Viernes contemporáneo
Por Armando Ortiz
21 de septiembre de 2016

Claro, por supuesto, desde luego, obvio, tiene sentido, es el orden cotidiano de las cosas: Uno toma alcohol con unos cuates, se arma la bronca, los cuates gandallas te roban el dinero, pero también te llevan secuestrado en tu propio auto y a unos cuantos kilómetros te meten nueve balazos, otros tantos balazos a tu amigo, dejan escapar a un tercero para que lo cuente todo y asunto concluido. ¿No les parece esta versión muy semejante a la explicación que dieron del crimen de Regina Martínez?

Pasa todos los días, ¿a quién le extraña? ¿A quién no le ha pasado? Otros dirán que no, que regularmente los ladrones son más listos, te roban, te madrean si pones resistencia, te dejan botado en el lugar y se van con el botín procurando no dejar rastro.

Al parecer a la fiscalía no le importó medio criminalizar a los sacerdotes de Poza Rica, a pesar de que estos no eran periodistas. La fiscalía lo dejó todo muy claro, los sacerdotes eran borrachos y se ponían a tomar con los malandros. Todo ello para que en la gente permee la idea: “para que se les quite”; “con razón”, “ganado se lo tuvieron”. Es más fácil explicar que unos ladrones se pasaron de copas y quisieron robar a sus compañeros de juerga, a tener que explicar que en algún momento el crimen organizado, que tiene fincado su territorio en la zona de Poza Rica y Papantla, está pasando de asesinar civiles a asesinar curas.

Con esa historia absurda pretenden callar la boca a los miembros de la Conferencia del Episcopado Mexicano, que en su comunicado de prensa exigía: “de la autoridad esperamos el esclarecimiento de los hechos y la aplicación de la justicia contra los responsables”. Ya señores sacerdotes de la iglesia católica, ahí está la explicación, sus curas son unos borrachos que departen alegremente con malandros, ¿satisfechos?

Con esta historia pretenden también que las cuentas pedidas por la Secretaría de Gobernación queden en intención, porque ni modo que Gobernación le pida a la policía de Javier Duarte que vigile a los curas cuando estos se ponen a tomar con los malandros.

Con esta historia intentan tranquilizar a los habitantes de Poza Rica y Papantla, que han sido foco de atención por las actividades de los grupos del crimen organizado, sin que la autoridad pueda hacer gran cosa.

De la iglesia ya salió una respuesta proveniente de Suazo Reyes, el vocero oficial: “Lo que sí me parece extraño es que se dé una respuesta tan explicada y de una forma tan rápida sobre los supuestos hechos, por eso genera sospecha y dada la magnitud y el significado que guarda esta situación, debe tratarse con mucho profesionalismo”. Es decir, la iglesia no se cree ese cuento chino.

Al parecer ya el Papa Francisco mandó sus condolencias por la muerte de los dos sacerdotes, condenando al mismo tiempo el atentado en contra de la vida.

Después de esto qué. Capturarán a los asesinos, los harán declarar de tal modo que su versión encaje con la del fiscal; más tarde entrará Derechos Humanos que certificará que la declaración de culpabilidad fue sacada a la fuerza y entonces liberarán a los acusados, como ha sucedido en varias ocasiones; ¿no les parece esta versión muy semejante a la explicación que dieron del crimen de Regina Martínez?

Bueno, el arzobispo Hipólito Reyes sabe de ese tipo de justicia, ya está libre el sujeto que supuestamente asesino a su sobrina. ¿Esa es la justicia que quieren? Pues tómenla y no se quejen.

Armando Ortiz                                                           aortiz52@nullhotmail.com