Crónicas urgentes
Por Claudia Constantino
25 de octubre de 2016

 

Barcelona, España; 25 de octubre de 2016.  Es el final de octubre, es Barcelona, y desde la calle hasta la habitación se escuchan las notas de un jazz interpretado por un pianista y su compañero trompetista, ambos callejeros. Como cada tarde, han traído hasta las puertas del Mercat de Santa Caterina, sus instrumentos, sin importar cuánto pesa el piano o si a Javier Duarte lo busca la tal justicia mexicana por lavado de dinero o crimen organizado.

Hace un mes recorro España, y ningún periódico local ha incluido en su edición, noticia alguna sobre Veracruz y su ex gobernador abusivo y corrupto. Tan sólo El Pais en su edición para Latinoamérica lo mencionó de pasada. Algunos podrían pensar que, como el Creador político de Javidú es cónsul de México en Barcelona, con todos los honores, quizá el reflector podría apuntarles; pero, qué va, nada de eso. Tanto Fidel Herrera Beltrán como su hijo político siguen impunes.

Ningún periódico español consignó el hecho de que el gobernador de Veracruz pidió licencia, tampoco que se dio a la fuga y menos que continúe prófugo. No se citan las suspicacias ciudadanas que apuntan a que todo es un acuerdo con Los Pinos y mucho menos que el PRI ya no sabe qué hacer para sacudirse la bien ganada imagen de solapador de políticos impresentables.

En España, los titulares diarios destacan las vicisitudes que Mariano Rajoy está pasando para ser investido presidente y poder gobernar. Este país lleva todo lo que va del año sin tener gobierno. Usted dirá, y con razón, que Veracruz lleva más. La enorme diferencia es que España pertenece a la Comunidad Europea y sus ciudadanos se organizan, participan en política y en una economía alterna, y echan al país adelante contra todo pronóstico.

Los más entendidos piensan que Veracruz se ha convertido en el laboratorio del gobierno de Peña Nieto para probar qué tan eficiente puede ser su campaña “anti corrupción”, aunque eso signifique ir contra sí mismos. Pero sacrificar a uno que otro  de los suyos, en aras de conservar el poder, sería pecata minuta, y si no, pregunten a Javier Duarte.  

Al decir “eficiente”, no se trata de que vayan a erradicar la corrupción en México; se refieren a qué tanto les puede funcionar para recuperar credibilidad y revertir el voto anti PRI. De cara a 2017 y 2018, ambos años de elecciones, eso es vital.

Mientras tanto, el estado de Veracruz sigue sumido en la peor crisis de la que se tenga memoria, con el tema de la inseguridad como telón de fondo, y las dificultades económicas como colofón. Movida por un hartazgo razonable, la sociedad veracruzana vitorea de momento a un gobernador electo que llega de la mano de socios políticos de muy dudosa probidad, como los actuales perredistas veracruzanos.

Con sólo dos años de gestión y muchos funestos augurios, Miguel Ángel Yunes apostará a que su conocimiento del ajedrez político mexicano le alcance para hacerse de los recursos necesarios para hacer un papel decoroso que le permitiera conservar para el PAN la buena plaza ganada.

Varias plumas al servicio del gobernador electo ya se aprestan a venderlo como El Salvador de la patria chica. Su tiempo en la cancha ha sido muy bien aprovechado desde el primer día que se presentó como candidato para suceder a Javier Duarte. Y ha logrado lo que nadie: que el presidente volteara a Veracruz y dejará de ignorarlo. Ahora sólo está por verse si eso es para su bien o para su mal.  Mientras tanto, Veracruz, convertido en laboratorio político, sigue paralizado y a la espera.

Dicen que en Europa ya todo experimento político ha sido realizado y que en América todo está ocurriendo ahora mismo. Mientras la brisa del Mediterráneo entra por  la ventana, apremia el deseo de que los veracruzanos se dejen de caudillos y salvadores para hacerse, primero, de un buen presente para aspirar a un mejor futuro. Así sea. Como sea.

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