Por Luis Ramírez Baqueiro
Astrolabio Político

“La esperanza es el sueño de los que están despiertos.” – Carlomagno.

Una mañana, después de un sueño intranquilo, Gregor Samsa se despertó transformado en un monstruoso insecto. Gregor era viajante comercial de telas y sacaba adelante a toda su familia. Abandonado a su suerte, con el despreció de su círculo familiar, así transcurre su historia, hasta que se deja morir para acabar con la espantosa suerte que enfrenta y en la que se ven inmersos sus cercanos. Con su desaparición física, el escenario borrascoso de sus familiares se transforma para bien, de esta manera el famoso escritor Franz Kafka relató su novela “La metamofosis”.

El paralelismo kafkiano que Veracruz atraviesa como consecuencia de la crisis de seguridad institucional comienza a generar esa repulsión social que la familia de Gregor Samsa le propició, y es que Veracruz es Gregor, cuando nos damos cuenta de lo repulsivo que puede ser saber que la vida en la entidad vale nada, que la desaparición, secuestros y muerte de jóvenes es sinónimo de indiferencia, que el saqueo descomunal se ve reflejado solo en la expulsión de un partido, en el apercibimiento de la autoridad judicial, sin que al momento se castigue los actos atentatorios del estado de Derechos, que violentan todo, normas, reglas, leyes, constitución.

Hasta cuando el Veracruz puerta de América habrá de seguir sufriendo este latrocinio, que no solo ha vaciado las arcas, sino que se ha robado los sueños de ocho millones de habitantes.

El reclamo de las integrantes del Colectivo Solecito expresado a través de un comunicado recoge esa sensación de asco que produce la metamórfica crisis de valores que atraviesa Veracruz, “es necesario que la sociedad veracruzana se una a las víctimas en un estruendoso clamor exigiendo a las autoridades que de manera pronta esclarezcan este crimen tan abominable y que lacera de nueva cuenta a la población joven, positiva y prometedora de Veracruz”, al referirse a la muerte de los jóvenes Génesis Deyanira Urrutia R., Leobardo Arroyo Arano y Octavio García Baruch.

“Es inaceptable que en Veracruz ser joven sea una sentencia de desaparición o muerte”. “Es inaceptable que las autoridades no puedan garantizar la seguridad de los jóvenes y sólo se concreten a observar pasivamente mientras los delincuentes y los mandos delincuenciales diezman la población juvenil”.

Mientras esto sucede en Veracruz, nuestras autoridades federales –quienes representarían claramente a la familia Samsa- dejan morir al gran Gregor, en su loco afán, de retomar el estado de cosas, esperanzados en que con su muerte, la sangre purifique y renueve sus culpas.

Vergonzoso es para el pueblo de México, el abandono e indefensión total en que hemos caído, porque todos, en menor o mayor medida, somos corresponsables de la metamórfica transformación de Veracruz, unos por complicidad directa, otros por esa indiferencia que dio la cómoda respuesta de la revolución social que 83 años de gobiernos fallidos impusieron, pues mutilaron la libertad de pensamiento, y con ello, intentan matar la esperanza de una sociedad que aún tiene fe en el porvenir.

Ahora bien, aun cuando el reto es grande, no es imposible, claro está que como bien lo ha expresado el investigador de la Universidad Veracruzana, Rafael Arias Hernández, a la periodista Ángeles González, “la transición del nuevo gobierno en la entidad es el fin de una época, el fin del PRI, pero la sociedad tampoco debe creer o pensar que el nuevo gobernador es un profeta, un salvador, un redentor ni la solución a todos los problemas que actualmente enfrenta el Estado, lo que sí habrá de ser la solución es la participación ciudadana.”

Recientemente durante su intervención en la mesa de análisis del Noticiero En Contacto, transmitida el pasado viernes en Digital 96.9 de FM, el propio Arias Hernández, puntualizó que “la verdadera transición ocurrirá desde el 5 de noviembre, y no a partir del 1 de diciembre como todos pensamos, pues era ahí donde se ha demostrado también un comportamiento transmutado que raya en lo “vergonzoso”, pues el nivel de abyección, de irresponsabilidad, convirtieron en verdaderos Gregor’s a los actuales diputados de la Sexagésima Tercera Legislatura.

Esperemos que la transformación kafkiana de Veracruz, permita pronto encontrar una nueva sociedad, renacida, consciente, reencontrada en los valores universales consagrados en la misma Constitución Política de este país, pues pareciera que sus nuevas generaciones alejadas de ellos, valoran más la cultura de la muerte, la cultura del odio, del disenso, de la indiferencia.

Veracruz no es, ni debe ser ajeno a esta moustrosa realidad, su sociedad, debe tomar conciencia del abismo en el que ha caído, y ojalá, que después de cruzar el trágico pantano, como en el poema A Gloria del ilustre Salvador Díaz Mirón, Veracruz pueda decir, “Hay plumajes que cruzan el pantano y no se manchan… ¡Mi plumaje es de esos!

Esperando llegue el día en que todos en la entidad, volvamos a ver el horizonte esperanzador expresado en el México que retoman los bellos versos que Ramón López Velarde en “Suave Patria”, al menos la esperanza será lo único que la metamorfosis kafkiana de Veracruz no habrá de arrebatarnos por el bien de las futuras generaciones.

 Al tiempo.

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