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No han pasado muchos años desde aquella ocasión en que el presidente Peña Nieto, en abono generacional asegurara que Rodrigo Medina, de Nuevo León, Javier Duarte de Ochoa, de Veracruz, y Tomás Borges, de Quintana Roo eran la más acabada expresión del Nuevo PRI. Muy pocos años más tarde, precisamente casi para concluir su gestión como gobernadores de sus respectivas entidades, estos políticos forman parte de la gran decepción nacional del PRI, y lo llevó a la debacle en las elecciones del 5 de junio; ahora son señalados por sus respectivos pueblos, ASF y partido, como portadores del estandarte de la corrupción y están en riesgo de ser enjuiciados como reos de delitos contra el patrimonio estatal. ¿Sobre cuál de ellos caerá la guillotina? Por lo pronto, la Fiscalía Anticorrupción de Nuevo León no ha podido contra Rodrigo Medina, muchos ojos estarán atentos a los pormenores de ese proceso pues servirán para implementarlo en otros lares, aunque con frecuencia las analogías jurídicas “se parecen pero no son lo mismo”.