Política
Por Mario Mijares
19 de septiembre de 2016

1.- En definitiva hoy día el hombre no se acepta como animal político, éste se espanta de los peligros reales e imaginarios. El caso es que desde la aparición del hombre, siempre ha existido quienes mandan mientras otros obedecen, se puede recordar a los personajes mitológicos de Caín y Abel, y de acuerdo a la historia de cada uno, el primero estaba destinado a ordenar y Abel a cumplir, esta ha sido la polarización, dentro de la dialéctica  del amo y esclavo.

En el paradigma moderno, en la lógica entre el que manda y obedece, se determinó como  “poder”, mismo que lo han convertido en algo supremo, quizás fue tomado del lenguaje jurídico de soberanía, si no es así, ambos no caminan parejos. De la misma manera, la obediencia de los gobernados en base al imperativo de justicia, lo han cambiado con el nombre de “ciudadano”. Y por otro lado, al Estado lo hacen surgir como el todo poderoso, el cual lo asientan de este modo, todo debido a la sumisión de sus habitantes, quienes son forzados a obedecer la ley, y cuya aprobación está sobre manejo de la justicia.

Toda obediencia a la autoridad, conlleva a lo que se conoce como soberanía, un vocablo eminentemente jurídico, pero nunca legal. Por esta visión doctrinal se confunde la potestad soberana con el Estado, desde el cual los gobiernos se sirven, para utilizar los órganos ideológicos y represivos, para así implantar el monopolio y uso de la fuerza. Sin embargo, antes de continuar es necesario recurrir a la definición de poder, Guglielmo Ferrero, señala que: “Es la manifestación suprema del miedo que el hombre se provoca a sí mismo al no ser reconocido”, obra: Poder, Argentina, Editorial Interamericana, p 45. El resultado del temor al representante, queda inmerso en el esquema sobre el cual han sido organizados los estados. Jefes que mandan y juzgan, gendarmes y soldados que imponen su fuerza, todo por la voluntad del gobernante. Es el uso de la fuerza, misma que es monopolizada para reprimir toda manifestación en contra de su investidura.

Por otra parte, algunos teóricos actuales, no toman en consideración, que es precisamente la necesidad de la legitimación del Estado, el cual sin duda subsiste al lado de los representados. El Estado jamás alcanzará a constituirse sino posee una comunidad política, y sólo se logra cuando se obtiene como potestad a una autoridad suprema o soberana. De ahí la importancia de poseer una forma de gobierno determinada por la clase social que conquisto el poder. Por tanto, se puede afirmar que el Estado es etéreo pero duradero, lo que cambia son los tipos de gobierno.

2.- La confusión teórica posmoderna radica en el abandono de la teoría política clásica, y es  que la tendencia ahora es la de enfocar el análisis con la visión sociológica, economicista, filosófica, jurídica e incluso historicista con lo cual se pierde de vista la realidad. Lo cierto es que el Estado, está sufriendo una transformación política y económica desintegradora, todo ello, es por la codicia de unos cuantos.

La pregunta sería para profundizar en el tema, ¿hasta dónde se puede aceptar o medir la autonomía ciudadana?, ésta como un conjunto o agrupación natural o bien conformada en distintos gremios. El dilema es que toda organización política está limitada por el Estado, y por ende los gobernantes pueden jugar con ellas, darles recreación, pero hasta cierto límite, que no peligre su estadía en el poder. Desde la teoría clásica se sabe que la libertad no es un fin, sino un medio necesario para la vida activa del hombre, para el caso del Estado  el gobierno viene siendo su parte activa o visible. En el modelo posmoderno, la libertad no es una definición única sino múltiple; el concepto – más no definición-, está de acuerdo al carácter limitado que le quiera dar la clase en el poder.

3.- La aceptación misma de ciudadanía, es quizás por la necesidad de demostrarse así misma,  que el individuo no vive solo ni aislado, pues siempre estará recluido dentro de ese todo. Sin embargo, las organizaciones sociales hoy pretenden autoprotegerse, en principio ante el  desamparo, que pudiera sufrir frente a la tiranía que bien puede ser; de uno, de pocos o de los muchos. Es necesario recordar que los hombres construyen al Estado y no al contrario; pues éste no crea a los hombres. Por tanto, será el partido político, la única garantía y defensa para implantar sus derechos, pues a través de este tipo de estructura, se pude lograr una existencia legal.

La tendencia que impera en la actualidad es de tipo ideológica, tomada ésta como la falsa consciencia, y que conlleva a esa manipulación general. En el caso mexicano, en los últimos años, se ha dejado innegable libertinaje político, económico y social. De ahí los avances de la privatización, el feminismo y la homosexualidad, los cuales se dan principalmente en las grandes metrópolis. No obstante, se mantiene a la ciudadanía sumergida en la pasividad política. El fracaso actual, es el abandono  de analizar los errores del mundo moderno, los cuales fueron iniciados por Lutero y Maquiavelo. El primero entroniza la figura del príncipe y en que el Estado suplanta a la religión de la Iglesia. Y el segundo, plantea los modelos de conquista del poder, a partir de ahí se inicia la tergiversación de la libertad, sobre todo las formas de gobierno, para que actualmente se tenga un reduccionismo y únicamente este usando el termino de lo que los  nombran “democracias modernas”.

Resulta cómico escuchar; “nosotros nos ciudadanos tenemos la culpa”; la ciudadanía es la única que puede cambiar las cosas”; un candidato ciudadano es la salida”; “una organización ciudadana”, entre otros despropósitos. Mientras tanto, EPN y J. Duarte, se mofan al saber  que la ciudadanía lo único que puede hacer; es mentarles la madre.