contraesquina-14octubre2016Contraesquina Política
Por Fernando Martinez Plascencia
15 de Octubre de 2016

Enrique Ochoa Reza: Una simulación el combate a la corrupción

Erick Lagos y pandilla: La complicidad que hundió a Veracruz

Fidel Herrera Beltrán: Atrás de la salida de Javier Duarte

Miguel Ángel Yunes Linares: Encarnizado. Quiere más sangre

Flavino Ríos Alvarado: Un nuevo rumbo para Veracruz

Javier Duarte no la supo hacer. Así se expresa el popularechero cuando alguien no sabe hacer bien las cosas, sobre todo en política. La gente sabe que los políticos cuando llegan al poder se aprovechan del cargo para hacer grandes fortunas.

El caso de Javier Duarte es algo muy peculiar, sin ninguna preparación llegó a ocupar el cargo más importante que todo político sueña: Ser gobernador de su estado. Vaya si no es un caso especial el de este mal gobernador con licencia.

Su gobierno se caracterizó por el terror, y asombro en cada uno de los rostros de los veracruzanos, ya sea por la delincuencia organizada que ha operado impunemente en todo el estado, o por la depredación de los recursos públicos que mantienen en la insolvencia económica al gobierno de veracruz. No tienen fin sus fechorías si contabilizamos cada uno de los actos de este señor, porque aun no estando en la silla del palacio, sigue saliendo pus de cada uno de los rincones de la administración pública, y de las instituciones de nuestro estado.

Sin embargo, el desprecio, y la caída de Javier Duarte no debe festinarse, no se deben lanzar las campanas al aire, no debe verse como un acto de justicia para el pueblo veracruzano, porque en realidad no lo es. Javier Duarte se merece lo que está viviendo, fue un ser de lo más despreciable e insensible, pero su caída no será completa, hasta que no paguen sus cómplices también, el daño que le hicieron a los veracruzanos. La caída de JDO sin los cómplices que conocemos, deja mucho de ser un acto de justicia, y no podrá completarse, hasta no verlos tras las rejas o mínimo, ser llamados ante alguna autoridad. Lo de Duarte es justicia política nadamas, y eso en nada ayuda al clamor social.

El llamado que hace el merolico de Enrique Ochoa, al combate a la corrupción, no debe terminar ahí, es decir, cuando veamos a este charlatán, que hoy es presidente del PRI nacional, pidiendo que llamen ante la justicia a Erick Lagos, a Tarek Abdala, Gabriel Deantes, Edgar Spinoso, Jorge Carvallo, Alberto Silva, Adolfo Mota, Vicente Benítez, quienes al amparo del poder se hicieron de enormes fortunas, entonces sí podríamos creer que un nuevo PRI pretende hacer las cosas bien.

En tanto eso sucede, la caída de Javier Duarte de Ochoa seguirá viéndose como un cálculo político rumbo a las elecciones del 2018. Una mera estrategia, que simula el combate a la corrupción.

El Sistema Nacional Anticorrupción es una ficción, que únicamente respira en los pasillos presidenciales la putrefacción de un sistema político, que se niega a morir, por obra y gracia de sus mismos creadores. Hoy más que nunca, este Sistema se ve rebasado por los partidos políticos, que únicamente buscan sacar provecho siempre, de aquellas coyunturas políticas que les permitan su supervivencia. Como charlatanes venden mentiras. El rumbo de la demagogia, es el camino por el que transitará el combate a la corrupción.

El claro ejemplo es Javier Duarte de Ochoa y sus cómplices bien identificados. Ni cárcel, ni devolver lo robado. Así paga el gobierno los servicios prestados. Tiene suerte después de todo don Prospero.

Aquí lo dijimos,-contraesaquina política: 2/sept/16-Javier Duarte de Ochoa no se iba a ir sin que se le respetaran los cientos de millones de pesos que había aportado a la campaña de Enrique Peña Nieto, alguien tenía que caer, fue JDO, el hilo siempre se rompe por lo más delgado.

La licencia de JDO pasó primero por el escritorio de Fidel Herrera Beltrán, y una vez alcanzados los acuerdos, vino la orden a través de Miguel Ángel Osorio Chong, de darle una salida digna. En política no hay casualidades, que quede claro. Javier Duarte siempre fue malo para las negociaciones, nunca se le dio, por eso, el negro, hasta en eso tuvo que rescatarlo. El único consuelo para la pandilla del clan de la corrupción, es que faltaban pocos días para el fin del sexenio del terror.

No puede haber un nuevo Veracruz con la simple llegada de Miguel Ángel Yunes Linares, o con la perorata que viene esgrimiendo de que él es muy honesto. Todos sabemos que tiene mucha cola que le pisen, sin embargo, es el gobernador electo y deberá el gobierno federal, respetar el voto de los ciudadanos, debe librar los obstáculos, como ya lo demostró con la caída de Javier Duarte. Por lo tanto, Miguel Ángel Yunes Linares debe dejar a un lado su intransigencia que ya raya en la locura.

Tomar protesta es lo primordial. Tal parece que nada le gusta al gobernador electo. Ni él mismo se soporta, esta encarnizado, quiere más sangre. Si el problema era Duarte, que alguien le diga que ya no está, y que debe enfocarse en la transición y dejar de perder el tiempo en algo que ya es un hecho: Hay un nuevo gobernador.

Veracruz empieza un nuevo rumbo con la llegada del Doctor Flavino Ríos Alvarado como gobernador interino, si Miguel Ángel Yunes no lo quiere ver, es su problema. El gobernador, seguramente trae instrucciones muy precisas del altiplano para lograr una transición apegada a derecho, y a los justos reclamos que hoy exige la ciudadanía veracruzana. No le será difícil, hombre de mil batallas, Flavino Ríos ha transitado por momentos muy complejos en la vida política del estado, sobre todo en estos últimos tiempos. En la medida de lo que cabe, ha logrado maniobrar para lograr cierta estabilidad como secretario de gobierno, y hoy como gobernador, no se duda que Veracruz empiece un nuevo rumbo en estos últimos días que como gobernador le toca vivir. Al doctor Flavino Ríos le ha tocado de todo, ha lidiado con todos, y con todos los problemas, habidos y por haber. No es un hombre que se quede quieto. Seguramente, en estos momentos ya está viendo con el equipo de transición, todo lo necesario para terminar estos últimos días de la mejor manera, no empañara estos días con dimes y diretes, el doctor es de altura y de visión política. Del doctor Flavino no se puede hablar de improvisaciones, hombre muy sensible, conocedor de todos los enredos de la política, habrá de llevar a buen puerto el último tramo de su gobierno, que deberá caracterizarse por lograr los acuerdos que logren calmar el coraje de todos los sectores sociales.

El nuevo rumbo de Veracruz descansa en los hombros de un nuevo gobernador que se llama Flavino Ríos Alvarado.