Astrolabio Político
Por Luis Ramírez Baqueiro
19 de sepiembre de 2016

 

“A la memoria de Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Juárez De la Cruz.”

 

Cuando por primera vez escuche la canción de Rubén Blades y Seis del Solar & Son del Solar que lleva por nombre “El Padre Antonio y el Monaguillo Andrés” jamás pensé que esa canción que forma parte del álbum “Buscando América” se convertiría en un tema doméstico o de ocurrencia cercana, para mi amado Veracruz.

El tema está basado en el asesinato del arzobispo salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, que fuera perpetrado el 24 de marzo de 1980 en la ciudad de San Salvador, parecía tan distante, tan lejano, era quizá una remembranza de la criminal guerra sufrida en Centroamérica en la década de los 70’s y 80’s.

Pero sin lugar a dudas que lo que parece distante tarde o temprano nos alcanza, y aun cuando Veracruz no enfrenta una guerra civil entre hermanos, es evidente el nivel de descomposición social, producto de la complicidad de las autoridades e integrantes del crimen organizado en todas sus facetas.

La melodía cuenta la historia del cura español Antonio Tejeira que dejó su tierra, y marcho rumbo a un “pueblito en medio de la nada”. En este lugar, donde Antonio acostumbra a predicar en su sermón la “condena a la violencia”, es acompañado por el jovencito Andrés Eloy Pérez de diez años quien logra convertirse en su monaguillo. De manera trágica, narra la melodía de Blades, ambos son asesinados por un desconocido mientras el sacerdote oficiaba la comunión un “domingo de misa” y en medio de la guerra.

El paralelismo versado en la canción, encontró este 19 de septiembre su empalme a cientos de kilómetros de distancia del sitio inspirador para la pregona del panameño, según reportan fuentes periodísticas de la zona del totonacapan, los cuerpos de los sacerdotes Alejo Nabor Jiménez Juárez y José Alfredo Juárez De la Cruz, fueron encontrados luego haber sido secuestrados en la ciudad de Poza Rica, Veracruz.

Según se sabe, fue a las 10:00 horas aproximadamente, cuando un comando armado ingresó a la Iglesia de Nuestra Señora de Fátima, donde fueron secuestrados y subidos en una camioneta los dos sacerdotes y un joven que servía de auxiliar.

Luego de un operativo implementado por la policía de la Secretaría de Seguridad Pública, fue localizado el auxiliar, quien presumiblemente logró escapar de sus captores.

A las 13:00 horas de este lunes, los cuerpos de los dos sacerdotes fueron hallados, ambos se encontraban maniatados –incluso con sus estolas- y presentaban heridas de bala en diferentes partes del cuerpo, incluido el rostro.

Un día anterior el Ejército Mexicano, en coordinación con la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) de Veracruz, implementó un operativo especial para combatir los altos índices de criminalidad en la región, aun cuando evidentemente de nada sirvieron.

Con estos lamentables hechos, una vez más el gobierno de Veracruz vuelve a dar la nota a nivel internacional, una vez más, el gobierno de Javier Duarte, exhibe una fragilidad institucional considerable, ante el inminente vació de información producto de la negativa de sus responsables a dar declaraciones.

El llamado a cuentas, deberá venir muchas partes del mundo, pues es increíble que continúen ocurriendo hechos de grave violación a los derechos humanos, sin que nada, ni nadie, ponga fin a esta escalada de violencia, misma que ya lacera a instituciones dedicadas a la guía espiritual de los veracruzanos.

¿Hasta cuándo habrá de resistir este pueblo, el olvido y la indolente actitud de las autoridades federales? ¿Acaso espera el presidente Peña Nieto, que el llamado se lo haga el mismo Papa Francisco?, para solo así atender el urgente grito de madres y padres que buscan a sus hijos desparecidos, que son presa de la violencia, el secuestro, la explotación, el tráfico de personas, drogas, etc.

Quizá valga la pena cerrar esta reflexión sobre este paralelismo con un párrafo de la propia canción de Rubén Blades que dice:

“El padre condena la violencia.

Sabe por experiencia que no es la solución.

Les habla de amor y de justicia,

de Dios va la noticia vibrando en su sermón.

Suenan las campanas: un, dos, tres

del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.

Suenan las campanas otra vez

del Padre Antonio y su monaguillo Andrés.”

 

Al tiempo.

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