Lejos quedaron los festejos del “Día del Presidente”, cuando el primero de septiembre de cada año formalizaba en el Congreso una ceremonia en la que el presidente de la república era el centro de la atención. Todo un ritual que iniciaba en Los Pinos tras la salida del primer magistrado para entre vallas tumultuosas recibir el aplauso ciudadano, llegar al recinto parlamentario en donde se constituía el Congreso de la Unión que lo recibía con atronadores aplausos y en el pasillo de entrada ya sabía quién se sentaba a la derecha y quién a la izquierda para saludar a unos y desairar a otros. La jornada terminaba en palacio de gobierno con el famoso “besamanos” al Gran Tlatoani. Tiempos de antaño que en nada se asemejan a la austera ceremonia de hoy, en la que Miguel Osorio Chong “En cumplimiento del Art. 69 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y por instrucciones del presidente, Enrique Peña Nieto, acudo a esta soberanía para hacer entrega del Cuarto Informe”. Así es ahora, así de sobrio.