Los acontecimientos históricos no se repiten, pueden producirse acontecimientos parecidos pero jamás serán iguales, simple y sencillamente porque los tiempos y las circunstancias en que se suceden no son las mismas. Imaginar un Napoleón, o un Hitler en nuestros tiempos sería inconcebible, por mucho que Donald Trump evoque los riesgos del imaginario líder del Tercer Reich. La reflexión viene a cuento por lo que declaró Pedro Pablo Elizondo, obispo de la Prelatura de Cancún, quien se dijo “dispuesto a defenderme legalmente e ir a la cárcel, para defender la familia” y que las personas contrarias al matrimonio igualitario, podrían aplicar la “desobediencia civil”, “estoy dispuesto a sufrir, todo lo que haya que sufrir”. Así comenzaron los escarceos que dieron inicio a la cruenta Guerra Cristera de 1926-1929 durante el gobierno de don Plutarco Elías Calles. Obviamente, si bien el horno no está para bollos, la sangre, ahora, no llegará al río.