POR SI ACASO…
Por Carlos Jesús Rodríguez Rodríguez
27 de septiembre de 2016

*Duarte abandonado
*Antítesis del poder

APROBADO EL Sistema Nacional Anticorrupción, Javier Duarte de Ochoa será, sin duda, ejemplo de lo que no debe ser en política, y aunque existen otros casos tan evidentes como el suyo, entre otros, Roberto Borge Angulo, en Quintana Roo, y César Duarte Jaques, en Chihuahua, el veracruzano será sacrificado por tres causas que no tienen desperdicio: 1.-Duarte de Ochoa no fue capaz de percibir las señales que le enviaron desde el altiplano para que solicitara licencia en tiempo y forma, y negado a la tolerancia decidió confrontar a todos: A la Auditoria Superior de la Federación, al Servicio de Administración Tributaria y a la Procuraduría General de la República. Se sentía omnipotente y, por tanto, intocable, craso error que ahora le cobra la factura. 2.-Desafió a su partido y al presidente Enrique Peña Nieto al enfocar el respaldo de su Gobierno hacia el candidato del Movimiento de Regeneración Nacional a la Gubernatura –desdeñando a Héctor Yunes-,y 3.-Incumplió una norma que en el servicio público no tiene desperdicio: “al cajón no se le mete la mano”. Tal vez, pudo realizar negocios subrepticios, pero no con recursos oficiales etiquetados para beneficio de los Gobernados. Duarte y su padilla arrasaron con todo y la voracidad no tuvo límites: familia, amigos y colaboradores fueron beneficiados y ahora son investigados.

Y SI a lo anterior se suma la deuda que hereda al sucesor, y que a groso modo alcanza los 125 mil millones de pesos, y los miles de desaparecidos, desplazados, e incluso, asesinados, entre estos, 19 periodistas, la situación se complica más porque ahora, de acuerdo a fuentes de la Procuraduría General de la República, será indagado, también, por esos ilícitos, lo mismo que al ex secretario de Seguridad, Arturo Bermúdez y otros mandos de la dependencia. La lista de ilícitos es gigantesca, por lo que, por una u otra causa, el Gobernador será, finalmente, consignado.

LA MAQUINARIA ya se echó a andar, y dejarla a medio camino no reportaría beneficios al Gobierno de Enrique Peña Nieto -si es que busca refrendar el triunfo de su partido en las elecciones de 2018-, y acaso por ello debe seguir hasta sus últimas consecuencias, es decir, no basta cancelar a Duarte de Ochoa sus derechos partidistas –que eso solo le interesa al PRI y al propio gobernante-, sino procesarlo e incautarle los bienes que no justifique con sus percepciones, lo mismo que de aquellos prestanombres del, ahora, defenestrado mandatario. La ley de extinción de dominio será el camino a seguir, pues llevarlo a prisión solo por hacerlo, no remedia nada.

DUARTE DE Ochoa, el campeón de la ingratitud, ha comenzado a sentir los efectos de la traición –entendida esta como la falta que comete una persona que no cumple su palabra o que no guarda la fidelidad debida-, y esto lo experimentó cuando en las postrimerías del Gobierno ordenó a Diputados Federales, dirigentes sectoriales y “seguidores” firmar un desplegado en el que le expresaban su respaldo ante la inminente cancelación de sus derechos partidistas. Craso error: los firmantes no solo se deslindaron sino que han declarado que firmaron obligados, engañados o, en el peor de los casos, con sus rúbricas alteraron los documentos iniciales que habían signado.

Y ES que el Gobernador, alguna vez, embriagado por la arrogancia, llegó a suponer que el podery las complicidades son amalgamas inviolables, y que a él no le pasaría lo que consigna la historia en los relevos institucionales: la persecución del sucesor al antecesor, aunque en este caso se justifica por tanta tropelía cometida por el Gobernante en contra de un pueblo que le dio un voto de confianza, y que a cambio obtuvo persecución, saqueo, desplazamientos, burla y asesinatos que, si bien no son directos (o vaya usted a saber), sí son producto de la indolencia e inoperancia de los órganos responsables de brindar seguridad y procurar justicia.

DICEN LOS teólogos que uno de los pecados que más ofenden a Dios es la ingratitud, y Javier Duarte de Ochoa, inmerso en soberbia, fue ingrato con quienes le apoyaron en su momento, desatando feroz persecución, acaso alentado por intrigas palaciegas. Recurrió a la amenaza, vía redes sociales, para expulsar del Estado a supuestos enemigos, y en muchos casos mandó a encarcelarlos usando a su testaferro Reynaldo Escobar, un cobarde funcionario que ahora lo niega y, no solo eso, exige que se le castigue.

NO SABEMOS qué ocurrirá la noche de este lunes –porque este espacio no es diarista sino de análisis-, pero lo que suceda ya no libra a Duarte del escarnio social. Sabe que dejará la gubernatura en medio del escándalo pero, lo que es peor, en medio de unaquelarre que alcanzará a sus hijos y, tal vez, a los hijos de sus hijos, pues el sello de corrupto, represor, inepto y desagradable, no se lo quita nadie, y no faltan los que afirman que, incluso, su propia familia estaría próxima a abandonarlo.

LO QUE queda claro es que no habrá cargo en el Gobierno Federal, como asegura que se lo prometió Enrique Peña Nieto allá por noviembre de 2012, cuando el“optimista” Gobernante presumió que ya tenía una invitación del, entonces, Presidente Electopara incorporarse a trabajar en la administración federal. “Se los digo ya puntualmente, recibí una invitación de parte del presidente Electo, Enrique Peña Nieto para participar en su administración, solo que la invitación es para enero de 2017, a partir del primer día, estaré yo integrado en el Gobierno Federal”, pero la suerte le cambió al hijo adoptivo de Córdoba, y acaso para la fecha de pronóstico se encuentre ya en prisión.

TRISTE FINAL, sin duda, para un aprendiz de reyezuelo que pensó tener el mundo a sus pies, y en el clímax del “pinche poder” torció el camino hasta convertirse en antítesis del ser político, y en un prospecto para ocupar una celda de alta seguridad en algún reclusorio Federal. Quien lo dijera. OPINA carjesus30@nullhotmail.com