Contraesquina Política
Fernando Martinez Plascencia

Coatzacoalcos, Ver. a 21 de Octubre de 2016

Antón Lizardo: Las primeras señales de…………………………la ruptura entre EPN y JDO

Javier Duarte: El gobierno de Enrique Peña Nieto lo…………………………dejó solo.

Mire, en la política no se puede ser tan inepto y tan pendejo a la vez. La salida de Javier Duarte de Ochoa del gobierno del Veracruz, y a estas alturas del país, seguramente, pese a la negación de las autoridades, en su lógica,  que proviene de las complicidades, fue de común acuerdo, o una negociación que permitió un respiro, tanto para el despreciable gobernador con licencia, como para el propio gobierno federal.

Y digo que no se puede ser tan pendejo, porque Javier Duarte sabía que las denuncias estaban siendo investigadas, y existía la autorización del Presidente de la República de darle seguimiento, como finalmente sucedió. En esas condiciones no se iría, necio como siempre se ha caracterizado, sin lograr un acuerdo, tanto para él como para su esposa, se aferraría a un cargo que nunca supo llenar. Un cargo vacío, que ocasionaba su desorientación política. Sus familiares y amigos quedaban fuera  del tema de la negociación, como finalmente viene sucediendo con las diversas órdenes de aprehensión en contra de muchos de sus allegados. Incluso de sus suegros, ambos con amparos en puerta para no ser detenidos. De Tony Macías, se puede decir que es un hombre ambicioso, mezquino, que corrompió por complacencia de su yerno, a varias dependencias, una de ellas es la Comisión del Agua aquí en Coatzacoalcos, en cuya dependencia quitaba y ponía titulares como si él fuera el dueño, y desde luego, todo lo recaudado iba a dar a sus cuentas bancarias.

Por eso digo, lo de inepto nunca podrá quitárselo, no sirvió para gobernar, no sabía y nunca supo por dónde empezar,  pero pendejo no es, irse así como así, sin la protección de Enrique Peña Nieto. Sin esa garantía no hubiera solicitado licencia.

Conociendo a Javier Duarte, como todos saben que es, con ese carácter que nunca le ayudo, hoy lo estaríamos viendo todavía en palacio de gobierno.

Fueron dos cosa determinantes en la decisión que tomó Javier Duarte para irse de una vez por todas de Veracruz.

La primera solicitud de Javier Duarte a Miguel Ángel Osorio Chong, cuando salió el tema de las propiedades de Arturo Bermúdez Zurita, que destapó la cloaca de la inseguridad del estado, fue que lo ayudaran con Miguel Ángel Yunes Linares con respecto a las denuncias que él había interpuesto en contra del gobernador electo. La reacción del gobierno fue clara; la corrupción que caminaba al parejo con la delincuencia organizada, que derivaba en secuestros, ejecuciones, le pegaban al presidente de la república rumbo al 2018, y que por lo tanto, eso era insostenible, que no hubiese tenido la capacidad de saber todo lo que estaba detrás de su secretario de seguridad pública, y que esto ya no podía continuar así. Debido a ello, se fueron dando los primeros roces de Javier Duarte con el presidente, y a medida que salía más pudrición de su gobierno su posición política fue debilitándose, recordemos todas las señales que empezó a mandar EPN cuando lo veía en algún acto, o incluso, aquella primera señal frontal, abierta,  en la que el gobernador fue corrido a tres o cuatro lugares, lejos  del presidente, en la ceremonia de graduación de la Heroica Escuela Naval Militar en Antón Lizardo, aquí en Veracruz.

La respuesta negativa lo llevó a sacar conclusiones. La primera estaba ligada con la segunda, y la  captó claramente. La negativa de ayudarlo tenía que ver en que el gobierno federal “no tenía nada” contra Miguel Ángel Yunes Linares. El gobernador electo “ocultaba bien la enorme cola” que todo mundo sabe que tiene, y que lo sigue desde hace muchos años. Fregarlo era como echarse al pueblo encima, no convenía. Javier Duarte se dio cuenta de ello. Estos factores fueron determinantes para tomar una decisión: El gobierno lo dejaba solo en su lucha contra un panista que le sacaba ventaja, que iba un paso adelante de él, y que esta lucha hundía al gobierno de Enrique Peña Nieto en el combate a la corrupción, precisamente en un momento en que este tema es muy redituable.

Cualquier pendejo se daba cuenta que Javier Duarte estaba congelado, y él será inepto, corrupto, que al final de cuentas es lo que lo lleva a su tumba política,  pero pendejo no es.

Muchas señales, hacían imposible un día más su permanencia en el gobierno de Veracruz, él lo sabía, los signos le decían que esto había terminado.

Su última escena bochornosa, que aceleró su caída, días antes de su separación, y antes de reunirse con Osorio Chong, la había escenificado en la oficina del propio presidente, eso hablaba de su desesperación, pidiendo ayuda a gritos, ya sabía lo que se avecinaba. Cuando fue llamado por el secretario de gobernación su destino ya estaba sellado. Osorio Chong le planteó la necesidad de su salida para amortizar el cuantioso daño causado a su partido, el PRI. Palabras más palabras menos, le aseguraron toda la protección del estado, le garantizaron el tiempo necesario para su fuga. Ese momento le dio la tranquilidad de la huida, pero no calculó, quizá, el tema de la transparencia, y rendición de cuentas y combate a la corrupción. El PRI quiere reivindicarse ante la sociedad y que él puede ser el ejemplo de una falsa lucha contra la corrupción. Por eso, entre más lejos corra mejor, su suerte radica en que tan lejos pueda llegar, y apostarle al olvido, para volver a verlo dentro de unos diez años.

Vaya forma tan vergonzosa de terminar: Huir, huir, huir.