POR SI ACASO…
Carlos Jesús Rodríguez Rodríguez
21 de septiembre de 2016

*¡Libaban con asesinos!
*Dos ex ediles prófugos

ALGO NO encaja en los resultados de la investigación “al vapor” que realiza la Fiscalía General en torno al doble homicidio de los sacerdotes de “Nuestra Señora de Fátima” en Poza Rica, Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Suárez de la Cruz, pues si ambos conocían a sus ejecutores, como asegura el fiscal Luis Ángel Bravo Conteras, ya que “estuvieron libando en la casa parroquial con los prelados horas antes de ser sustraídos”, según su versión, uno se pregunta: ¿Qué caso tenía, entonces, atarlos, secuestrarlos, torturarlos y, posteriormente, descargar nueve balazos en ambos cuerpos –como si fuera mucho el rencor acumulado contra sus personas- para, posteriormente, dejar los cadáveres abandonados a un costado de la carretera Papantla-Poza Rica?

SI SE trató de un simple robo –como asegura Bravo Contreras- ¿había necesidad de trasladarlos fuera de la parroquia (con el riesgo de ser detenidos en el camino por la delincuencia o la policía e, incluso, encarcelados), cuando allí mismo, como sucede en muchos casos, pudieron obligarlos a entregar el dinero que exigían (cinco mil pesos, según cuenta el “cuentista” Luis Ángel, que habían sido colectados para la remodelación del templo)?

NINGÚN LADRÓN, por inexperto que fuera, se habría arriesgado a trasportar a los plagiados en automóviles que ya estaban monitoreados, pues según la versión de uno de los, también, secuestrados –que logró escapar de sus captores-, de inmediato dio la voz de alarma, y según el Fiscal se inició un operativo de rescate.

LOS SACERDOTES Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Suárez de la Cruz, insiste el Fiscal General, estuvieron “libando” bebidas alcohólicas con sus victimarios, pero la reunión -en la iglesia “Nuestra Señora de Fátima”- se tornó violenta, por lo que los asesinos golpearon, inicialmente, al cura y le pidieron las limosnas para, posteriormente, llevarse al resto de los acompañantes, y a dos de ellos ejecutarlos mientras otro escapaba en plena marcha de la unidad, una versión que se antoja peliculesca, pero que da pauta a otro cuestionamiento: ¿Qué acaso los criminales eran tan mentecatos como para no entender que el tercero que logró salvar la vida, y que los conocía, les denunciaría, y con todo y eso lo dejaron escapar?

“MIS COMENTARIOS –aclara Bravo Contreras en medio de la condena del Clero católico que lo acusa de desvirtuar los hechos- no obedecen a señalamientos propios. Lo que yo compartí fue el contenido del testimonio de un testigo in situ, que lo vivió… El testigo es covíctima, el que logra escapar, salirse de la camioneta, cuestionable esa escapatoria, pero coincide todo lo narrado con sus golpes y las referencias que nos dio. Eso es lo que nosotros revelamos”, al tiempo que señala que la camioneta pick up y el vehículo Lancer que se habían llevado los delincuentes ya fueron encontrados.

COMO FUERA, lo que llama la atención es que Luis Ángel Bravo Contreras se apresure a deslindar al “crimen organizado” de esos lamentables hechos argumentando que “no hay pistas que lo señalen”, e insiste en que “ya hay órdenes de aprehensión contra los presuntos homicidas”, que “se conoce su identidad”, pero no pueden revelarla, y ojala que los agresores –por esa parsimonia- no logren escapar, como en su momento lo hicieron los ex alcaldes de Medellín de Bravo y Coatepec, Omar Cruz Reyes y Roberto Pérez Moreno, respectivamente, quienes siguen prófugos tras ser desaforados, el primero por, presuntamente, haber ordenado el asesinato del periodista Moisés Sánchez Cerezo “sustraído” de su propio hogar el 2 de enero de 2015 por un grupo armando, siendo encontrado su cadáver 20 días después en un paraje de Manlio Fabio Altamirano, mientras que el segundo, indiciado por el crimen de su tesorero, Guillermo Pozos, desaparecido desde el 22 de agosto de 2014 y encontrado muerto el día 25 de ese mes en un camino que lleva a Tlaltetela.

POR ESA razón, los dos alcaldes veracruzanos fueron desaforados en 2015 a petición de la Fiscalía General del Estado (FGE) pero, ante la demora en la actuación de la autoridad judicial y legislativa que parecía protegerlos, siguen prófugos sin que a la fecha se conozca su paradero, aunque no faltan quienes aseguran que la Fiscalía sí sabe dónde encontrarlos pero, al parecer, instrucciones superiores han hecho imposible cumplir las órdenes de arresto.

EL ASUNTO de los sacerdotes ejecutados –que quede claro, no por el crimen organizado, según insiste Bravo Contreras-, ya llegó hasta el Vaticano, y en ese tenor el papa Francisco ha calificado de “inexcusable” la violencia que se vive en Veracruz, al tiempo que expresa su más sentido pésame al obispo de Papantla, José Trinidad Zapata Ortiz, “al Clero, a las comunidades religiosas y a los fieles de esa querida diócesis”, expresando su firme condena “a todo atentado a la vida y la dignidad de las personas”. De esa manera, Veracruz se enmarca como el segundo estado del País con mayores reportes de agresiones contra ministros de culto religioso, y el reciente asesinato de los prelados de Poza Rica se suma a la larga lista de crímenes contra presbíteros y religiosos en México, ya que en los últimos cuatro años se cuentan 14 casos de sacerdotes ejecutados en todo el País.

POR LO pronto, la Iglesia católica prepara un duro comunicado para el próximo domingo referente a esos crímenes, aunque versiones al interior de la Fiscalía aseguran que, en caso de ser necesario, develarán la verdad en torno a la vida licenciosa de los clérigos sacrificados quienes, al parecer, solían convivir en el interior de la casa parroquial con desconocidos, aunque esta vez las cosas se salieron de control. En ese sentido, Luis Ángel Bravo Contreras debería filtrar parte de la declaración de la persona que fue testigo de los homicidios para dar certeza a las investigaciones, o todo quedará en otra más de las “fantasías animadas” del señor Fiscal que hace como que investiga. OPINA carjesus30@nullhotmail.com