Crónicas urgentes
Por Lenin Torres Antonio y Orlando Carmona Sánchez
22 de septiembre de 2016

El psiquiatra Juan ramón de la Fuente, ex rector de la UNAM, destaca que “los problemas de salud mental han aumentado a escala global: psicosis, demencias, angustia, depresión, suicidios e intentos de suicidio, así como trastornos asociados a la violencia y a la pobreza, constituyen parte importante la demanda de los servicios de salud” , viene a constituir según el informe del IESM-OMS los problemas de salud mental de la carga “global alrededor del 12%, afecta hasta 28% de años vividos con discapacidad y constituye una de las tres principales causas de mortalidad entre las personas de 15 a 35 años debido al suicidio, por lo que no hay salud sin salud mental”.
Hay cifras que son deprimentes de la respuesta que el Estado hace a los graves problemas de salud mental que gradualmente vive la sociedad mexicana, por ejemplo, “que en el 2020, un millón y medio de casos de suicidios se consumaran, y que habrá 15 millones de intentos de suicidios, y será la juventud la población más afectada. Hoy en México es la segunda causa de muerte en las mujeres. Y un dato sumamente revelador es que 1 de cada 4 personas habrá de desarrollar un problema psiquiátrico en un periodo de su vida, y que cada 7 segundo se presenta una demencia” ( De la Fuente, J. R. 2015)
En México “el eje de la atención de la salud mental es el tercer nivel, ejemplo de ello es que existen -tan sólo- 46 hospitales psiquiátricos frente a 13 unidades de internamiento psiquiátrico” . Se cuenta con, “544 establecimientos de salud mental ambulatorio que ofrecen atención a 310 usuarios por cada 100,000 habitantes, en contraste con los hospitales psiquiátricos que atienden a 47 usuarios por cada 100,000. La mayoría de los pacientes son adultos, la población de niños y adolescentes asciende a 27% en unidades ambulatorias, y a 6% en hospitales psiquiátricos.  De ese total Veracruz responde con un 2%” , estos espacios institucionales de atención a los problemas de salud mental, no reflejan la demanda del resto de la población, y principalmente, de los jóvenes; esto tiene que ver con una carente cultura de la salud mental.
Es pues la juventud el sector de la población más afectada, puesto que el 50% de los trastornos mentales inician a los 21 años de edad (Medina-Mora y Cols 2003; 2005). De acuerdo con otros estudios, 24.7% de los adolescentes se encuentran afectados por una o más problemas de salud mental.
Veracruz no puede eximirse de esa realidad si es que quiere tener una sociedad sana tanto física como mentalmente, además que tiene que hacer un plus de esfuerzo ante la precariedad económica que vive, y el espiral de violencia que padece.
Por lo que toda reingeniería, modernización, reformas del Estado tiene que acompañarse de una clínica, porque lo que estamos hablando es de una sociedad enferma, y con miedo.
Y es pues la Juventud el tejido social más preocupante que hay que atender.
Hay que hacer hincapié que uno de los principales problemas que aquejan a la población mexicana –y en particular en nuestro Estado- es el suicidio, el cual  de acuerdo con dados por el INEGI en 2005 reportó  un total de 3324 suicidios consumados, siendo los hombres quienes  constituyeron la mayor parte de la población suicida ya que representaron el 82.8% del total de casos registrados y las mujeres el  17.2% del mismo total.
La OMS (2012) Estima que cada segundo un ser humano trata de suicidarse en algún país del mundo. Y cada 40 segundos un suicida cumple su propósito. Cabe mencionar que estas cifras han  aumentado año tras año en forma alarmante sin que contemos con estrategias puntuales para atacar estos padecimientos.
En nuestro país este año se han registrado cerca de 5,718 casos de suicidio teniendo al Estado de Veracruz como uno de los primeros Estados que presentan tal acción con 309 suicidios.
En 2012, el más reciente estudio del INEGI reportó que Veracruz es la entidad con mayor número de decesos como consecuencia de padecimientos mentales. Situación que se agrava, cuando se estima que 25 de cada 100 personas se ven afectadas por alguno de éstos padecimientos; entre los más comunes se encuentran: las fobias, la depresión o trastornos producidos por adicciones; y ahora el miedo como un problema de salud mental que hay que atender con urgencia.
La capacidad de respuesta, por parte de las instituciones públicas, parece estar rebasada, pues, los mecanismos implementados resultan insuficientes. En ocasiones, la atención parece perderse en la burocratización, ya que, según la información del Instituto de Salud Mental del Estado de Veracruz, la cita se debe solicitar de forma personal en la dependencia para acordar la cita en los días posteriores, esto debido a la demanda.
Por otro lado, un gran sector de la población no cuenta con la capacidad económica para pagar un servicio privado y con ello recurren a otras alternativas, entre las que destacan los libros de autoayuda, que poco orientan y no se muestran como una solución real.  Además, existen personas que, por desconocimiento, ponen en riesgo su vida con otras opciones como los medicamentos (controlados y no controlados). Con ello, se hace evidente que es necesario generar otras alternativas en materia de atención a la salud mental principalmente a los jóvenes.
Si observamos el contexto, quizás sea necesario revisar las líneas de acción y programaciones con las que atajan el problema las instituciones públicas, lo cual nos lleva a darnos cuenta que, actualmente, no hay una definición clara de la salud mental y discusiones en torno a la temática. Además, en los últimos dos sexenios, la planeación en este sector aparece como un sector poco focalizado, pues, no figura de forma clara y precisa en los planes de desarrollo veracruzanos.
Ante tal cuestión, tal vez sea necesario implementar mecanismos que busquen la constitución de la salud mental desde un concepto multidisciplinar, en donde la prioridad resida en la atención oportuna y profesional. Pero, para lograrlo, se necesitan programas de investigación que produzcan líneas específicas de atención a las necesidades de la población, con lo cual devengan planes de acción adecuados para cada región de nuestro Estado.
Consideramos que se debe aprovechar el potencial y talento que posee el Estado, en donde existen profesionales de la salud con la experiencia necesaria para desarrollar líneas de investigación y acciones pertinentes. Pero esto sólo puede lograrse si se ponen en tema de debate conceptos como la salud mental y la atención brindada por las instituciones públicas, pues, de éste modo seremos capaces de reformular conceptos y hacer más eficientes los servicios.
Con todo lo dicho, dejamos un exhorto para que se genere líneas pertinentes para la atención a los problemas de salud mental de los veracruzanos, y este concepto salga de ese oscuro rincón en el que se le ha colocado y que nos permita reconocerle como un foco rojo, que resulta hoy en día apremiante atender, ya que, de lo contario, las instituciones de salud mental seguirán siendo lugares de reclusión y exilio, sin posibilidades de cura y la población continuará sin la atención que tanto necesita más en estos tiempos de zozobra.
Urge pues previamente una Salud Mental para reconstruir lazos sociales confiables, afianzar los ejercicios éticos de las políticas públicas, y acercar “la política” a la gente como un instrumento para resolver sus problemas.