Línea Caliente
Por Edgar Hernández*
04 de octubre de 2016

 

¡La alternancia en Veracruz!

 

Fernando Gutiérrez Barrios decía: “¡El poder mata!” aludiendo a aquellos atrevidos que creen que las estructuras de gobierno son vulnerables y que pueden derribarse con poderes fácticos o con leyes en la mano.

Eso no cuenta.

Son las cofradías, los aliados, el caudal de intereses y su brazo armado los que se mueven tras el aparato. Son los que van en su defensa, una defensa milenaria cargada de incontables compromisos políticos que están muy por encima del dinero.

Es la que obliga a la toma de decisiones dispuestas al atropello, al extermino. Esa nomenclatura que es como el Ku Klux Klan, como un mandamiento masónico.

Es el poder, un poder que cobra vidas y bienes.

Por ello cuando se registra un decantamiento hacia su interior, se reúnen, acuerdan, pactan y deciden. Toman decisiones algunas graves que van desde la amenaza, cárcel e incluso el exterminio familiar o, en situaciones extremas, al magnicidio como sucedió con José Francisco Ruiz Massieu, el Cardenal Juan José Posadas Ocampo y Luis Donaldo Colosio.

Todo al más puro estilo de la mafia siciliana.

Antes el aviso del fin de la era del poder vertical, la llegada de la alternancia, la pluri participación y la democracia en su más plena expresión.

Todo ello seguido del cambio, un cambio para seguir igual, como sucedió en el 2000 a nivel federal cuando se da la alternancia pactada PRI-PAN que permite la asunción de Fox y Felipe Calderón, para un posterior regreso pactado como fue el caso de Enrique Peña Nieto.

Un cambio como el que acaba de registrarse en Veracruz en donde para llegar a la alternancia hubo necesidad de poner sobre la mesa la realidad política de los últimos dos sexenios, para luego decidir llevar a Veracruz a la homolgación electoral y entregar la plaza a la oposición aliada.

Tomada la decisión ya no hubo marcha atrás. El poder se impone como ha sido así en el último siglo.

Y va de anécdota.

Cuando un aparente final llegaba a la vida de Fernando Gutiérrez Barrios en 1982, se da una importante génesis en su vida política al encontrarse con un aliado, amigo de gabinete, ambos subsecretarios en los setenta, Raúl Salinas Lozano, en la vieja Secretaría de Comercio y don Fernando en la Secretaría de Gobernación.

Ambos ligados a  las estructuras de poder pactan la construcción presidencial de Carlos Salinas de Gortari, cercano a Miguel de la Madrid, quien apoya y empuja a la gubernatura a don Fernando como tránsito al gran proyecto, que una vez alcanzado lo colocaría como secretario de Gobernación.

El llamado “Hombre Leyenda” desde el ministerio del interior se dedica a consolidar al aparato por la vía del diálogo y los equilibrios hasta que observa un insistente afán reeleccionista de parte de Salinas de Gortari.

Heredero de la Revolución y firme liberal entregado al pensamiento de Benito Juárez, don Fernando, justo un 21 de marzo 1993, recuerda la guerra fraticida que llevó a la muerte a más de un millón de mexicanos en su lucha por la no reelección.

El mensaje era claro.

Se venía abajo el ambicioso proyecto y consecuentemente el poderoso don Fernando ya no cupo en el esquema del salinato. Es separado del cargo sobreviniendo después una gran purga y guerra intestina: los asesinatos del secretario general del PRI, del mismo candidato, el ajusticiamiento a un barón de la iglesia y toda una era de terror e insurgencia.

El tránsito de Don Fernando en los años porvenir sería harto difícil: un sospechoso secuestro de estado y una tan misteriosa como intempestiva muerte.

“No te puedes pelear con el aparato”, decía. “El aparato come, destruye y mata”, insistía.

Ese es, hasta donde se puede ver, el origen, causa y destino de la llamada nomenklatura que todo lo observa, juzga y decide.

En Veracruz hoy por primera vez en 87 años estamos en las puertas de la alternancia donde la oposición aliada responde a las circunstancias y gana la plaza.

El centro la entrega al PAN en un marco de diálogo y concertación, de acuerdos que no se confiesan, siempre en la consideración de que el bien supremo inviolable es no entregar el poder al enemigo de la nomenklatura, hoy encarnado en Andrés Manuel López Obrador, quien se peleó con el aparato hace 24 años.

El arribo de Miguel Angel Yunes Linares se sucede en medio de la turbulencia y desacato del grupo local que comanda Javier Duarte, quien jamás imaginó cuanto rechazo social gestó la Fidelidad en los dos últimos sexenios.

Hay resistencia, señalamientos y admoniciones.

El centro, sin embargo apresura decisiones. Falta, sin embargo, un último dictamen del tribunal electoral, hoy en la cancha de Duarte.

¿Quién decide?

¡El Centro!

No se puede pelear con la nomenklatura. No es un asunto de dinero. Es un tema de política, política pura.

Tiempo al tiempo.   

 

 

*Premio Nacional de Periodismo