Cuando se conocen los garrafales errores de un gobernante la población, preocupada, cuestiona ¿en manos de quién estamos? Está claro que es de humanos errar y no se equivoca quien no actúa, pero cuando las erratas son frecuentes el diagnóstico final concluye en desconfianza y fallas continuas. Esta es una de las razones por las que en la Grecia clásica no apostaban mucho a la democracia, un sistema en el que cualquiera puede llegar al poder solo porque una mayoría así lo decidió, sin importar incapacidades ni ausencia de méritos. Desafortunadamente, cuando la ciudadanía se percata de su decisión errónea ya es demasiado tarde ¿usted está en esa tesitura? ¿por qué?