite la vista de él, no mira su plato, no comprendo cómo puede verme así, comer y participar con tal entusiasmo en la plática.”

Ese 10 de noviembre del 69 es el inicio de la historia de una pasión única, especial, y, tal vez, inigualable en la vida de Silvia Molina, los dos quedaron impregnados, una mirada de amor, pasión, deseo, atracción, puede ser más penetrante que una rayo de sol, las amigas de Silvia notaron esa pasión momentánea y al siguiente día fueron todas a visitar a José Carlos a su departamento, él las recibió con mucha alegría, cuando se despedían para irse, José Carlos les dijo:

“Sí, nada más que me da mucha pena decirles que he decidido quedarme con ella, responde, mientras me toma por la cintura. Yo me aparto bruscamente. – ¿Qué te pasa? –Qué te quedas. –Por favor déjame salir, sé que es broma. ¿Espeeeren! Ábreme la puerta. –Quédate. –¡Estás loco! –¿No te quedas? –Claro que no. ¡Voooy ¡ ¡Voooy! –¡Shh! vas a despertar a los vecinos. –Abre. –Dame un beso. –Tiene los ojos cerrados, busco un espacio en su cachete barbado, aunque sé que su boca me gusta. Apenas si lo beso, abre la puerta, salgo como tiro al elevador, voy a la calle rumbo a la estación y encuentro a mis amigas a la entrada del metro. – ¡Eres una estúpida! te hubieras quedado. –¡Qué tonta, qué tonta! agrega una de ellas, a mí no me lo dicen dos veces. –Pero a mí sí. ”

Una vez concluida la primer semana en Londres, Silvia se fue a vivir a casa de su conservadora tía, la economía de Silvia no era muy solvente, por lo tanto, desde el inicio supo que tenía que acatar las reglas de su tía, porque su mamá no podía desde México enviarle dinero para renta, comida, transporte, etc. la relación con su tía siempre fue tensa, desagradable y más cuando la tía conoció a José Carlos, le prohibió lo viera, por supuesto que Silvia ya enamora desobedeció a la tía, lo vio y mucho, paso en los siguientes meses todo lo que tenía que pasar, hicieron el amor tantas veces, que hasta al doctor tuvo que parar por presentimiento de un embarazo, el amor estaba a plenitud y ésta historia verdaderamente apenas comenzaba.

La incipiente relación con el poeta era mucho más allá que una pasión sexual, convivían muchísimo, imagínese a una joven de 23 años en Londres, enamorada y amada por un poeta de 33 años, visitaron museos, lugares emblemáticos de Londres, la casa de Dickens, Silvia estaba impresionada por la cultura de José Carlos, no podía comprender como un hombre de gran sabiduría se había enamorado de ella, sin conocer la respuesta del poeta, me atrevo a afirmar que no se adquiere la cultura para enamorar o impresionar, mucho menos la mujer que nos guste o amemos debe ser súper culta, con que sea única y ame sin prejuicios es suficiente.

A pesar que la novela es pequeña, falta mucho por conocer de esta maravillosa y trágica historia de amor, quiero comentarles que la obra inicia con la narración de efemérides donde la autora a partir del 10 de noviembre del 69 al 27 de mayo de 1970, nos cuenta vivencias personales de su estancia en Europa y acontecimientos que sucedían en distintas partes del mundo, bajo la misma estructura de efemérides me permitiré concluir el presente artículo, con la característica que no transcribiré nada, pondré las efemérides a mi antojo, con mis ideas y en diferentes tiempos y circunstancias.

26 de mayo de 1970, una joven hermosa de 23 años preparaba sus maletas para viajar a Italia y alcanzar a su gran amor el poeta José Carlos Becerra.

27 de mayo de 1970, muerte en Brindisi, Italia, el poeta tabasqueño José Carlos Becerra.

Marzo de 1976, la escritora Silvia Molina termina de escribir la novela: La mañana debe seguir gris.

1977 Silvia Molina es galardonada con el premio Xavier Villaurrutia.

21 de septiembre de 2016, el escribidor termina la lectura de la novela: La mañana debe ser gris, e inmediatamente escribe el presente artículo.

Finalmente, deseamos que el próximo 10 de octubre de 2016, Silvia Molina cumpla felizmente sus setenta años de edad, y que hoy a la distancia de lo vivido y narrado, recuerde que sin un amor el alma muerte derrotada, Silvia Molina no tan solo sigue viva, además, por ese gran amor su pluma ya ha sido inmortalizada.

Correo electrónico: miguel_naranjo@nullhotmail.com