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Por si no le bastara al Fiscal General la perspectiva de que la Legislatura entrante revoque su permanencia en el cargo, ahora, por sus insensibles expresiones sobre la muerte de los sacerdotes de Poza Rica se ha ganado el abierto reproche de uno de los poderes facticos con más fuerza y presencia en México: la Iglesia. Mientras el Papa Francisco lamenta el suceso de Poza Rica, Hugo Valdemar Romero, director de Comunicación Social del Arzobispado de México, reconviene: “es una grave irresponsabilidad dar a conocer de manera apresurada información sobre el asesinato de los dos sacerdotes de la diócesis de Papantla. Tal parece que el gobierno quiere deslindarse de los hechos lo más pronto posible” (…) “Que hayan estado tomando licor no justifica su muerte” (…) ya fueron asesinados físicamente, y ahora da la impresión de que el fiscal también los quiere asesinar moralmente” “Pero ¿qué podemos esperar de esta instancia que responde a los intereses de un gobierno estatal tan cuestionado?”, Aquí sí, como repiten en el llano: “Éramos muchos y parió la abuela”.