Orfis

Seis años después el Órgano de Fiscalización Superior, al que se le encomienda vigilar, supervisar y auditar el gasto público de las dependencias estatales durante cinco años y ocho meses se mostró omiso en su responsabilidad, al menos en lo que corresponde a la administración estatal porque le hincó los dientes al nivel de gobierno municipal, aunque debe suponerse que allí también fue selectivo. Sin embargo, si bien el Orfis despertó al último, el órgano de Control y Evaluación permanece en la opacidad más discreta, después del rutinario dejar hacer y dejar pasar en obvia complicidad con quien nombró a su titular. Acaso ¿no le correspondía vigilar que en materia de obra pública el avance de obra física se correspondiera con el avance financiero? Es elemental que a la Contraloría le toca vigilar y comprobar que los bienes y servicios adquiridos con dinero público llegaran a su destino; pero ya se ve que no fue así.